Cine

Llegar al orgasmo gracias a Gillian Anderson y un asesino psicópata

‘Teenage sex & death at Camp Miasma’ inaugura la sección Una Cierta Mirada en el Festival de Cannes

Gillian Anderson, la directora Jane Schoenbrun y Hannah Einbinder durante el photocall de la película Teenage Sex And Death At Camp Miasma en el Festival de Cannes.
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Enviado especial al Festival de CannesSi con Scream el cine de terror entró en su fase meta, con Teenage sex & death at Camp Miasma, que inauguró la sección Una Cierta Mirada del Festival de Cannes, el género entra en una nueva fase de hiperreflexión y autoconciencia absoluta. La película de Jane Schoenbrun es una carta de amor al subgénero slasher de los años 80 –el de sagas como Viernes 13, Halloween o Pesadilla en Elm Street– y, al mismo tiempo, una sátira implacable y llena de chistes cinéfilos sobre la obsesión del Hollywood actual por las franquicias, remakes y reboots. Pero, sobre todo, es algo insólito en 2026: una reivindicación del poder dionisíaco del cine de terror, que fue el espacio audiovisual en el que diversas generaciones de adolescentes –especialmente la de los videoclubes de los 80– vivieron su descubrimiento sexual entre estímulos predecibles ( desnudez femenina, sexo heteronormativo) y otros menos comunes ( psicópatas asesinos, litros de sangre, muertes violentas).

Desde sus primeras imágenes de productos derivados de una ficticia franquicia slasher llamada Camp Miasma, el film irradia una devoción absoluta por el género que convive con la visión crítica que incorpora Schoenbrun, una cineasta trans inteligentísima que no se limita a imitar o parodiar las películas que le marcaron la infancia sino que utiliza su imaginario para reflexionar en voz alta –no hay nada implícito, todo se verbaliza, incluso los referentes cinéfilos– sobre identidad, deseo y el eterno vínculo entre sexo y violencia del cine de terror.

La trama gira en torno a una joven cineasta (Hannah Einbinder, de la serie Hacks) que, tras llamar la atención de Hollywood con un film de bajo presupuesto en el Festival de Sundance, recibe el encargo de revivir la franquicia Camp Miasma. El estudio solo quiere mercantilizar una propiedad intelectual devaluada, pero ella se lo toma en serio y contacta con Billy Presley, la estrella de la primera entrega, ya retirada, a quien interpreta una Gillian Anderson carismática y más lúbrica y sáfica que nunca. Anderson y Einbinder forman un dúo lleno de química sexual que culmina en un final memorable y orgásmico.

Schoenbrun filma la historia con inquietud estética y un gusto musical impecable. El envoltorio fílmico es alentador y la propuesta discursiva diáfana hasta el punto de explicarse a sí misma. El amor al cine late en muchas películas, pero aquí, además, se reflexiona con originalidad sobre la conexión íntima que se establece a veces entre una obra artística y su público.

El retorno a Alemania de Thomas Mann

Después de un comienzo irregular, el gran cine apareció el jueves en la competición de Cannes gracias al polaco Pawel Pawlikowski, que en Fatherland relata un momento muy concreto de la vida de Thomas Mann: cuando en 1949 el autor de La montaña mágica viaja a Alemania por primera vez después de la Segunda Guerra Mundial para recibir dos premios, uno en la Alemania occidental y otro en la comunista. El director de Cold war centra la mirada en la relación del escritor con su hija, una mujer con un pasado aventurero (actriz, escritora, piloto de carreras) que ahora acompaña al padre y le ayuda mientras contempla con gélido horror la debacle de su familia y su patria.

Sandra Hüller afianza su condición de actriz europea del momento con una interpretación magnífica y muy contenida, como la película, que esconde sus emociones bajo las extraordinarias imágenes en blanco y negro del director de fotografía Lukasz Zal. En solo 80 minutos, Pawlikowski pinta con un puñado de pinceladas el fracaso moral de un hombre y de un pueblo que no aprenden de los errores; hay mucha frialdad y fantasmas, ruedas de prensa, una conversación memorable con los hijos de Wagner, pompa comunista y un final conmovedor en que la música de Bach es la única luz de una civilización en ruinas.

Sandra Huller y Hanns Zischler en 'Fatherland'.

Otro director polaco, Krzysztof Kieslowski, es la inspiración deHistoires parallèles, la reinvención que ha hecho Asghar Farhadi del episodio de No amarás del Decálogo de Kieslowski. Se trata de un remake muy libre que, con un reparto francés estelar (Isabelle Huppert, Virginie Efira, Vincent Cassel y, en un pequeño cameo, Catherine Deneuve), reflexiona sobre las historias que inventamos de los demás y el choque entre realidad y ficción, una propuesta interesante a pesar de incidir en la tendencia al tremendismo del cineasta iraní.

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