El amor-odio a los ricos

BarcelonaRoger Bastida, que con ese bigote decimonónico que gasta tiene él mismo un aire de otra época, con la novela Paseo de Gracia (Comanegra y Àfora Focus), premio Santa Eulàlia 2026, nos transporta al período más brillante y convulso de la Cataluña contemporánea, el del cambio del siglo XIX al XX. Temporalmente el libro arranca mucho antes y termina con la mediocridad franquista, pero el grosor y el foco se sitúan en el esplendor del Modernismo en el Novecentismo, con la alta burguesía enriquecida en las Américas –sí, con el esclavismo– como protagonista del salto industrial. El estallido de las reivindicaciones obreras y la eclosión del catalanismo quedan como telón de fondo. Manda la mirada de quienes mandaban, y por detrás de quienes les servían.

Quizá alguien recuerda aquella serie clásica de la ITV de los años 70, Upstairs, downstairs (Emitida por TVE y recuperada en TV3 en los años 90 con el título deArriba y abajo), en la que se reseguía la historia inglesa de 1903 a 1930 a través de una familia acomodada de Londres, los Bellamy, bien servida por los de abajo. Pues bien, Roger Bastida, que nunca ha visto aquella serie, con un arco temporal más largo (1854-1954), ha realizado una operación literaria parecida a nuestra manera: el retrato coral e íntimo de dos alcurnias malolientes –la burguesa Massanas y la aristocrática Castelljussà– y de sus serventos–. Es un buen (auto)retrato de clase.

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En el relato, también tiene peso la forma en que se sigue la evolución urbana y social del paseo de Gràcia, en el corazón del Eixample, eje del cambio y la prosperidad de aquella Barcelona del XIX que se quitó el corsé de las murallas y desató la ambición para convertirse,9 urbes moderna y cosmopolita. De lugar de recreo con atracciones de feria en avenida con palacios señoriales rodeados de jardín (sólo queda el Palau Robert) y, en la siguiente etapa, en lujosos y artísticos edificios de pisos para el lucimiento y el negocio inmobiliario (con los primeros ascensores). El cambio de usos y modas en el paseo de Gràcia también se refleja en el tipo de establecimientos, en los que se vende y qué se luce: resumiendo mucho, se pasa de tiendas glamurosas a lucrativas entidades bancarias.

Casar bien a sus hijos e hijas

L'Hospitalet de Llobregat, de donde está el autor, sirve de contrapunto estival y periférico. De allí es original, tiene sus raíces rurales y pasan temporadas los Castelljussà. También hay referencias a las colonias fabriles, en especial la de Gironella, propiedad de los Massanas, un mundo aparte que casi sólo pisan los hombres de la estirpe. Las mujeres hacen vida social en los salones, en las sastrerías y en las joyerías. Algunas incluso se hacen adictos a Morfeo (decidle morfina). Su objetivo es casar bien a sus hijos e hijas, emparentarlos con gente de fortuna o con ostentadores de decadentes títulos nobiliarios. El cruce entre nuevos ricos y viejos aristócratas es la norma.

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En efecto, este mundo existió, dirigió el país, pagó el genial Gaudí o el ecléctico Sagnier (el más caro), mantuvo una relación de viciada y subalterna dependencia con Madrid, creó riqueza (y se enriqueció mucho) a costa del trabajo mal pagado de miles de inmigrantes, dio impulso al catalanismo, dio impulso al catalanismo. y sanguinario franquismo. Los señores de orden del Paseo de Gracia nos muestran sus ambiciones empresariales, sus maniobras políticas y sobre todo sus debilidades humanas, señores de café, copa y puro, de amores y sexo furtivo, de La Vanguardia y el Brusis –donde escribía, un poco por libre, la voz de la conciencia dirigente: Joan Maragall–, de paternalismo con el chófer –que es casi como de la familia– y dureza con el obrero lumpen. Hasta que un día les estalla en las narices la criminal bomba del Liceu o la ciudad incendiada se convierte en la Rosa de Foc.

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Más allá de las grandes corrientes históricas o ideológicas, Roger Bastida se recrea en el más acá, no ahorra detalles estéticos, ambientación ciudadana, gustos culinarios, fiestas de la flor y nata, flamantes novedades tecnológicas (como la irrupción de los automóviles de motor de motor más adictos al lujo que a la cultura, y curiosidades de todo tipo. Se nota su formación de historiador del arte y su trabajo de asesor histórico de series de televisión.

Este Paseo de Gracia es pues una crónica de época de los de arriba, a la vez imaginada y documentada, honesta y con gracia. Y con algo más. Una novela que, sin hacer sangre, nos confronta con la ambivalente relación de amor-odio que la clase media –la pequeña burguesía, los profesionales liberales, el funcionariado, los autónomos o antiguos menestrales, el campesinado y el servicio– tiene y ha tenido con la minoría dirigente capitalista que ha conformado y dirigido el país en los últimos dos siglos cultural ya menudo ha caído en la cobardía política y social. Cambó sería el máximo y mejor exponente para el cambio del XIX al XX. Hoy, cuando se vuelven a ensanchar las diferencias sociales, cuando vuelve a planear un peligro de desclasamiento y confrontación, y tras el callejón sin salida independentista, este ejercicio histórico es algo más que un pasatiempo lúdico y amable. Es un espejo.