Crítica de cine

La momia más joven del cine es también la más sanguinària

Laia Costa y Jack Reynor protagonizan una nueva aproximación al mito empaquetado del terror

16/04/2026

'La momia de Lee Cronin'

  • Dirección y guion: Lee Cronin.134 minutos. Estados Unidos (2026).Con. Jack Reynor, Laia Costa, May Calamawy y Natalie Grace.

Comencemos por resolver el interrogante que seguramente les ha surgido al posar la vista sobre esta crítica: ¿quién demonios es Lee Cronin? Se trata de un director con dos largometrajes previos, A hole in the ground y el apreciable el apreciable Posesión infernal: el despertar. Unos créditos que difícilmente justifican la incorporación de nombre y apellidos al título de una obra, deferencia que se suele reservar a demiurgos como Fellini. Es posible, sin embargo, que este bautismo no tenga tanto que ver con el ego del realizador irlandés como con los malabarismos de marketing de Warner Bros. y Blumhouse para intentar retener el anzuelo de una figura icónica de lo fantástico como es la momia y, al mismo tiempo, desmarcarla de las recientes encarnaciones fílmicas, el fiasco protagonizado por Tom Cruise y la franquicia aventurera y apta para todos los públicos encabezada por Brendan Fraser.

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Quizás no hacían falta tantas precauciones, ya que el film se apresura a dejar claro que va por otro lado: aquí no encontraremos desecados antiquísimos, y las vendas caen rápidamente, desgarrando de paso la piel de una niña víctima de un horripilante ritual egipcio. Encarnar la monstruosidad arcana en un cuerpo tierno es una idea sugerente, pero en la práctica también demuestra los límites de la imaginación de Cronin, que se conforma con replicar los códigos de las posesiones maléficas según el molde instaurado por El exorcista y, sobre todo, por las trapacerías sangrientas y el vertido de fluidos de cierta saga creada por Sam Raimi, territorio familiar para el cineasta. A falta de originalidad, La momia de Lee Cronin lo fía todo a la truculencia, puesta en escena con vehemencia espectacular, y también con una disimulada sonrisa pícara. Suficiente para mantener las constantes vitales del artefacto, pero no para obviar los desequilibrios de un metraje excesivo y de decisiones dramatúrgicas tan poco acertadas como la de intentar hacer pasar a Laia Costa por hija de mexicanos.