Abuso de poder

'Ladybitch': los abusos en el Institut del Teatre, en una película alemana

El filme lo codirige una actriz vilanovina que se fue del centro de arte dramático de Barcelona para instalarse en Berlín

BarcelonaUn director de teatro reputado. Una actriz joven. Una oportunidad laboral. Después de unas semanas de ensayo, él acaba asediando a la chica y creando un clima enrarecido de trabajo con toda la compañía. Abuso de poder hasta que todos se planten. Ésta es la historia de Ladybitch, un film alemán con acento catalán.

Justo la semana que el ARA publicó el reportaje sobre abuso de poder y acoso en el Institut del Teatre, una chica de Vilanova i la Geltrú y su pareja, una chica de Berlín, empezaban a escribir el guión de esta película alemana que habla sobre un dramaturgo que hace un uso abusivo de su poder. Marina Prados (1994) y Paula Knüpling (1995) partieron de sus propias experiencias, la primera en el Instituto del Teatro de Barcelona, ​​la segunda en la Volksbühne de Berlín, y terminaron de perfilar la trama con las aportaciones de los mismos actores y actrices que se sumaron al proyecto.

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Ladybitch se estrenó en enero del 2022, ganó distintos galardones en Alemania y ahora puede verse en la cadena francoalemana Arte. En la película, Ela interpreta a Lulú, un personaje del teatro clásico alemán que es muy habitual encontrarse en los talleres del Institut del Teatre. Ela choca con su director teatral, llamado Franz Kramer. "Él no es el diablo, no queríamos un personaje solo malo; incluso se cree feminista", explica Knüpling. "Esta es, precisamente, su propia tragedia, no es consciente de sus actos", añade Prados, quien conoció "muchas versiones" de Kramer en el Institut del Teatre, donde estudió. Durante el rodaje, abrazar al actor que interpretaba al director teatral fue "sanador" y "catártico". Pudieron aparcar el rencor y la oscuridad acumulada por las propias vivencias. "He tenido la sensación de volver a situaciones del pasado y decir «vigila, aquí no pusiste bien los límites». Hemos hecho que el personaje se cuide mejor que nosotros. Reescribirlo significó pensar cómo nos hubiera gustado haber respondido cuando éramos jóvenes", reflexiona la vilanovina.

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"Ven a casa"

En la obra –que inicialmente debía ser una pieza teatral pero que con el cóvido mutó en audiovisual–, Kramer verbaliza una frase que en el Institut del Teatre se ha "sentido mucho": "Si quieres seguir trabajando, en hablamos en casa". Se superan los límites entre lo profesional y lo personal, y se pone contra las cuerdas al estudiante oa la actriz de turno. "Con 20 años cuesta verlo, piensas que quizá no ocurra nada, quieres complacer al director, al profesor, y cuesta decir que no. Marchar, no aceptar, tiene unas consecuencias", explica Prados, que pone énfasis en la manipulación que hay detrás de esos personajes poderosos. "Tienes miedo de no volver a trabajar, ellos tienen mucho poder; si hablan mal de ti, se te acaba el teatro", resume Knüpling.

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"Empezamos a escribir la obra la semana que salió el artículo. Estábamos en Berlín y nos sentíamos lejos, porque nos hubiera gustado estar en las manifestaciones que hubo en Barcelona. Era muy importante que ocurriera, debía pasar desde hacía mucho tiempo. Ahora no habrá tanto silencio, las nuevas generaciones no aceptarán los abusos, ni sexuales ni de poder, que había", señala Prados, antes que su compañera, con la que se conocieron en un intercambio teatral en el 2016 entre la Sala Beckett y la Volksbühne, le interrumpa: "A ti todo lo que pasó te emocionó muchísimo". El problema, sin embargo, es que la gente no se vio con bastante fuerza –porque se sentían solas y desprotegidas– para presentar una denuncia contra los docentes: "Con un juicio se habría cerrado mejor. Pasaron muchas cosas, en el Instituto del Teatro".

Las dos actrices, ahora convertidas en directoras, tienen claro que Barcelona va "dos pasos por delante" de Alemania en la lucha contra los abusos. El trabajo de los medios, documentales como El techo amarillo de Isabel Coixet o el caso de la Manada, según ellas, hacen que España vaya por delante en esta materia. De hecho, la suya es la primera obra dentro del mercado alemán que habla de los abusos en el sector teatral.

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