Cine

Demi Moore se pone 'gore' en Cannes: "No somos antihombres, somos antiimbéciles"

'The substance' critica la toxicidad de los cánones de belleza a través de un festival de 'body horror'

Enviado especial a CannesHacia el final de la proyección de The substance en el Festival de Cannes de este domingo, la sala Debussy, que acoge las proyecciones de prensa, se transformó en el Auditorio Melià del Festival de Sitges: gritos del público, risas incontrolables, celebraciones incrédulas de lo que estábamos viendo... Guste más o menos, hay que reconocer que la película ha desquiciado un festival que hasta ese momento había transcurrido sin apenas sustos, quizás más pendientes de posibles escándalos extracinematográficos que de las pantallas. Pero el foco vuelve al cine con el segundo filme de Coralie Fargeat, una orgía de sangre e hígado que contiene las escenas de terror gore más brutales y repulsivas que se han proyectado en toda la historia de la competición oficial de Cannes.

El cuerpo femenino llevado al extremo, tanto de belleza como de monstruosidad, es el gran protagonista de The substance, un festival de desnudez, violencia corporal y mutaciones de la carne que reclama su sitio en la tradición del body horror que va de Videodrome (1983) en Tetsuo (1989) o Titane (2021). La historia sigue la estrella de un programa de fitness que, superados los 50 años, se enfrenta a su caducidad como producto de la sociedad del espectáculo y trata de remediarlo con una misteriosa sustancia que, en cuestión de minutos, crea a partir de su propio cuerpo – en una especie de parto aberrante que es la primera escena de impacto del filme – otra versión de sí misma, más joven y más guapa, con un cuerpo de una perfección irreal que la cámara observa con fascinación casi pornográfica. Durante siete días, la conciencia de la protagonista habitará el nuevo cuerpo mientras el antiguo reposa inerte en el suelo del lavabo, pero cuando acabe la semana tendrá que volver a su cuerpo original a toda costa para volver a empezar el proceso.

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Una actriz de 62 años entregadísima

No deja de ser irónico y una validación de las tesis del filme que para interpretar a esta actriz de mediana edad con las pequeñas imperfecciones de un cuerpo normal –espléndido, en realidad– de una mujer de unos 50 años Fargeat haya fichado al actriz de 62 años Demi Moore, entregadísima a la causa en su mejor papel desde hace décadas: hace aeróbic como una reina, exhibe sin pudor su cuerpo y se lanza de cabeza al festín de transformaciones físicas aberrantes en las que desemboca la pelo película. La actriz ha explicado en rueda de prensa que el filme "trata sobre la perspectiva masculina de la mujer idealizada", que toda la sociedad ha comprado, y sobre la violencia ejercida sobre las mujeres en todas las edades. "No somos antihombres, somos antiimbéciles", ha sentenciado Moore.

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Moore es una candidata clarísima al premio a la mejor intérprete del festival, pero la actriz que interpreta su versión más joven y bonita no se queda atrás: Margaret Qualley es la encarnación de la belleza y la juventud, tan magnética como vacía, pero cuando toca también se apunta al festival de terror grotesco con un entusiasmo estimulante. Y es inevitable imaginar, sin quitar méritos a Moore, que potente hubiera sido ver en el papel de estrella madura a la madre de Qualley, la también actriz Andy McDowell.

Pese al entusiasmo con el que le ha recibido la prensa internacional, en The substance le pesan mucho sus 140 minutos y, sobre todo, la insistencia en su idea central sobre los estragos que provoca la tiranía cultural de la belleza y la juventud en la psique femenina. El problema no es el tramo final de festín de sangre y deformaciones, al contrario; pero sí lo son los subrayados con los que Fargeat carga el resto del filme, especialmente un segundo acto hipertrofiado, y un guión que a veces se limita a enunciar su premisa. Sin embargo, es necesario reconocer la potencia visual de la directora como creadora de imágenes y momentos que ya han pasado a la historia macabra del Festival de Cannes.