Cine

Las primas que aprendieron a amar el terror dirigiendo un ‘thriller’ sobre la maldad

Paula Serra y Clàudia Serra estrenan en el Festival de Sitges ‘11’, su ‘ópera prima’ como directoras

12/10/2026 - 18:16 h.

SitgesDos monitores de grupo scout, diez niños scouts, un refugio de montaña aislado por una tormenta de nieve y una aparición inesperada. Estos son los elementos con los que las directoras Paula Serra (Palamós, 1998) y Clàudia Serra (Barcelona, 1998) construyen el thriller de terror 11, una historia sobre infancia y maldad que coincide temáticamente con el leitmotiv de esta edición del Festival de Sitges, donde esta opera prima más oscura de lo que parece es también la única producción en versión original catalana de la competición.

Con el estreno de 11, Sitges descubre este lunes a dos nuevas directoras –que también son primas–, pero ellas descubren un festival al cual no habían ido nunca. De hecho, reconocen que han aprendido a amar el terror haciendo su primera película. “Antes nos daban mucho miedo las películas de terror, las mirábamos con los ojos tapados o nos poníamos auriculares con música para no llevarnos los sustos –admite Paula Serra–. Pero haciendo 11 hemos visto millones de películas de terror y nos hemos enamorado del género. Estar aquí por primera vez como espectadoras y estrenar una película es un honor máximo, y a partir de ahora ya no nos perderemos nunca el festival”.

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El camino de las primas hacia el mundo del terror comienza en las aulas de la Universidad Pompeu Fabra, donde estudiaban comunicación audiovisual. En una asignatura de narrativa, ellas y unos compañeros empezaron a dar forma a una historia sobre un grupo de scouts de excursión por la montaña que, de repente, encuentran a otro niño. “Inicialmente no tenía que ser una película de terror, pero las historias están vivas –apunta Clàudia Serra–. Notábamos que le faltaba algo y, de golpe, nos planteamos tirar por aquí y todo encajaba: mezclar un universo como el del grupo scout, que es un lugar mágico para pasárselo bien, con una situación límite de peligro, nervios, paranoia y violencia”.

Aquel guion de clase fue creciendo y se convirtió en un proyecto de final de grado que adquirió factura y presupuesto profesional gracias a la entrada del productor David Matamoros, que había sido profesor de aquellas dos primas para quienes formar equipo era tan natural. “Nacimos con un mes de diferencia y casi hemos crecido juntas, es como si fuéramos hermanas –explican–. Tenemos un universo en común y nos entendemos con una mirada”. Admiten, sin embargo, que no sabían cómo se sentirían al dirigir juntas, pero que la experiencia ha sido satisfactoria. “Hemos confirmado que funciona y que querríamos hacer juntas todas las películas que tengan que venir”, dice Paula Serra.

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A lo largo de los escasos 90 minutos de 11 brilla sobre todo la interpretación creíble y feroz de Mia Sala-Patau como monitora dividida entre la misión de proteger a los niños y la desconfianza creciente hacia el recién llegado, figura misteriosa que la película renuncia a explicar en clave psicológica. “No nos interesaba el porqué de esta maldad o si es innata o adquirida, sino el debate que nos surge a nosotras cuando el mal se encarna en una figura infantil, a quien el instinto siempre nos empuja a proteger”, dice Paula Serra. Su prima añade que para alguien como la protagonista que “dedica el tiempo libre a la educación en el ocio, a cuidar y querer a niños que no son suyos, esta situación la lleva a replantearse todos sus límites y códigos como persona”.