La conversación pendiente entre Matthew Tree y su padre
En 'Casi todo', Matthew Tree se propone entender el enigma que para él ha sido siempre su padre
'Casi todo'
- Matthew TreeColumnaTraducción de Jordi Dausà Mascort248 páginas / 20 euros
Una buena relación con el padre te hace compañía y te impulsa toda la vida; una mala relación con el padre te pesa y te deforma durante toda la vida. Matthew Tree (Barcelona, 1958), el escritor londinense instalado en Cataluña desde hace décadas que ha hecho su producción literaria tanto en inglés como en catalán, tuvo siempre una relación conflictiva y hiriente con su padre, un hombre atormentado y problemático que, a su vez, había tenido un padre alcohólico y ausente. Sea como sea, pero, un padre siempre es un padre, y, incluso mucho después de muertos (el de Tree murió en 1994), los hijos los recuerdan, y los tienen presentes, y a menudo necesitan entenderlos.A Casi todo, un libro que funciona como un retrato del padre, como un esbozo de autobiografía y como una transcripción y una interpretación de materiales literarios ya existentes, Matthew Tree se propone entender el enigma que para él ha sido siempre su padre. Es un enigma lleno de espinas y de agujeros, porque Tree recuerda y escribe desde la conciencia de muchos agravios y de muchas heridas. Explícitamente dice que durante mucho tiempo culpó a su progenitor del grave trastorno obsesivo crónico que ha padecido durante buena parte de la vida y que a veces le ha hecho sentir dramáticamente incómodo dentro de su piel y le ha abocado a beber demasiado.Tree, en cualquier caso, no escribe desde el rencor vengativo, sino desde la voluntad de indagar y comprender. Su padre era el hombre que le humillaba en público, que tenía ataques de cólera y de quien él, como hijo, necesitó escapar, pero también era el hombre a quien amaba y que era capaz de grandes muestras de afecto. En las páginas iniciales, Tree explica que no quiere saldar cuentas con su padre, y quizás sea verdad, pero eso no quita que todo el libro –y esta es una de sus virtudes– tenga un aire fantasmal de conversación pendiente.Sórdido, tétrico y a la vez conmovedor
El disparador de la maniobra literaria de Tree, escrita originariamente en inglés y traducida al catalán por Jordi Dausà Mascort, es la lectura de los diarios de juventud de su padre, una lectura que no se produjo hasta años después de haberlos encontrado –y es evidente que este impás denota muchas cosas, desde respeto reverencial hasta temor, desinterés y repudio. Es uno de los ejes de Casi todo: la transcripción fiel, solo modestamente comentada, de lo que se supone que son algunos de los pasajes más interesantes y significativos de la producción diarística del joven Michael Tree.Objetor de conciencia durante la II Guerra Mundial y en pleno blitz, “pacifista, socialista y anglicano”, creyente fervoroso torturado por la noción de pecado, joven con las hormonas hirviendo afligido por las relaciones complicadas con las mujeres y con el sexo, hijo depresivo de un padre prematuramente destruido por el alcohol, escritor vocacional que publicó tres novelas que pasaron sin pena ni gloria y que, después de dejar la literatura, vivió sumergido en una vida próspera pero muy frustrante, llena de autocompasión embrutecedora y de rabia: la impresión del lector cuando lee estos fragmentos de dietario es que Michael Tree era de buena madera, pero que la rigidez moral de la época y las circunstancias personales lo carcomieron. Todo ello tiene aquel aire de sordidez un punto tétrica y un punto conmovedora de los poemas de Philip Larkin.Más que las anotaciones del padre, y la reconstrucción de su personalidad que hace el hijo, resultan particularmente interesantes los pasajes más desgarrados y confesionales del libro, aquellos en los que el hijo, es decir el autor, cuenta –sin tapujos, pero también sin exhibicionismos impúdicos– las consecuencias biográficas, psicológicas y literarias de la mala relación con el padre. Neto de amarguras y de resentimientos, agradecido por todas las cosas buenas que la vida le ha dado (pareja, hijos, un hogar en Banyoles), la conclusión de Matthew Tree sobre su padre es generosa y al mismo tiempo terriblemente cruda: no fue una mala persona, solo fue un hombre muy infeliz. Casi todo demuestra que los reproches dolorosos y tristes también pueden ser un homenaje.