Cómo retener momentos de felicidad que no lo parecen
El islandés Hlynur Pálmason filma instantes de la vida de una familia en 'El amor que permanece'
- Dirección y guion: Hlynur Pálmason109 minutos Islandia (2025) Con Sverrir Gudnason, Saga Garðarsdóttir, Ingvar Eggert Sigurdsson y Anders Mossling
Cualquier imagen –sea estática o en movimiento– capturada para la posteridad de alguna actividad familiar más o menos prosaica tiene memoria térmica. Como si fuesen las brasas de un pasado que nunca se apaga del todo, las fotos de los seres queridos en un álbum físico o en la galería de imágenes y vídeos del móvil conservan un encanto y calidez intangible pero innegable. Revisarlas es como encontrar alguna de esas pequeñas cosas que decía Serrat en la canción: nos hacen llorar cuando nadie nos ve.
A partir de esta idea de atrapar con una cámara recuerdos que en un futuro puedan tener un valor sentimental o simbólico alto aunque en su día fuesen imágenes inocentes o casuales, el director islandés Hlynur Pálmason construye el sentido de las imágenes de El amor que permanece. Por eso a veces congela el plano o hace que parezca un reel de Instagram, o que los personajes posen para el objetivo. Está reteniendo instantes de una historia en los que la felicidad aparecerá como un efecto retardado. O quizás aparecerá la tristeza. Porque para la pareja de separados con tres hijos que protagonizan esta película, estos momentos subrayados formalmente serán los vestigios de una felicidad perdida.
Como ya comprobamos en las notables Un blanco, blanco día o Godland, Pálmason es un cineasta con un sentido estético rotundo y a la vez sutil: las imágenes del paisaje islandés de El amor que permanece son potentes y evocadoras sin ser postaleras. En cualquier caso, su imaginación visual es más versátil de lo que pensábamos porque, a diferencia de su obra anterior, aquí incluye fugas de fantasía o de comedia desconcertante que demuestran que es un creador que nunca se conforma solo con hacerlo bonito. Hay que hacerlo significativo: el plano final de un personaje flotando en el agua explica de una manera preciosa los sentimientos de soledad o desorientación tras una separación.