"La idea que las niñas son princesas y quieren ser tratadas como tales es muy tóxica"

'Las hadas modernas', de Clare Pollard, está ambientada en los salones literarios de París durante el siglo XVII y está protagonizada por Charles Perrault y Marie-Catherine d'Aulnoy, dos autores que popularizaron y redefinieron el arte de explicar historias

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Clare Pollard, durante su última visita a Barcelona, con motivo de la participación en La Semana del Libro en Catalán
06/10/2026 - 18:02 h

BarcelonaAunque transcurra en el siglo XVII, Las hadas modernas, primera novela de la británica Clare Pollard (Bolton, 1978) que podemos leer en castellano gracias a Club Editor y al trabajo de Yannick Garcia, está escrita desde una perspectiva radicalmente contemporánea. Planteada con más sentido del humor e irreverencia que el Hamnet de Maggie O'Farrell (L'Altra / Libros del Asteroide, 2021) y en un tono más creíble que la relectura desgarrada de Cumbres borrascosas de Emily Brontë por parte de Emerald Fennell, 2026, Pollard envía a los lectores a los fastuosos salones parisinos en los que escritores como Charles Perrault (1628-1703) y Marie-Catherine d'Aulnoy (1652-1705) contribuyeron a popularizar y redefinir los cuentos de hadas que, en muchos casos, habían crecido sobre todo gracias al boca a boca entre la población rural.

"El interés por los cuentos ilustrados me viene de hace algo más de una década", recuerda Clare Pollard, que ha publicado una docena de libros desde que debutó con el poemario The heavy-petting zoo (1998) cuando todavía estudiaba filología inglesa en el King's College de Cambridge. "Poco después de ser madre empecé a leer cuentos a mis hijos. Había actuales, pero también clásicos, y como crítica literaria empecé a preguntarme qué simbolizaban y qué moral inoculaban a las criaturas", explica. Estudiosos del género como Angela Carter, Jack Zipes y Marina Warner terminaron nutriendo el ensayo Fierce bad rabbits (Fig, Tree, 2019). "Los niños son representados como conejitos y otros animales que acostumbran a ser presas de los depredadores –comenta Pollard–. Es interesante ver qué imagen transmiten los cuentos a los hijos en este punto concreto, básicamente porque los humanos no somos animales de presa, sino depredadores".

La acción de Las hadas modernas tiene lugar, sobre todo, durante las veladas en las que Madame d'Aulnoy acoge a invitados selectos en su salón para escuchar los cuentos que ella explica, entre los cuales se encuentran La historia de Ricitos de Oro, El pájaro azul y La gata blanca. En este último, un príncipe acaba descubriendo que el felino por el que siente tanto afecto es, en realidad, una princesa. "Una de las cosas que más me molesta de nuestro mundo es la cultura de las princesas –reconoce Clare Pollard–. Desconozco si en Cataluña es tan horrible como en el Reino Unido, pero allí es muy popular, ahora mismo. La idea de que las niñas son princesas y quieren ser tratadas como tales es muy tóxica. Soy partidaria de abolir la monarquía y no creo que haya personas que nazcan siendo mejores que otras. No tengo ningún interés en que mi hija quiera ser princesa. Lo encuentro repugnante".

Una ilustración de Gustave Doré de 'La Cenicienta', cuento que popularizó Charles Perrault.

Luis XIV, un rey que apestaba

Uno de los escritores que frecuenta el salón de Madame d'Aulnoy es Charles Perrault, artífice de narraciones como El gato con botas, La bella durmiente, Caperucita roja y La Cenicienta. "El modelo de princesa que propone La Cenicienta es sin duda más pasivo que el que ven nuestros hijos en Frozen, película de Disney que se inspira en una historia de Hans Christian Andersen del siglo XIX bastante diferente –continúa Pollard–, pero hay muchos cuentos de hadas que en la época de Perrault y de d'Aulnoy ya son bastante controvertidos, porque subvierten roles o incluso se atreven a dar una imagen negativa de los reyes que aparecen en ellos".

En Las hadas modernas, Clare Pollard se divierte convirtiendo los diálogos entre las mujeres y los hombres que frecuentan los salones parisinos en competiciones de ingenio tan rebuscado como venenoso. "No soy una experta en el siglo XVII y estas conversaciones son imaginadas, pero después de haber leído mucho sobre la época me parecen bastante verosímiles", comenta la autora. En el intento de dar una imagen completa de la alta sociedad francesa de la época, Pollard no ahorra detalles sobre la falta de higiene. Tanto los aristócratas como Luis XIV camuflaban el hedor que desprendían con perfumes fuertes. "Los piojos eran tan frecuentes que la alta sociedad llevaba pelucas que, de noche, se quitaban para que los criados las hirvieran, única manera de liberarse de este parásito", explica la escritora inglesa, que reconoce que ha incluido estas minucias angustiosas como una "pequeña venganza". "Al poder le interesa proyectar una idea propagandística de perfección y glamur –continúa–. La verdad era un poco menos agradable. El rey Luis XIV tenía un agujero entre la boca y la nariz que hacía que durante los banquetes la comida se le escapara y le resbalara barbilla abajo".

El adulterio es mucho más frecuente que el contacto con el agua y el jabón, en Las hadas modernas, que explica incluso una relación lésbica mantenida en secreto. "El matrimonio y el amor estaban del todo separados, en la Francia de la época –dice Clare Pollard–. Desde fuera vemos a los franceses como un pueblo muy romántico, pero en Las hadas modernas van directos al grano. El rey mismo tenía una amante oficial, además de las amantes esporádicas".

Algunos de los cuentos de hadas que Madame d'Aulnoy, Charles Perrault y otros narradores explican en voz alta dentro de la novela tienen el acierto de imaginar qué pasa al día siguiente de pasar por el altar. "Nos hemos acostumbrado a las versiones azucaradas de Hollywood, en las que la historia acaba cuando la pareja se da el beso que certifica su amor, pero hay cuentos que van más allá —explica la autora—. Cuando en La bella durmiente de Perrault la protagonista se despierta después del beso, se casa en secreto con el príncipe. Entonces la chica vuelve a casa y el príncipe la va visitando hasta que la deja embarazada en dos ocasiones. La madre de la chica, que resulta ser un ogro, pretende comerse a los hijos, pero la chica consigue huir con las criaturas".

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