Mike Leigh cierra (probablemente) su carrera con una gran película sobre los cuidados y la bondad
El cineasta británico presenta ‘Tender loving care’ a la competición del Festival de San Sebastián
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Enviado especial a San SebastiánQué película más emocionante y profundamente humanista ha estrenado el británico Mike Leigh en la competición oficial del Festival de San Sebastián. Tender loving care es una de las mejores obras del director de Secretos y mentiras (1996), un retrato de dos mujeres y los padres de una de ellas a los que Leigh muestra en toda su imperfecta belleza, sin condescendencia ni idealizaciones. En películas anteriores como Naked (1993)e Hard truths (2024) esto se ha traducido en crudeza y aspereza, pero en este caso domina la ternura. Como otro de los grandes títulos de esta temporada, De repente(Evil Does Not Exist, en el original francés), de Ryusuke Hamaguchi, Tender loving care es sobre todo una película sobre la importancia de cuidarnos los unos a los otros, pero también sobre los límites de este amor.
Kate O’Flynn, que ya trabajó con Leigh en la magnífica Happy (2008) y acaba de ganar un Emmy por Widow’s bay, interpreta a Amy, una curtida trabajadora social a quien acaba de dejar su novio y que se traslada a la casa de su mejor amiga, Rosie –también trabajadora social–, mientras reúne el coraje para explicar su ruptura a sus padres, un matrimonio afectuoso que sufre con sus altibajos sentimentales. Hay algo revolucionario en el hecho de que Tender loving care sea básicamente un retrato de buena gente. Unos padres que se preocupan por su hija y piensan maneras de ayudarla, y dos amigas que siempre se han apoyado, sobre todo cuando vienen mal dadas. Y también buenas profesionales, muy conscientes de las limitaciones del sistema que representan pero que no se dejan vencer por el cinismo o el desencanto. Lo vemos en las interacciones laborales que tienen a lo largo del filme con diversas personas, a las que se esfuerzan en ayudar con empatía y comprensión.
No abundan los directores como Leigh, que retratan a la clase trabajadora de una manera tan directa y honesta, sin paternalismos de ningún tipo. Por eso es doblemente triste que Tender loving care sea, con toda posibilidad, la última película que dirigirá Leigh, a quien han diagnosticado miositis. “Tengo una enfermedad que afecta a la musculatura y me dificulta el movimiento, más de lo conveniente para un cineasta –ha explicado el director, que ha participado en la rueda de prensa de su filme desde casa a través de una videollamada–. Por tanto, es más que probable que esta sea mi última película. Es lo que hay”.
Sabiendo esto, resulta muy emocionante ver cómo cierra Leigh la película. Primero, con el elegante movimiento de una cámara que sale de una habitación y deja allí a los personajes, asumiendo la imposibilidad de seguir acompañándolos. Y después, con un primer plano del personaje que abría la película, de una mirada profunda, abismal. ¿Es el mismo Leigh, que nos mira? Quizás vale más no preguntárselo. En cualquier caso, qué gran ocasión tiene ahora el jurado que preside Ira Sachs de premiar con la Concha de Oro una gran película de un gran cineasta que, en un momento personal difícil, ha preferido brindar por el amor, la solidaridad y la amistad. “No dejamos de ser humanos por vivir en tiempos más oscuros –ha recordado–. Obviamente, espero que la gente no se piense que esta película es una obra de escapismo romántico, porque no lo es. Es una mirada dura a la realidad, pero es una historia sobre compasión. Y la compasión todavía es importante”.