La gran novela posdramática de los Estados Unidos de hoy

'Los cuatro pasaron el día juntos', de Chris Kraus, convoca el caos, el sinsentido y la pérdida de referentes y puntos de orientación que han asolado la sociedad norteamericana

3 min
Escena del final de 'Succession'
01/11/2026 - 08:30 h
  • Chris Kraus
  • La Segona Perifèria / Literatura Random House
  • Traducción de Ferran Ràfols Gesa
  • 352 páginas / 21,90 euros

Toda la primera parte de esta novela es una puerta de entrada falsa: en ella leemos la historia de una pareja de jóvenes que se conocen un día en la iglesia, se casan y se van a vivir a uno de los suburbios idílicos donde harán la vida que toda pareja de clase media ha soñado, con un jardincito, hijos y pasteles de manzana los domingos por la tarde. Pero este es un libro de Chris Kraus (Nueva York, 1955), uno de los símbolos de la contracultura norteamericana, la autora de I love Dick, una novela de 1997 que hoy se considera una de las novelas feministas más importantes, y por lo tanto la cosa no puede continuar mucho tiempo así. Hay señales para el lector atento: la segunda hija nace con un problema cognitivo, los vecinos son más hostiles de lo que cabría esperar y los trabajos del padre no paran de cerrar. De repente, esta gran panorámica se fija en un solo personaje: Catherine, la hija mayor, que huirá en cuanto pueda de esta familia tan tensa. Es entonces cuando la novela da un salto, que solo será el primero de muchos.

Rebautizada como Catt y convertida en una escritora de éxito, un símbolo, incluso un icono, la reencontramos en el Los Ángeles de 2008, en pleno estallido de la crisis económica mundial. Las redes sociales comienzan a apoderarse del mundo con una voracidad insaciable y cuando alguien señala a la escritora de éxito como una rentista que vive gracias a la explotación de los vulnerables (alquila un bloque de pisos a familias migrantes), la pira comienza a arder. Catt (¿o es la propia Chris Kraus? Si buscáis información, veréis que, a raíz del éxito de la adaptación a serie de I Love Dick, tuvo problemas similares) no se deja intimidar y, además, tiene que ocuparse de otras cosas: de un novio que tiene muchos problemas con el alcohol, por ejemplo. Las idas y venidas temporales y espaciales no paran: tan pronto estamos en Los Ángeles como en Minnesota, en una universidad de Suiza, en clínicas de desintoxicación, en las calles llenas de gente sin techo, en 2003, en 2012, en 2015... justo cuando un millonario excéntrico llamado Donald Trump comienza a distanciarse en las encuestas como candidato a la presidencia del país.

Desasosiego, desesperanza y violencia

Llegados a este punto, hace ya rato que la lectura del libro se ha vuelto profundamente incómoda, y es precisamente eso lo que busca Chris Kraus: convocar el caos, el sinsentido y la pérdida de referentes y puntos de orientación que han asolado a la sociedad estadounidense de los últimos diez años. De repente, todo el mundo es pobre, inculto, los jóvenes solo quieren tomar metanfetaminas y chatear por el móvil o mirar porno. Se han convertido en seres pasivos a quienes el scroll infinito de las redes les ha dinamitado el cerebro. Y las páginas también se suceden en scroll. Hace frío y los vecinos de la casa a orillas del lago que Catt se ha comprado con Paul son parejas de neocristianos con ocho hijos. Y en la casa se oyen golpes en las paredes. ¿Qué les pasa a los Estados Unidos? La autora francesa de moda Constance Debré afirma que “Los cuatro pasaron el día juntos es el libro de nuestra época, de la misma manera que American Psycho fue el libro de los ochenta y noventa”, y es posible que tenga razón. El mundo postpandémico está lleno de desasosiego, desesperanza y violencia. Y la novela que quiere capturar este espíritu se podría llamar postdramática, tomando prestado el adjetivo de la dramaturgia que intenta quitarle importancia al texto y dársela al momento de la representación, a la relación entre el actor y el público. Es la experiencia de leer el libro lo que le da significado, más que cualquier línea argumental que pueda haber: la incomodidad, la incomprensión que sentimos cuando lo tenemos en nuestras manos.

Porque todavía falta la tercera parte del libro, que es cuando la cosa se pone realmente desesperada y parece que vira hacia el noir sin hacerlo realmente: cuatro jóvenes pasan el día juntos hasta que dos de ellos matan a uno por nada, por una discusión absurda sobre qué ha pasado detrás de una puerta cerrada. Estamos en 2025 y la destrucción del tejido social y el hundimiento económico de la clase media llevado a cabo desde la victoria de Trump se ha completado: no queda ni rastro de la empatía social, ni argumentos de novela bien tejidos. Estamos en la cara B de Un mundo feliz de Aldous Huxley: los personajes solo quieren un poco de cristal para nublarse la mente y notar menos el golpe de la caída. Bienvenidos al mundo postdramático de Chris Kraus.

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