Cine

El diablo es la gran estrella del Festival de Sitges

La australiana 'Late night with the devil' y la argentina 'Cuando acecha la maldad' renuevan el imaginario demoníaco

SilosEn 1972, el papa Pablo VI publicó en L'Osservatore Romano, el diario oficial del Vaticano, un texto sobre el diablo en el que afirmaba que "este ser oscuro y perturbador existe de verdad". Ni metáfora ni símbolo: el diablo es real y “opera en el mundo de forma engañosa y traicionera”, alertaba el papa. El anuncio papal estaba en sintonía con el cine de terror de esos años, el de filmes como La semilla del diablo, La profecía o El exorcista, en el que el diablo es, en cierto modo, la estrella de la función. Cincuenta años después de El exorcista, que se ha vuelto a proyectar en el Festival de Sitges, el demonio vuelve a estar de moda. Basta con ver dos de las mejores películas de la sección oficial del festival: el negrísimo filme de posesiones Cuando acecha la maldad y la más juguetona Late night with the devil, parodia de un talk show norteamericano.

A Cuando acecha la maldad, Demián Rugna, que ya provocó pesadillas a los espectadores de Sitges en el 2018 con Aterrados, planta la semilla del mal en la Argentina rural, donde dos hermanos encuentran un cuerpo mutilado en su finca y, siguiendo el rastro, descubren que uno de sus vecinos está “embichado”, es decir, poseído por el demonio, con la infección muy avanzada y el cuerpo horriblemente deformado. “Me atraía la idea de hacer una película de posesiones en la que las soluciones religiosas habituales ya no surtieran efecto –explica Rugna–. Por tanto, si tienes un poseído en casa no puedes hacer nada, solo llamar a alguien para que lo mate”. Pero extirpar el mal de nuestro mundo no será fácil, sobre todo cuando empiece a desplegar su influencia maléfica sobre los protagonistas y su entorno.

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La de Rugna es una de las películas más terroríficas vista en Sitges, porque combina la descripción de un entorno cotidiano creíble, la recreación brutal y repulsiva del horror y la idea, oscura como la noche, del demonio como un infinito abismo de donde no hay escapatoria. Pero al director la figura del demonio le interesaba sobre todo por su vínculo con la locura. “¿Cuántas veces se le han atribuido al demonio cosas provocadas por una simple enfermedad mental? –apunta Rugna– Aquí me interesaba recorrer el sentido contrario, ver cómo la influencia del demonio se confunde con la locura, y que nos preguntemos hasta qué punto todo lo que vemos puede ser un delirio del protagonista”.

Delirio o realidad, el descenso a los infiernos está narrado con una sequedad que amplifica el drama y despacha tres o cuatro secuencias brutales que el público de Sitges ha celebrado ruidosamente. No es de extrañar que la plataforma especializada en terror Shudder adquiriera el proyecto –el primero en castellano de la compañía– y que lo estrene en más de 600 salas en Estados Unidos; a España llegará el 19 de enero.

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Posesión en directo

También ha causado cierta sensación entre el público de Sitges la australiana Late night with the devil, que tiene lugar casi exclusivamente en un falso talk show estadounidense de los años setenta que intenta ganar audiencia escenificando en el plató el tráfico a través del cual una adolescente es poseída por una entidad demoníaca. La cosa, como era de prever, no termina bien. Si los hermanos Cameron y Colin Cairnes filman la película como si fuera la retransmisión real del programa no se debe a que la acción parezca más verosímil –las cámaras también graban, sin ninguna lógica narrativa, durante las pausas publicitarias–, sino que utilizan el found footage como excusa para recrearse en el imaginario televisivo vintage. Y su visión del diablo está empapada por el espíritu paródico del filme... hasta que acaba la broma.

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La mecánica del programa, que enfrenta la afición al misterio del presentador con un especialista en desmontar fraudes, y los obstáculos que van surgiendo a lo largo de la emisión preparan el terreno para un final de fiesta terrible de aquellos que tanto gustan en la parroquia de Sitges. Late night with the devil se mueve todo el rato entre el terror y el humor (sin ser particularmente terrorífica ni divertida), va por trabajo y se deja querer. No es redonda y está lejos de propuestas similares como [REC] o Ghostwatch, pero es uno de los filmes más simpáticos y juguetones de esta edición.