"¿Tenemos la conciencia limpia?": las sombras detrás de Copito de Nieve
Una investigación del Observatorio de la Vida Cotidiana aporta información inédita de la captura y traslado de Copito de Nieve hace 60 años
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BarcelonaEste noviembre se cumplen sesenta años de la llegada de Copito de Nieve a Barcelona. Los cazadores vendieron a la entonces cría de gorila por 15.000 pesetas al primatólogo Jordi Sabater Pi, y lo trasladaron primero a Ikunde, el centro instalado a pocos kilómetros de Bata (Guinea Ecuatorial) que proveía a las colecciones de diferentes instituciones vinculadas al Ayuntamiento de Barcelona, y después a la capital catalana. Se convirtió en un icono y una figura entrañable, pero detrás hay también algunos episodios más oscuros ligados al pasado colonial de España.
"Ustedes sabrán hasta qué punto necesitan estos animales y hasta dónde podemos llegar... Pero crea que estas capturas, en el fondo, no me gustan", escribió el 25 de marzo de 1964 Sabater Pi, quien dirigía Ikunde. "Nuestro Centro [se refiere a Ikunde] va teniendo prestigio, y por eso nos lo consultan, pero... ¿tenemos la conciencia tranquila? Tenemos que hacer algo para salvar a los gorilas de Río Muni, hay que hacerlo y quedar bien ante el mundo, confío en su ayuda, no quiero formar parte del bando de los exterminadores y nuestro Zoo tampoco puede integrarse en esta facción", añadió en una carta dirigida al director del Zoo de Barcelona, Antoni Jonch. Dos semanas después, Jonch le respondía: "Hace tiempo que te observo muy pesimista en esta cuestión. Yo siento tanto como tú estas inquietudes y no me mueve ningún otro interés que el de la preservación de la naturaleza. Lo que no comparto contigo es la opinión de que nosotros no tengamos las manos limpias. El hecho de que hayamos segregado del bosque a unos centenares de animales no quiere decir, ni presupone, que atentemos contra la dignidad de estos. Nuestro lucro es constructivo y la naturaleza debe estar al servicio del hombre y no al revés".
El Observatorio de la Vida Cotidiana lleva diez años investigando todo lo que rodeó la caza y la exhibición del célebre gorila blanco: desde la captura en 1966 –cuando lo arrancaron de los brazos de su madre, muerta a tiros por un cazador en una zona boscosa cerca de Nko (Guinea Española)– hasta su larga cautividad en el Zoo de Barcelona. "Queremos explicar la memoria más incómoda en relación a Copito de Nieve; el próximo año estrenaremos un documental con imágenes inéditas y vídeos que hemos conseguido de archivos internacionales y familiares de catalanes que vivieron en Guinea Ecuatorial", explica Andrés Antebi, del Observatorio.
Un traslado prácticamente secreto
El cazador llevó a Copito de Nieve a Ikunde en un estado de salud muy precario. Estuvo a punto de morir después del ataque a su familia. Una vez estabilizado, se organizó su traslado discreto hacia Barcelona por vía aérea, aprovechando una ausencia del gobernador civil y sin especificar la singularidad del gorila; si lo hacían se temía que Guinea no habría dado el permiso para que saliera de Río Muni. De hecho, en una carta se detalla que la noticia no gustó mucho a las autoridades locales y que en el futuro quizás el envío de ciertos animales se volvería más difícil.
El Observatorio de la Vida Cotidiana no ha encontrado documentación sobre cómo fue exactamente el traslado en avión de Copito de Nieve. Existe el testimonio de Francesc Fermín Andreu, que ahora tiene 84 años y fue cuidador de primates en el Zoo de Barcelona durante cerca de 20 años. "Recuerdo el día que trasladaron a Copito de Nieve. Llegó por la mañana. El chófer que habitualmente nos hacía la compra en Mercabarna y recogía los paquetes del aeropuerto entró en la enfermería y me dijo que tenía un envío. Era una caja pequeña de contrachapado –para que pesara menos–, no era transparente y solo tenía un agujero o dos para respirar. El animal debía llevar allí encerrado muchas horas. Cuando destapé la tapa, alargué la mano para cogerlo y me mordió en el brazo. Había viajado en un avión, en un asiento, como si fuera un pasajero", dice Fermín, que recuerda haber jugado mucho con Copito de Nieve, tanto cuando era pequeño como cuando fue más mayor.
El día que llegó, explica que lo puso inmediatamente en una jaula y avisó a la dirección. "Cuando bajaron el director y el veterinario, ni ellos mismos lo sabían exactamente. Se había llevado con mucho secretismo para evitar que Guinea denegara su salida. En los papeles solo ponía “primato” y nada más. En la enfermería lo alimenté, lo limpié... En aquel momento no había ninguna "guardería" para los animales; si uno nacía o necesitaba cuidados, el veterinario o el cuidador se lo llevaba a casa", explica.
A pesar de ser un investigador autodidacta apasionado por el estudio de los primates, la correspondencia privada de Sabater Pi revela que se sentía bastante incómodo con todo lo que tenía que ver con la captura de los animales y, con el tiempo, las cartas dejan entrever un cierto arrepentimiento respecto al papel de Ikunde.
¿Qué era Ikunde?
"El Centro de Adaptación y Experimentación Zoológica de Ikunde (creado en 1958 y financiado por el Ayuntamiento de Barcelona) se vendió como una institución de investigación, pero funcionaba principalmente como una estructura de extracción y exportación masiva de recursos naturales (fauna, flora y piezas etnológicas)", detalla el historiador del Observatorio, Pablo González. "El transporte en barcos o aviones era deficiente en aquel momento, porque no había mucha experiencia previa en este sentido. Las condiciones de ventilación y espacio provocaban una mortalidad de la que apenas quedaba registro oficial". Por ejemplo, la BBC detalla cómo en septiembre de 1963 diversos chimpancés murieron asfixiados en un envío a Londres.
"En las cartas cruzadas entre Sabater Pi y el director del Zoo, Antoni Jonch, se hace patente que las cifras oficiales de animales enviados se minoraban constantemente respecto a las capturas reales", añade González. En una memoria científica elaborada por Sabater Pi en 1967, se hacía un recuento del número de especímenes que habían llegado al Zoo de Barcelona desde la fundación del centro en 1958: 1.614 mamíferos, 776 aves, 528 reptiles, 339 anfibios, 22 peces, 8 insectos, 14 arácnidos y 142 moluscos. Un total de 3.443 animales. "Es lo que dicen los documentos, pero la cifra real de los que habían salido de Guinea es una incógnita", matiza González.
En 1954 hubo un cambio en la legislación colonial y se prohibió la caza de gorilas, excepto con permisos especiales concedidos a entidades como Ikunde. Esto abocó a muchos cazadores locales a convertirse en furtivos o a depender absolutamente de Ikunde. "Les pagaban las piezas a precios más bajos en comparación con el mercado internacional, porque eran ciudadanos de un país colonizado. Había una situación de desigualdad", detalla González. "Ikunde aprovechaba ventajas de la situación colonial, y Guinea se convirtió en el motor principal de la modernización del zoo de la ciudad, que pasó de 3 a 12 hectáreas en solo cinco años", añade.
El recibimiento del alcalde
Copito de Nieve fue el icono del Zoo durante muchos años. Al llegar a la ciudad, no fue instalado inmediatamente en el Zoo. Se trasladó a un piso de la calle de Urgell, donde lo cuidó la familia del veterinario Román Luera y su mujer, Maria Gràcia, y recibía atenciones como si fuera un bebé humano. El 1 de diciembre de 1966 se hizo la presentación oficial de Copito de Nieve en los jardines del Zoo de Barcelona. Meses después, en marzo de 1967, el matrimonio del veterinario lo llevó con su utilitario a la plaza de Sant Jaume, para presentarlo oficialmente al alcalde franquista, Josep Maria Porcioles. Cogido de la mano de sus cuidadores, la cámara capturó a Copito de Nieve subiendo las escaleras del Ayuntamiento con mucha docilidad, como si fuera una criatura, y lo invitaron a entrar al despacho de Porcioles e, incluso, se sentó en su silla.
Esta puesta en escena se hizo en unos años de gran tensión política. Los días 9, 10 y 11 de marzo de 1966 estudiantes, intelectuales, artistas, frailes y periodistas resistieron tres días en el convento de los Capuchinos y desafiaron a Franco. Fue la célebre Capuchinada, y la universidad catalana planteó toda una serie de reivindicaciones. En las facultades se respiraba un espíritu audaz de libertad, y en mayo de aquel mismo año fueron los capellanes quienes salieron a la calle para protestar contra las torturas que habían recibido los estudiantes.
"Cuando Copito de Nieve llegó a Barcelona, el Zoo era una institución municipal bajo directrices franquistas y tenía un papel relevante en la política del alcalde Porcioles, que lo visitaba a menudo y mantenía una relación estrecha con el director de la institución, Antoni Jonch. El Zoo servía para proyectar una imagen de modernidad y normalidad al exterior, muy útil para un régimen que necesitaba legitimidad internacional", dice González.
Los cazadores locales lo llamaron originalmente Nfumu Ngui (gorila blanco en lengua fang). La adopción del nombre con el que se convirtió en icono se produjo cuando National Geographic envió un equipo para hacer un reportaje y lo bautizó como Snowflake (Copito de Nieve). Portadas de revistas de todo el mundo, como Paris Match, lo convirtieron en una atracción turística mundial. Después de la Transición, los nuevos ayuntamientos democráticos no rompieron con esta iconografía. Copito de Nieve continuó siendo uno de los grandes símbolos de Barcelona.