Festival de Cannes

Godard resucita en Cannes de la mano de Leos Carax

El magistral mediometraje 'C'est pas moi' invoca el estilo del padre de la Nouvelle Vague, de quien se ha presentado el corto que cierra su filmografía

Enviado especial a CannesJean-Luc Godard murió en 2022 por voluntad propia, pero su espíritu indomable pervive en una edición del Festival de Cannes que ha proyectado el trabajo que cierra definitivamente su filmografía, Scénarios, un corto en el que el cineasta trabajó el día antes de acudir al suicidio asistido. Fabrice Aragno, íntimo colaborador de Godard y encargado de presentar el filme en Cannes –junto a la directora Mitra Farahani–, explica que empezó a trabajar con el director el fin de semana antes de su muerte, que estaba programada un martes . Godard le recibió un viernes y le describió durante horas el filme que quería crear con imágenes, sonidos y fragmentos de filmes que buscaron juntos, así como un texto de Sartre. “Pasé la noche del sábado montando la película febrilmente para poder llevársela el lunes, el día que teníamos que decir adiós –explica Aragno–. Había reescrito la segunda parte del corto y había decidido que el último plano sería de sí mismo sentado leyendo el texto de Sartre”. Y así termina Scénarios, un nuevo collage narrativo de imágenes y textos que se ha proyectado junto con el documental Exposé du film annonce du film Scénario, una grabación del 2021 en la que el propio Godard explica con todo detalle cómo quiere que sea Scénarios.

Y como si estuviera escenificando una resurrección espiritual de Godard, al día siguiente de la proyección de Scénarios el Festival de Cannes ha programado un maravilloso mediometraje de poco más de 40 minutos en el que Leos Carax reanuda el estilo de ensayo híbrido y fragmentado de las Histoire(s) du cinéma de Godard. Pero C'est no moi no sólo es un homenaje al maestro de la Nouvelle Vague –tan explícito que incluso aparece un mensaje dejado por Godard en el buzón de voz de Carax–, sino también un ensayo autobiográfico tan emocionante y poético como divertido. En el corto, Carax reflexiona sobre su carrera, el cine y sus colegas en una versión más accesible del lenguaje experimental de Godard, lleno de aforismos, citas cinéfilas, vídeos domésticos y provocaciones geniales. El sublime ejercicio de metacinema contiene reflexiones sobre su estilo cinematográfico, algún dardo envenenado –el de Polanski va directo a la yugular– y dos presencias muy intensas: la de Juliette Binoche, su primera musa, y la de la música de David Bowie , a quien ningún otro director ha sabido sacar más provecho. Carax es profundo y lúcido pero también divertido y más inteligible que los ensayos de Godard. Y la escena postcréditos del final es un autohomenaje magistral que llevará al éxtasis a los fans de Carax.

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Limónov, el ruso inalcanzable

La competición de Cannes, mientras, ha seguido la línea irregular de una edición que por el momento está dejando más decepciones que alegrías. Un ejemplo es Limonov – The ballad, adaptación de la extraordinaria biografía sobre el escritor ruso Eduard Limónov que escribió Emmanuel Carrère. Pawel Pawlikowski ya intentó llevar el libro al cine y tiró la toalla, aunque parte de su guión sobrevive en la versión que ha presentado en Cannes el ruso Kirill Serébrennikov, el cineasta disidente ruso que se exilió a raíz de la guerra de Ucrania.

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En el filme, Serébrennikov hace una lectura sensacionalista y superficial de la figura de Limónov, más fascinado por la mitología rock de la Nueva York de los 70 y la tortuosa relación sentimental del escritor con su primera mujer –Viktoria Miroshnichenko, sensacional– que por sus giros y contradicciones políticas. En Limonov no hay sitio para la tragedia, el misterio ni la complejidad, así que debemos conformarnos con el retrato de un ególatra narcisista que ejerce la libertad personal hasta el paroxismo pero que aboga por el autoritarismo como proyecto político. Y está claro que era imposible captar todas las facetas de un personaje inalcanzable, pero sorprende que no se mencione su apoyo al nacionalismo serbio, que, por cierto, ya había capturado a Pawlikowski en uno de sus documentales.

En Cannes, el cine animado suele desempeñar un papel secundario, en secciones paralelas y horarios intempestivos. Y, sin embargo, siempre proporciona en el festival algunas de las mejores obras de cada edición. Es el caso de Sauvages, el nuevo trabajo de Claude Barras, el director de la maravillosa La vida de Calabacín (2016), que vuelve a dar diana con un cuento ecologista sobre una familia indígena de una jungla tropical que ve amenazado su ecosistema por la voracidad del capitalismo. Barras vuelve a poner a prueba la capacidad emocional de los niños dejando huérfano a un pequeño gorila cuando lleva cinco minutos empezando la película, pero demuestra una habilidad increíble para combinar registros adultos e infantiles y para conmover con gestos tan sencillos como el de un mono reclamando la caricia de un humano.