Música

El sonido mundialista de Jovanotti hace bailar el Cruïlla

El festival reúne 73.000 asistentes y se reivindica como "gran acontecimiento hecho en Barcelona dirigido al público local"

Jovanotti durante el concierto en el Cruïlla 2026.
12/07/2026 - 01:08 h.
6 min

BarcelonaLa veteranía de algunos artistas y de los repertorios interpretados han marcado la diferencia en la decimosexta edición del festival Cruïlla. La carta de la nostalgia ha salido ganadora porque Suede, Pixies, The Black Crowes y David Byrne han ofrecido buenos conciertos, alguno incluso extraordinario, y porque el público ha respondido positivamente a la propuesta. En total, el Cruïlla 2026 ha reunido a 73.000 asistentes, 9.000 menos que el año pasado, cuando se alcanzó el récord de 82.000. Pero el descenso no se explica por las jornadas, digamos, nostálgicas de jueves, viernes y sábado, sino porque el miércoles, el día pensado para el público más joven, ha sido menos exitoso: Halsey, la cabeza de cartel del miércoles, solo convocó a 9.000 personas, la mitad de las 18.000 que tuvo en 2025 Gracie Abrams.

"No tenemos claro que el miércoles estemos construyendo una comunidad", ha admitido el director del Cruïlla, Jordi Herreruela, en rueda de prensa. Según él, puede que el número de asistentes tenga más que ver con el cabeza de cartel, una circunstancia que no es tan determinante el resto de jornadas. El jueves, el día de Pixies, a pesar de ser el mejor de la historia del festival numéricamente, reunió a 20.000 personas (4.000 más que en 2025); el viernes, con David Byrne como reclamo principal, 21.000 (el año pasado fueron 23.000), y el sábado, con conciertos de Jovanotti, Jon Batiste y La Ludwig Band, 23.000 (2.000 menos que en 2025).

Una imagen de público durante un concierto en el Cruïlla 2026.

En cualquier caso, el Cruïlla se mantiene en los parámetros consolidados en los últimos años, también en cuanto a la procedencia del público. Según los datos facilitados por Herreruela, "el 95% del público del Cruïlla" es catalán: el 50%, de la ciudad de Barcelona; el 25-30%, del triángulo metropolitano delimitado por Mataró, Manresa y Sitges, y el 20%, del resto de Cataluña. "Es posible hacer un gran evento en Barcelona dirigido al público local, y esto incluye usar el catalán. No todos se deben dirigir al público internacional", asegura Herreruela. Los datos sobre la media de edad muestran una media de entre 35 y 45 años, pero con matices. El miércoles el público era mucho más joven, y el jueves, más veterano, en consonancia con la programación artística.

Para Herreruela, la edición de 2026 hace bueno el lema "El Cruïlla es casa". "El festival genera un espacio de confianza. Creo que lo hemos acertado porque es una frase que describe el espíritu de lo que queremos ser, nos define", explica. En cuanto a la continuidad del Cruïlla en el Parc del Fòrum, sin duda: "Estamos negociando con BSM [Barcelona de Serveis Municipals] el convenio para cuatro años más. No esperamos ninguna dificultad. De hecho, ya estamos trabajando en la programación artística de 2027", dice Herreruela.

Els Pets, Jovanotti i Jon Batiste

Los Pets, en formación de sexteto, abrieron el sábado el escenario Occident con Tres, del disco Fràgil, un título que contradice la solidez que demostraron en el concierto. “¡Bienvenidos a la sesión de tardeo!”, exclamó Lluís Gavaldà antes de cantar con el público La vida es bonita pero complicada. Todos los músicos con americana, como sus ídolos del pop británico, y Gavaldà incluso con corbata, porque el calor también se combate con actitud. “Damos buena impresión, ¿verdad?”, preguntó entre la ironía y la autoayuda. La elegancia se adecuaba perfectamente con el tono del concierto, un tránsito nada obvio por un cancionero magnífico defendido con cuidado por el detalle y recompensado por un público atento y entregado, que en Aquest cony de temps desplegó una coreografía con los sombreros de paja patrocinados por Occident que el festival distribuye para protegerse del sol. El repertorio fue impecable: Núria, Millor, Vespre, L’àrea petita, Por, Blu tack, la rumba Segon plat (cantada por Joan Reig), Tantes coses a fer, Pantalons curts i els genolls pelats, durante la cual pidió un vaso a unos espectadores y enseguida bajó para cantarla entre el público… Todo ello en un gran concierto arriba y abajo del escenario. Los Pets, 40 años, y que duren. Qué manera tan estupenda de hacerse grandes.

En las horas centrales del sábado se solapaban Jovanotti en el escenario Estrella Damm y Jon Batiste en el Vueling. El italiano venía con una banda de catorce músicos para amplificar el sonido mundialista, con pinceladas de hip-hop, rock fusión, una trompeta con ganas de jazz y un ánimo eminentemente festivo. “¡Familia Cruïlla!”, gritaba para espolear a un público predispuesto a la fiesta que reaccionó con más entusiasmo cuando Jovanotti, un artista muy en sintonía con el espíritu del Cruïlla, proponía temas como Penso positivo (en clave de frenesí funk), Oceanica (intentando hacer de la dispersión virtud), L’ombelico del mondo (su mejor canción) y la versión de La flaca de Jarabe de Palo, antes de la cual tuvo unas palabras para recordar a Pau Donés. Entre el público de las primeras filas, bastantes italianos, por cierto.

El norteamericano Jon Batiste, ganador de ocho premios Grammy y muy conocido en Estados Unidos por haber sido el líder de la banda del programa Late show with Stephen Colbert del 2015 al 2022, llevó al Cruïlla su mezcla de soul, blues y jazz. Logró que el público se contagiara del soul power de Nueva Orleans y que el escenario Vueling se convirtiera en una pista de baile con las manos alzadas al cielo. Además de cantar, Batiste hizo una demostración de sus talentos como multiinstrumentista tocando la guitarra, el piano, el saxo y la melódica. La potente banda que le acompaña no se quedó atrás. Uno de los momentos destacados fue la versión de Mais que nada, de Jorge Ben, a la que dio toques afrocaribeños con el piano. También sorprendió con un medley exclusivamente musical en el que mezcló My favourite things, de Sonrisas y lágrimas, con Tom’s diner de Suzanne Vega, entre otros temas.

Rigoberta Bandini durante el concierto en el Cruïlla 2026.

Un 10 para el público, y para La Ludwig Band

Decía Jordi Herreruela que estaba especialmente satisfecho con el cartel del Cruïlla porque ha conseguido que hubiera mucho público en todos los escenarios cuando había actuaciones que se solapaban. Pasó con Jovanotti y Jon Batiste, y con el mismo Jon Batiste y Rigoberta Bandini, que congregó a una multitud en el Vueling. La barcelonesa hizo una versión de los conciertos de la gira Jesucristo Superstar: adaptada al formato festival y también al embarazo. En un repertorio con prácticamente todo el material relevante, Rigoberta Bandini tuvo el apoyo incondicional de un público especialmente activo y generoso. De 10, como el que desbordó el escenario Vallformosa durante la actuación de La Ludwig Band.

Asistir a un concierto de La Ludwig Band continúa siendo una experiencia muy gratificante, con el añadido de que el grupo barcelonés cada vez tiene que responder ante un público más numeroso. Disco a disco van congregando más seguidores, y el álbum Pel barri es comenta (2026) ha añadido un buen puñado. La responsabilidad no parece que afecte al sexteto, que mantiene la alegría y la frescura, el empuje y la agilidad para improvisar. Sí que ha pasado a la historia aquella sensación de estar a punto del cataclismo de los primeros años, pero hoy por hoy cuesta encontrar directos tan sólidos, excitantes y entretenidos a la vez. En el Cruïlla ofrecieron una hora y media llena de razones para elogiarlos. Por ejemplo, la manera como expanden On t'has ficat aquesta nit? y hacen crecer Avui hem quedat a les quatre, en que compensan el tono menor del original con un crescendo impetuoso. O la habilidad para gestionar la euforia del público, tanto en clásicos del repertorio como S'ha mort l'home més vell d'Espolla como en piezas recientes como Millor amb ell, en que la música eleva hasta la catarsis una letra autoindulgente.

Lluc Valverde, Quim Carandell y Roger Cassola durante el concierto de La Ludwig Band en el Cruïlla 2026.

Quim Carandell, la versión imposible de un Bob Dylan extrovertido, cantó con la expresividad y la técnica de los días mejores. Y el público cantó todas las canciones, incluso una Creure con problemas de sonido que afectaron al micrófono de Carandell. Daba gusto ver a tanta gente implicada en el concierto, ensanchando el impacto de El meu amor se n'ha anat de vacances, haciendo suya Xavier, el tècnic de so y respetando la intimidad de la primera parte de D'un concert de la Mushka. A cambio, La Ludwig Band les ofreció otro concierto memorable con un magnífico despliegue de complicidad instrumental sobre el escenario. El bis, aunque un poco atropellado, regaló aún dos momentos especiales: una interpretación buenísima de Enganyar-te, del último disco, y otra más frenética de Desembre, un tema del EP homónimo del 2022. Cuando se despedían, por los altavoces sonaba Paranoid de Black Sabbath. Una razón más para quererlos.

El público del escenario Vallformosa durante la actuación de La Ludwig Band en el Cruïlla 2026.
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