Cine

Hamaguchi firma la primera obra maestra de Cannes 2026

Virginie Efira y Tao Okamoto protagonizan 'Soudain', que el director japonés ha rodado en Francia

El director Ryusuke Hamaguchi y las actrices Virginie Efira y Tao Okamoto posan en la alfombra roja durante la presentación de la película Soudain en el 79º Festival de Cine de Cannes.
20/05/2026
4 min

Enviado especial al Festival de CannesQué película más valiente y emocionante que ha dirigido el director japonés Ryusuke Hamaguchi. Soudain, que se ha presentado este viernes en la competición oficial del Festival de Cannes, tiene la audacia de tomarse todo el tiempo y las palabras que necesita para reflexionar sobre un tema tan poco cinematográfico como los cuidados a las personas con enfermedades neurológicas, y lo hace a través de una preciosa historia de amistad entre dos mujeres, la directora de una residencia geriátrica de París que introduce una nueva filosofía humanitaria en el centro (Virginie Efira) y una directora teatral japonesa con un cáncer de mama terminal (Tao Okamoto).

Hamaguchi, el director que más ama las palabras y mejor filma los diálogos del cine actual, confía en el poder del cine como arte dialéctico hasta el punto de dedicar un monólogo de más de diez minutos a explicar de manera bastante diáfana la quiebra estructural del capitalismo –con gráficos incluidos–, pero es que esta es una película de conversaciones que se alargan horas y en la que, básicamente, dos mujeres miran de responder a la pregunta de “¿Quién eres tú”. Una película magistral de un humanismo sencillo y profundo y, por supuesto, la primera gran favorita a la Palma de Oro de esta edición.

Virginie Efira y Tao Okamoto en 'Soudain'.

Hay que subrayar que Soudain no es una película pedagógica, en el sentido de que no mastica las ideas para facilitar su digestión, pero tampoco las disfraza de falsa complejidad. Sobre todo se trata de un film sobre la importancia de cuidarse los unos a los otros, pero lo bastante honesto para abordar los factores económicos y sociales que lo dificultan. Hamaguchi se inspira en las cartas que intercambiaron la filósofa Makiko Miyano y la antropóloga médica Maho Isono, un material que el director japonés traslada a la ficción imaginando esta amistad tardía pero intensa y definitoria entre los personajes de Efira y Okamoto, que hacen un trabajo interpretativo notable: la una aprendió japonés y la otra francés, lenguas que alternan con naturalidad a lo largo de la película.

El protagonismo del teatro en la trama –a través de la obra experimental que la dramaturga representa en París y que ha posibilitado el encuentro de las dos protagonistas– y las más de tres horas de duración conectan Soudain con otro film torrencial de Hamaguchi, el oscarizado Drive my car, pero la nueva película del japonés es mucho más luminosa y abierta al mundo, y profundamente política en su reivindicación de un trato más humano a los enfermos que respete la dignidad e integridad de las personas. Además, integra todas sus reflexiones de manera orgánica en la historia principal de las protagonistas, y recupera así la posibilidad casi perdida de un cine intelectual que piensa nuestro mundo sin sacrificar la belleza y la emoción de estar vivo.

Monstruos bajo la alfombra

Este viernes coinciden en la competición tres de las actrices que, como Victoria Luengo, hacen doblete en la competición de esta edición de Cannes. Por un lado, Virginie Efira –que también actuaba en las Histoires parallèles de Asghar Farhadi– y, por otro, Catherine Deneuve y Léa Seydoux, que es la gran protagonista de Gentle monster, donde la directora austríaca Marie Kreutzer pone en escena un drama familiar basado en la premisa de que, en el fondo, no nos podemos fiar de nadie. Eso piensa Lucy (Seydoux), una pianista especializada en deconstruir clásicos del pop, cuando la policía confisca un buen día los ordenadores de su marido austríaco por posesión de pornografía infantil, así que hace las maletas y sale pitando con el hijo pequeño que tienen en común.

Después de reimaginar el cine histórico en L’emperadriu rebel (Corsage), su notable aproximación a la figura de Isabel de Austria, Kreutzer plantea ahora una historia de terror familiar que funciona básicamente como advertencia sobre el horror que pueden ocultar personas en apariencia perfectamente integradas en la sociedad. Es comprensible que el tema preocupe a Austria, que ha engendrado monstruos como Josef Fritzl y es una cultura propensa a ocultar las miserias bajo la alfombra (o en los sótanos, como apuntaba un documental de Ulrich Seidl). Pero el tratamiento que aplica Kreutzer tiende al alarmismo de los telefilmes, y el paralelismo entre el personaje de Seydoux (magnífica, como de costumbre) y la policía que investiga el caso resulta un poco forzado.

Palma de Oro honorífica para Travolta

No estaba anunciada, pero es difícil calificar de sorpresa la Palma de Oro honorífica que ha recibido este viernes John Travolta de manos de Thierry Fremaux, el director del festival, que no deja escapar ninguna ocasión para colocar uno de estos premios a los mitos de Hollywood que se dejan caer por Cannes. "Para mí esto es más grande que un Oscar", ha dicho un agradecido Travolta, que ha citado dos Palmas de Oro, Orfeo negro de Marcel Camus y Un hombre y una mujer de Claude Lelouch, como películas muy importantes para él.

No tiene mal gusto, Travolta, tampoco como director: Propeller one-way night coach, el largo que ha dirigido a partir del libro infantil que él mismo publicó en 1997, es una película pequeña en ambiciones y duración –tan solo 61 minutos– pero con mucho encanto, y captura la fascinación por la aviación comercial de una época (los años 60) en la que volar en avión todavía era considerado un lujo al alcance de pocos. Travolta retrata este mundo con nostalgia y ternura a través de los ojos de Jeff, un niño enamorado de los aviones que vuela a Los Ángeles con su madre, que está en busca de nuevas oportunidades laborales y románticas (no necesariamente en este orden).

Evidentemente, la historia es autobiográfica y Jeff es el alter ego del mismo Travolta, que hace un pequeño cameo al final como piloto de un Boeing 707 (la gran pasión del actor). También actúan las dos hermanas del actor y una de sus hijas, Ella Bleu Travolta, porque Propeller one-way night coach es sobre todo un asunto de familia, pero con un regusto estético wesandersoniano y un sentido del humor que lo redimen de ser un mero monumento a la vanidad de una estrella de Hollywood.

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