Megadeth era el cabeza de cartel de la primera jornada del Rock Fest 2026. Pero había otros reclamos. Por ejemplo, la banda suiza Gotthard, nombre histórico del hard rock europeo que en Santa Coloma de Gramenet ofreció un show de aromas clásicos bien conducido por Nic Maeder, el cantante que entró en el grupo en 2010 tras la muerte del vocalista original, Steve Lee. Entre el público había al menos un par de fans suizos, uno de ellos con la bandera del país como capa. Por el recinto también se veían banderas de Estonia, Croacia, Bolivia y Colombia, y una del País Vasco durante el concierto de los vascos Latzen (el regreso de un emblema del thrash en euskera). Entre citas a Deep Purple ('Hush') y clásicos propios, acabaron con la acústica 'One life, one soul' (porque, en "un mundo lleno de mierda, la música nos hace estar unidos", dijo Maeder) y una versión de la dylaniana 'Quinn the Eskimo (The Mighty Quinn)'. Clásicos, pero del heavy metal, son los japoneses Loudness, protagonistas de uno de los conciertos más aplaudidos de la jornada. Con la bandera del ejército de Japón en el bajo y como elemento escenográfico, el grupo liderado por el cantante Minoru Niihara celebró 45 años de trayectoria respetando el legado con contundencia.Antes de Megadeth, actuaron los Sex Pistols con el cantante Frank Carter. Es decir, la formación original (Steve Jones, Paul Cook y Glen Matlock) sin el cantante original (John Lydon). Más o menos, repitieron el concierto del año pasado en el Cruïlla: un repertorio con una quincena de canciones, de 'Holidays in the sun' a 'Anarchy in U.K.'. Le ponen la dignidad de un grupo de tributo, y Carter muestra una buena predisposición para singularizar el legado del punk, pero las canciones suenan desactivadas, carne de karaoke y punto. Incluso cuando Carter baja del escenario para promover el pogo en 'Pretty vacant' y 'Bodies', parece un simulacro. Lo más destacable llegó al final, cuando esta vez sí que hizo suya 'My way' y cuando después escupió con intención los primeros versos de 'Anarchy in U.K.': «'I am an Antichrist / I am an anarchist'». Curiosamente, una canción que Megadeth versionaron en 1988 en el álbum 'So far, so good... So what!'.
El Rock Fest se rinde a Megadeth, el grupo del villano preferido del metal
La banda de Dave Mustaine culmina la primera jornada del festival, en la que también actúan Sex Pistols y Gotthard
Santa Coloma de Gramenet"¡Megadeth!, ¡Megadeth!", gritaba el público del Rock Fest pasada la medianoche del viernes. Había ganas de ver al grupo norteamericano y de agradecer a su líder, el guitarrista californiano Dave Mustaine, el servicio a la causa del metal durante cuarenta años. Todo hacía pensar que el concierto en Santa Coloma de Gramenet forma parte de la gira de despedida de Megadeth, pero el mismo Mustaine precisó el viernes que es la gira del último disco, Megadeth (2026), y que el tour final será el siguiente. En cualquier caso, la entrega del público que se desplazó al parque de Can Zam fue de las que hacen afición.
Una de las canciones nuevas, Tipping point, abrió una actuación cuyo repertorio removió los discos que consolidaron a Megadeth como una de las bandas de referencia del thrash metal, sobre todo el notable Rust in peace (1990) y Countdown to extinction (1992). Sí, durante mucho tiempo Dave Mustaine fue el Gru del metal, el villano preferido del thrash metal: expulsado de Metallica y protagonista de todo tipo de controversias, siempre con aquel aire de postadolescente impertinente y enfadado. El carácter no lo ha perdido a los 64 años. Hace una semana, en un concierto en Finlandia, insultó a un periodista que en las entrevistas previas le había preguntado si ganaría un enfrentamiento con James Hetfield, el guitarrista de Metallica. Pregunta de primaria, hay que decir. La vida, incluidos un cáncer de garganta superado y una lesión crónica en la mano (la contractura de Dupuytren), han apaciguado discrepancias. Como ocurrió en el Rock Fest, en esta gira Mustaine versiona a menudo Ride the lightning, de Metallica, una canción de la que es coautor: también es una forma de reivindicarse, claro.
Ride the lightning fue uno de los momentos culminantes de un concierto dominado por las guitarras de Mustaine y Teemu Mäntysaari y sin distracciones escénicas: al fondo, el nombre del grupo; en el escenario, dos muros de amplificadores Marshall y las esporádicas apariciones de la mascota Vic Rattlehead. De entrada, la contundencia de clásicos Take no prisoners y Hangar 18 marcó el tono del show, con el batería Dirk Verbeuren exprimiendo las posibilidades del doble bombo y el bajista James LoMenzo espoleando al público mientras Mustaine cantaba con el pelo en la cara. Tiene la voz más fina, pero lo compensa haciendo hablar la guitarra en riffs aún vertiginosos, tanto en piezas del último disco como Puppet parade como en rescates de So far, so good... So what! (1988) como Hook in mouth. "¡Megadeth!, ¡Megadeth!", insistía el público cada vez que el grupo desaparecía (básicamente porque Mustaine cambiara de guitarra), y el bullicio crecía hasta convertirse en un clamor de aprobación cuando reaparecía. Eran las únicas pausas en un concierto pensado como una apisonadora, sin la lógica calma-crescendo, aunque encaminado hacia la apoteosis thrash metal de Symphony of destruction y Holy wars... The punishment due, punto final de una actuación tras la cual buena parte del público corría hacia la parada de Can Zam para no perder el último metro.