Cine

Martin Scorsese y Leonardo DiCaprio dejan boquiabierto al Festival de Cannes

'Killers of the flower moon', trágica historia real sobre el amor tóxico con unos magníficos Robert De Niro y Lily Gladstone

Enviado especial al Festival de CannesHace solo unos días, Martin Scorsese comentaba en una entrevista que sentía el peso de la edad (80 años) y se preguntaba cuánto tiempo podría seguir ejerciendo su oficio en plenitud de facultades. En caso de retirarse, el cine perdería a un gigante, y no solo por su pasado esplendoroso. En Cannes, este sábado, Scorsese ha revalidado su estatus como director fundamental del cine actual con una película enorme y dolorosa: Killers of the flower moon no solo explica uno de los crímenes más truculentos de la historia de Estados Unidos sino que, sobre todo, radiografía la crueldad y mezquindad de un personaje trágico, ridículo y contradictorio encarnado por un Leonardo DiCaprio superlativo en su séptima colaboración con Scorsese. El otro actor fetiche del director, Robert De Niro, firma uno de sus mejores trabajos de los últimos años que, además, dialoga con los criminales que ha interpretado en el pasado con Scorsese.

La historia de Killers of the flower moon parte del ensayo de David Mann que examinaba en profundidad una serie de crímenes que se produjeron hace un siglo en el territorio osage, la zona de Estados Unidos donde habían acabado viviendo los miembros de una tribu india que, gracias al descubrimiento de petróleo en sus tierras, se habían convertido en la comunidad más rica de Estados Unidos. Todas las víctimas de los crímenes eran, claro , miembros de la tribu, cuatro de una misma familia. Detrás de la mayoría de las muertes estaba el racismo en estado puro de una sociedad en la que, como se dice en la película, “te sale más caro matar a un perro que a un indio”. Pero las víctimas de la misma familia eran fruto de las maquinaciones de un prohombre local, William Hale, para quedarse con sus derechos sobre el petróleo. Su cómplice en esta empresa era su sobrino, Ernest Burkhart, casado con una mujer de la familia.

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El golpe de genio del film es que, en lugar de plantear la película como un thriller y seguir la investigación a través de la figura del agente del FBI que investigó el caso, Scorsese adopta el punto de vista del sobrino de Burkhart. El suspense no es, por lo tanto, el motor de la película, sino la relación paternofilial entre Jale (De Niro) y su sobrino (DiCaprio) y, sobre todo, entre este y su mujer osage (Lily Gladstone), a la cual asegura en todo momento profesar una gran devoción. El espectador no puede evitar preguntarse en todo momento que hay en la cabeza de este hombre débil y patético: ¿es simple estupidez o el peso de toda una comunidad que tolera a los osage por su riqueza pero secretamente los envidia y desprecia? Burkhart es un granuja codicioso, no obstante, tóxico hasta el delirio como es su amor, lo que no deja de ser una metáfora perfecta de la abusiva relación de la sociedad norteamericana con los habitantes originales de su tierra.

Un mal banal y escalofriante

Una película de Martin Scorsese sobre crímenes y violencia no se puede analizar sin enmarcarla en la filmografía del director norteamericano que mejor ha explorado estos temas en las últimas décadas. Y, en este sentido, su nuevo filmenlaza perfectamente con la revisión del género que ya planteaba en 2019 El irlandés. Scorsese vuelve a explorar el mal a través del crimen y el castigo, pero evitando potenciar el atractivo y carisma de sus personajes como sí que hacía en Uno de los nuestros o Casino. En Killersof the flower moon no hay travelings torrenciales ni celebración implícita de la violencia o la amoralidad. De Niro es un cacique amable y amistoso, DiCaprio un hombre simple que no esconde que ama el dinero “casi tanto como a su mujer”. En su maldad hay una especie de banalidad y una impunidad asumida que resultan lo más escalofriante de todo.

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También resulta curioso que Scorsese, uno de los maestros del montaje del cine moderno, estire la duración hasta las tres horas y media, la más extensa de su carrera. Y, sin duda, la historia se podría haber explicado en menos tiempo, pero la sensación es que el director utiliza la redundancia de algunas escenas como recurso inmersivo para atrapar al espectador en la historia y la dimensión humana de la historia. O quizás es que se deja fascinar, y no es nada extraño, por el recital interpretativo de DiCaprio en uno de los mejores trabajos de su carrera, muy bien secundado por la humanidad y dignidad que confiere Gladstone a su personaje.