El elogio de la sabiduría etílica que ha triunfado en Italia
Un par de borrachos impenitentes intentan quitarse la timidez de un estudiante de arquitectura en 'La última ronda en Venecia'
'La última ronda en Venecia'
- Dirección: Francesco Sossai. Guion: Francesco Sossai y Adriano Candiago100 minutosItalia y Alemania (2025)Con Filippo Scotti, Sergio Romano y Pierpaolo Capovilla
Nadie lo diría al contemplar uno de sus fotogramas, pero La última ronda en Venecia es una película de aventuras. Hay un viaje, una gesta romántica e, incluso, un tesoro enterrado. Pero la acción no transcurre en parajes exóticos, sino en carreteras secundarias y localidades no particularmente bucólicas de las llanuras que rodean Venecia, y sus protagonistas no son exploradores intrépidos, sino un par de borrachos que responden al nombre de Carlobianchi y Doriano, y que hace muchos años que esquivan la última resaca con el sencillo –pero efectivo– método de añadir siempre una copa después de la teórica ronda final.
El dúo se convierte momentáneamente en trío con la adición de Giulio, un estudiante de arquitectura al que Carlobianchi y Doriano tratan de quitarle la timidez y hacerle disfrutar del presente sin objetivos ni cavilaciones. “La realidad es mucho más bonita”, concluye el joven al visitar un conjunto funerario diseñado por Carlo Scarpa, que hasta entonces solo había conocido a través de planos. La sencilla transparencia con la que La última ronda en Venecia articula esta filosofía la ha convertido en la sensación de la temporada en Italia. Pero lo más interesante del film de Francesco Sossai es la dulce melancolía que rodea a los protagonistas, tan acostumbrados a habitar la prórroga que no se dan cuenta de que el tiempo se les ha escapado entre los dedos. Quizás es justamente el elogio de la improductividad en que han convertido su vida lo que les ha hecho libres.