Enséñame cómo es tu cocina y te diré quién eres

Manuel Vilas recupera en un solo volumen sus dos primeros libros de relatos, un díptico angustioso y divertido sobre la vida en Zaragoza a finales de los 90

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Manuel Vilas, durante una visita reciente a Barcelona
08/10/2026 - 10:00 h

BarcelonaManuel Vilas (Barbastro, 1962) ha llegado a aquel punto de su trayectoria en el que puede combinar la publicación de las nuevas novelas que escribe con la recuperación de libros descatalogados que le parece haber hecho "en otra vida". Este año ha dado a conocer Islandia (Destino, 2026), donde reconstruye, sin ahorrar ningún detalle, la separación de la escritora Ana María Merino y, a la vez, reivindica "la voz antiburguesa" del narrador desesperado y divertido de Zeta, que Páginas de Espuma pone en circulación más de dos décadas después de la primera edición en DVD Ediciones, dividida entonces en dos volúmenes, Zeta (2002) y Magia (2004).

"Es un libro lleno de desolación y ternura —recuerda ahora Vilas—. Lo escribí mientras trabajaba de profesor de secundaria en un instituto de la periferia de Zaragoza. Hasta entonces, la literatura española había retratado las ciudades ciñéndose al realismo. A mí me pareció que había que dar un paso adelante y convertir Zaragoza en una especie de Gotham City habitada por vampiros, prostitutas, fantasmas y hombres solitarios". Devoto de Franz Kafka desde la adolescencia, Vilas supo infligir la angustia y el sentido del humor perverso del autor checo en las situaciones que viven los personajes de muchas de las narraciones. En una de ellas examina una jornada laboral peculiar de la plantilla de un Carrefour y los de un McDonald's. Cuando se cansan de trabajar se desnudan y comienzan una "cópula martirológica", soltando "gritos de hierro" que espantan a los clientes: "Era un espectáculo de pornografía maravillosa –escribe el narrador–. Había un intercambio de cuerpos basado en la brutalidad y en el vuelo. Los cuerpos levitaban y volaban. Fornicaciones aéreas. Se desplazaban por encima del suelo, a dos o tres centímetros, y mantenían conversaciones insignificantes".

Kafka en Teruel

Si ha de definir qué clase de autor quería ser a finales de los 90, cuando hacía una década que daba a conocer su poesía —empezó con Los días antiguos (Cave Canem, 1990)— y escribía las narraciones de Zeta, Vilas asegura que era "un Kafka triturado por el pop". El libro empieza convocando a Lou Reed, pero también aparecen Robespierre, los Sex Pistols, Parménides y Kafka, al que imagina viviendo en Teruel. "Estoy convencido de que la ciudad más kafkiana de España es Teruel —asegura—. Está lejos de todo, es invisible y muy difícil de definir. Los propios turolenses afirman que Teruel no existe".

"Construí Zeta a partir de latidos que venían de visiones casi ancestrales –dice el autor–. Acabábamos de comprar un piso con mi mujer en un barrio que se tenía que llamar barrio del rey Fernando pero acabó siendo bautizado como Actur, porque en los planos de los urbanistas ponía «Actuaciones urgentes». Ahora viven unas 70.000 personas, pero en aquellos momentos todavía estaba en construcción". La fealdad de la periferia es omnipresente, en el libro. "El piso que muchos nos podíamos permitir no solo era pequeño y estaba lejos del centro, sino que era feo", comenta Vilas, que dedica relatos tanto a la geografía de la ciudad como a algunos de sus trabajadores: fontaneros, electricistas, funcionarios, camioneros y auxiliares de clínica. "Los electrodomésticos también tienen un protagonismo destacado —continúa—. Enséñame cómo es tu cocina y te diré quién eres. Te puedo definir leyendo solo las marcas de los electrodomésticos". Las cocinas que aparecen en Zeta son pequeñas, con una campana extractora con un dedo de grasa, neveras y microondas de gama media y sartenes gastadas después de tantos años de uso. Todavía no se estilan los lavavajillas.

"En aquella época escribía sin pensar que los lectores existían, y durante muchos años seguí así, haciendo rock'n'roll en un garaje, llamando poco la atención —hace memoria—. Entonces publiqué Ordesa [Alfaguara, 2018], y eso me cambió la vida". De aquella novela autobiográfica que hablaba de la muerte de los padres, Manuel Vilas vendió más de 150.000 ejemplares en castellano, y no tardó en estar disponible en una veintena de lenguas. "Desde entonces escribo diferente porque siento que tengo una responsabilidad: los lectores son mi libertad y también mi familia –afirma–. Tengo curiosidad por saber qué pensarán, cuando ahora lean Zeta. Creo que si de un libro como el mío se vendieran 100.000 ejemplares, este país sería diferente. Cambiaría, de eso estoy seguro, y creo que sería un cambio a mejor, porque querría decir que tiene más humor y es más tolerante".

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