Duncan Jones presenta en Sitges la respuesta británica a Marvel

El director adapta a 'Rogue Trooper' uno de los grandes cómics surgidos de la mítica revista '2000 AD'

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Duncan Jones en el Festival de Sitges.
16/10/2026 - 19:36 h

SitgesCuando ya enfila la recta final, el Festival de Sitges ha recibido este viernes a uno de sus hijos pródigos, Duncan Jones, el hijo de David Bowie que en 2009 se estrenó como director con Moon y ganó el premio a la mejor película del festival. “Estoy muy contento de volver a Sitges, es un festival increíble”, ha exclamado un Jones eufórico que cargaba una mochila, guiño a su nueva película: Rogue Trooper, su primer largometraje íntegramente animado, que lleva al cine un gran icono del cómic británico surgida del mítico plantel de la revista 2000 AD.

Creada en 1981 por Dave Gibbons y Gerry Finley-Day, Rogue Trooper seguía las aventuras bélicas de un soldado modificado genéticamente para combatir en una guerra sin fin en un planeta lejano contaminado y mortal para los humanos. El cómic no tenía la mala leche y discurso subversivo de Juez Dredd, serie estrella de 2000 AD, pero sí suficiente garra para enganchar a los lectores y entretenerlos con acción futurista e ideas originales como la de los tres compañeros de escuadrón del protagonista, que, a través de un chip, han quedado inscritos en el fusil, el casco y la mochila de Rogue Trooper.

Lo mejor de la película de Jones es cómo abraza el espíritu de los cómics originales y su talante pulp. Es toda una declaración de intenciones abrir la película con las primeras viñetas de la historieta inicial del personaje y decorar los créditos finales con portadas y páginas de la serie. Y con un equipo artístico mayoritariamente británico, Rogue Trooper desprende cierto orgullo por reivindicar la cultura popular británica sin pasar por el tamiz de los códigos del blockbuster superheroico de Hollywood. Según cómo, el filme es una respuesta a las películas de Marvel y DC: "Nosotros también podemos".

Hay elementos que chirrían: la acumulación de secuencias de acción de coreografías intercambiables, los diálogos constantes entre el casco, el fusil y la mochila –a veces es complicado saber quién habla– y, sobre todo, la estética CGI de la animación, que bebe más del hiperrealismo anémico del motion capture y de los videojuegos que de la imaginación y personalidad de los dibujantes de 2000 AD. En cualquier caso, es difícil no sentir simpatía por la falta de pretensiones y el aire de serie B del filme. Sitges era, efectivamente, el lugar para verlo.

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