Cine

"No habría sentido tanto amor por mi madre si ella no hubiera enfermado"

Marta Matute retrata la experiencia de cuidar una madre con demencia en ‘Yo no moriré de amor’, la gran triunfadora del Festival de Málaga

05/05/2026

BarcelonaCuando la directora Marta Matute (Madrid, 1988) tenía 18 años, a su madre le diagnosticaron una demencia frontotemporal. Durante nueve años, toda la familia se volcó en cuidar de la madre, y aquella enfermedad degenerativa se convirtió en el centro de sus vidas. A efectos prácticos, Matute dejó de ser una chica normal de su edad. “Yo quería estar con mis amigos, hacer mi vida, pero la enfermedad lo arrasó todo –recuerda–. De alguna manera continúas con tu vida, pero disociada”. Matute no hablaba con sus amigos de la situación e incluso lo ocultaba, pero ya intuía que tarde o temprano acabaría “haciendo algo” con aquella experiencia. Y así ha sido: Yo no moriré de amor, su opera prima, que llega a los cines este viernes después de triunfar en el Festival de Málaga con tres premios (Biznaga de Oro a la mejor película, mejor actriz y mejor actor de reparto) que la perfilan como primera gran sorpresa del cine español del 2026.

“Con esta película quería acompañar a las personas que cuidan de algún familiar y están en esta situación”, explica Matute, que en Yo no moriré de amor mira de no idealizar los cuidados ni a las personas que se encargan de ellos y mostrar todos los colores de su viaje emocional. Al principio, Claudia (interpretada por Júlia Mascort) solo tiene en mente las preocupaciones normales de una chica de 18 años: salir de fiesta, los primeros amores y las clases de interpretación. Como si la desgracia familiar no fuera con ella, como si fuera una carga que no le pertenece. Pero a lo largo de los años que cubre la película la realidad se impone con todas sus consecuencias: frustración, rabia, aislamiento... y, finalmente, solidaridad y empatía. “Viví momentos muy duros y solitarios y, en algún momento, incluso traté mal a mi madre –explica Matute–. Pero también hubo momentos muy bonitos, porque la experiencia nos hizo a todos más vulnerables”.

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Esta es la paradoja del film: la maldición que destruye la vida familiar también permite, a veces, reactivar emociones adormecidas. “Nosotros éramos una familia poco afectuosa y comunicativa, como la de la película, y no es que ahora nos digamos “te quiero” todo el rato ni nos abracemos, pero sí que siento que la experiencia nos unió para siempre”, reflexiona Matute, que señala que la cotidianidad de la enfermedad puede tener un efecto inesperado. “Ver la fragilidad de tu madre, que antes era como un toro, te hace conectar con ella como nunca –dice–. Yo no sé si habría sentido tanto amor por mi madre si ella no hubiera enfermado”. El título del film, Yo no moriré de amor, viene de un día en que, visitando a la madre en la residencia, cuando ya ni tan solo hablaban, Matute sintió un ataque de amor por ella como no lo había sentido nunca ni, cree, volverá a sentir por nadie. “Cuando desaparecen las palabras queda el tacto de la piel, y es de una belleza muy dolorosa, pero también un gran aprendizaje que te hace madurar de golpe”.

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El recorrido emocional del film se expresa en la pantalla a través de los ojos de Júlia Mascort, la joven actriz barcelonesa premiada en Málaga, que debuta en el cine con el difícil papel de Claudia. “La película tenía un tono difícil, que podía caer en el melodrama, pero en los castings ya me di cuenta de que Júlia lo podía hacer desde una contención que interesaba mucho”, dice Matute. Para Mascort, que había trabajado en la serie Com si fos ahir y en la obra estrenada en el TNC La festa, lo más importante de Yo no moriré de amor era hacer justicia a la historia real de la directora. “Era muy importante para ella y quería estar a la altura”, explica la actriz, que a falta de haber tenido ninguna experiencia directa con la enfermedad, recurrió a sentimientos que había compartido con el personaje, “desde la culpa a la injusticia o la impotencia”. En todo el proceso tuvo una aliada importante en Laura Weissmahr, que interpreta a su hermana mayor. “Fuera de las cámaras tuvimos una relación muy próxima, quizás porque en la vida real ella es hermana mayor y yo hermana pequeña, y los roles de ficción y realidad se unieron completamente”, explica Mascort, que ve a Weissmahr como “un referente”.

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“El último mono de la sociedad”

Matute también destaca el trabajo actoral de Sonia Almarcha, que interpreta a la madre con demencia, y subraya el coraje de aceptar un papel para el que no había actrices haciendo cola (“Hay gente que, simplemente, no se quiere ver así”, dice Matute) y que actriz y directora prepararon visitando centros con personas con demencia en diferentes estadios e, incluso, al padre de la directora, que también ha acabado sufriendo demencia. “Yo le enseñé fotos y vídeos de mi madre, pero la Sonia también ha cogido muchas cosas y gestos de mi padre”, explica Matute.

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Evidentemente, sus circunstancias personales la han hecho muy sensible a la vulnerabilidad de las personas con enfermedades degenerativas, a las que considera “desprotegidas” por el sistema. “Hay una ley de dependencia, sí, pero no hay recursos y las residencias ni se auditan de manera fidedigna –asegura–. Las personas mayores y sus cuidadores y familiares están desamparados”. Vivir la enfermedad tan de cerca la ha hecho mirar el futuro cada vez con más recelo. “Las personas mayores son el último mono de la sociedad, y yo tengo un miedo terrible a envejecer porque sé muy bien cómo son las residencias –confiesa–. Tenemos un sistema de cuidados que no es capaz de sostener lo que implica envejecer. La gente de mi generación que no tenemos hijos nos decimos que ya nos cuidaremos los unos a los otros, pero no debería ser así”.

Tráiler de 'Yo no moriré de amor'