Los cincuenta son una edad muy peligrosa
La forma más habitual de un escritor de valía de insertarse en su tiempo es convirtiéndose en 'outsider': Ramon Ramon, que ahora publica el dietario 'El año de los cincuenta', es un buen ejemplo de ello
'El año de los cincuenta'
- Ramón Ramón
- Editorial Asuntos
- 160 páginas / 20 euros
Un lustro después de su último dietario publicado, No sé qué muere (Asuntos, 2021), Ramon Ramon (Catarroja, 1970) vuelve a hacer públicas páginas de su cuaderno privado. Es un escritor de los de nula días sine linea, que es el único programa válido, pero va espaciando los momentos de editar sus páginas. Debutó en el 2014 con Dentro del campo de hierba (dietario 2009-2012). En ese momento ya hice notar su prosa trabajada y dúctil. Un ejemplo: "Viniendo por la autopista, la luz de cobre de los valles y sierras del Maestrat nos ha descluido como girasoles. Incluso un gran miope como yo guipaba los detalles hojales de viñedos y olivos. El verde más poético, en estas tierras, es el que pinta el arado (…).
Pero Ramon Ramon, además del estilo, revelaba ya un pensamiento propio de una cierta complejidad. En el siguiente volumen, Luz en el callejón sin salida (2018), permanecía fiel a las constantes ya familiares para su lector: el europeísmo crítico, la fidelidad a su paisaje, una cierta misantropía, cierta afección prostibularia, el ambiguo y poliédrico sentimiento de la paternidad…
En No sé quémuere confirmó su excelencia y también su consideración deoutsider, que es la forma más habitual de un escritor de valía de insertarse en su tiempo. Ramón citaba Hans Magnus Enzensberger: "Cuanto más avances hace la humanidad, las personas somos más propensas a decepcionarnos". Este volumen contenía notas sobre la tristeza, la música, la ternura, la frivolidad o la amistad de una gran belleza conceptual.
Si, como está convencido Ramon Ramon, todo escritor es un pobre hombre, es entre líneas, en sus cuadernos, donde descubriremos la música callada de esta gran frustración, que algunos llaman, de modo ciertamente optimista, literatura. Y ahora, para remachar el clavo, el autor nos ofrece las páginas que escribió en el 2020. ¿Por qué singularizar un año concreto? ¿Por la pandemia? Sí y no. En 2020, en efecto, el coronavirus convirtió sus calles en fantasmagóricos platós de cine fantástico. Pero también es el año en que Ramon Ramon cumplió cincuenta años.
Los cincuenta son una edad muy peligrosa. Yo también hice un dietario, que después se publicó con el título de Ser persona. El volumen, milagrosamente, superó el cataclismo líquido de la dana de octubre del 2024. Y hasta la fecha. Ramon no ha necesitado que los elementos pongan en peligro a su dietario. Él mismo es su tormenta perfecta. Como outsider, el juicio que le merecen sus convecinos es cada vez más severo. Pero cuando encuentra a un ser humano que le merece respeto y admiración, se asoma. Impagables los párrafos que le dedica, por ejemplo, a rememorar la tía Estrella.
En cuanto a la ardua domesticidad obligatoria por la pandemia, él no nota nada especial. Al fin y al cabo, ¿qué hace que un escritor sea obligado a permanecer en casa? Después, cuando ya se permite pasear, realizará varias veces la ruta Catarroja-Valencia (apenas 8 kilómetros) y pasará reiterativamente por el Camí Reial, aquel que, según Juan F. Mira (que nació), se construyó sobre la Vía Augusta.
El cambio de pueblo en ciudad no prueba bien al autor. Observa la destrucción del patrimonio arquitectónico –la herencia más visible del franquismo– y siente que la urbanidad es el subterfugio de la vileza. En cuanto sale quiere volver a su pueblo, a su casa, con su familia. Sólo quiere seguir llenando cuadernos. Y cómo lo comprendo.