¿Existe (o ha existido) un capitalismo bueno?

En tiempos del cretino Milei y del loco superrico Trump, resulta extremadamente difícil ponerse a analizar en serio el capitalismo, que personajes como ellos han convertido en una lamentable caricatura moral e ideológica. Si a esto le sumamos la extraordinaria penetración histórica y popular del marxismo, que a pesar de los tiempos neoliberales sigue siendo una clave interpretativa omnipresente instalada en el imaginario colectivo, aún cuesta más hacer ninguna aproximación objetiva a los orígenes y la evolución del libre mercado si no es para condenarlo sin paliativos.

Por eso resulta tan interesante el ejercicio finísimo que han pergeñado los historiadores de la economía Maarten Prak y Jan Luiten van Zanden en Pioneros del capitalismo (Pasado & Presente), un libro de historia de gran calado intelectual y político que, además, es apto para todos los públicos, fácil de leer y muy sugerente. Una obra que no pretende lavar el rostro del capitalismo, sino explicarlo históricamente.

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Es sabido que los Países Bajos en el siglo XVII dominaron la economía mundial. Fue su Edad de Oro. ¿Cómo fue posible que un país pequeño, desde un rincón del norte de Europa, se hiciera el dueño de los mercados mundiales? ¿Tenía razón Max Weber cuando lo achacó a la ética protestante (la ética del trabajo y del lucro)? ¿Encaja en el caso neerlandés la teoría de Karl Marx de que el capitalismo nace de la violencia y la apropiación forzosa de los medios de producción? Ambas tesis se quedan cortas, por no decir desenfocadas, a la hora de entender el caso neerlandés.

Prak y Van Zanden arrancan de las raíces feudales y se fijan tanto en la evolución económica de su país como en la política, social y religiosa. Pasan del detalle micro a la mirada macro con gran habilidad. Y hacen comparaciones con el presente. Para un lector de aquí, también es interesante ir dibujando paralelismos con nuestro caso (a menudo se ha dicho, no porque sí, que los holandeses son los catalanes del norte).

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Cada 27 de abril, los neerlandeses celebran el día nacional saliendo a la calle a vender objetos de segunda mano. Es la fiesta del vrijmarkt: mercado libre. Expresa su identidad de comerciantes. La cosa viene de lejos. A partir de la lectura del libro, los pilares de la potencia preindustrial y comercial de los Países Bajos (y en especial de Holanda) fueron los siguientes.

Primero: una estructura confederal basada en la fuerza de las ciudades, sin que ninguna fuera preeminente. Segundo: una sociedad civil robusta, con capacidad de incidencia política, tanto en la ciudad como en el campo, con gremios, asociaciones, asambleas, consejos, parlamentos... Tercero: a consecuencia del punto segundo, un poder más de abajo a arriba que de arriba abajo, basado en los privilegios/libertades de la gente. El feudalismo en los Países Bajos fue muy pactista. Cuarto: todo esto no habría sido posible sin una alfabetización alta gracias al movimiento reformista y pedagógico católico de la Devotio Moderna, nacido dos siglos antes que el calvinismo. Quinto: una igualdad mayor de lo habitual entre hombres y mujeres, con matrimonio por consentimiento mutuo y acceso de ellas al mercado del trabajo. Sexto: la necesidad de ganar tierras al mar y de hacer navegables los canales fue un aliciente innovador (diques, esclusas, barcos). Séptimo: convertir las tierras en bienes comerciales, dividir las propiedades (casa, barco, molino) en participaciones que podían venderse o usarse como aval, impulsar mercados y ferias bien conectadas, crear sistemas de crédito. Octavo: luchar contra la competencia comercial de la Liga Hanseática. Noveno: unas políticas de caridad más generosas que en otras latitudes paliaron la pobreza extrema y atrajeron mano de obra barata. Y décimo: el estímulo de unirse para ir contra el poder centralizador y absolutista español (Guerra de los 80 años: 1568-1648).

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El capitalismo neerlandés se basó, por tanto, en instituciones republicanas (no monárquicas) más inclusivas que extractivas, en un mercado (tanto de bienes como de dinero) muy regulado desde el poder público fruto de pactos y equilibrios complejos a remolque de una alta participación ciudadana, y en una sociedad bastante plural (tolerante religiosamente) e igualitaria para la época (incluso con un sistema de impuestos progresivo). Otra cosa es que, una vez salió a la conquista del mundo, en las colonias adoptara el sistema esclavista y extractor.