Isabel Allende: "La vejez no te hace más sabia, te hace más de lo que ya eres; si eres una hija de puta lo serás más"
La escritora presenta 'La hora antes del alba', la novela ganadora del Premio Planeta, en Barcelona
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BarcelonaMe encamino hacia la Llotja de Mar pensando que si pudiera entrevistar a Isabel Allende (Lima, 1942) –porque no nos ha concedido el honor en el ARA– necesitaría tres preguntas y sinceridad. ¿Por qué cambia de editorial a los 84 años, después de 45 años de ventas millonarias? ¿Por qué retoma, justamente ahora, La casa de los espíritus? Y la pregunta del millón, o de los millones: ¿cuánto ha cobrado, aparte del Premio Planeta? La escritora ha esquivado hasta ahora la polémica sobre la última gran fuga del sector editorial, pero como este jueves tenía delante a una gran espadachina, la periodista Julia Otero, pensaba que quizá desenfundaría el florete. No ha habido suerte. Pero admito que, viendo el escenario, pomposo y gigante, con 500 personas de cuerpo presente y los que lo seguían globalmente por streaming, y con la plana mayor de Planeta delante –como ha señalado con intención Otero–, quizá no era el momento. A cambio, nos han regalado 45 minutos divertidos y llenos de frases ocurrentes, haciendo gala de la fama de gran conversadora que la precede.
Gritos, aplausos y todo el auditorio en pie, solo con entrar la escritora chileno-estadounidense, ágil de cuerpo, cabeza y lengua, que declara que era feminista antes de que ni existiera la palabra: "[La agente] Carme Balcells me dijo que, por el hecho de ser mujer, me costaría el doble que a cualquier hombre obtener la mitad de reconocimiento y respeto que ellos. Fue exactamente así. Pero por cada patada que recibo, yo doy dos". Más adelante explicará de dónde viene su carácter: "La autoridad te la da la estatura. Cuando una es tan bajita como yo, tiene que tener una voz fuerte. Yo solo llego al ombligo de la gente, solo veo pelos de la nariz, las cáscaras de las gambas me caen en la cabeza. En estas condiciones, tienes que tener personalidad". Allende asegura que todo se puede entrenar, y ella ha practicado para ser buena persona: "La vejez no te hace más sabia, te hace más de lo que ya eres: si eres una hija de puta lo serás más".
La escritora afirma que la relación epistolar diaria con su madre fue clave para mantener la memoria y para registrar los hechos –cosa que le ha permitido recordar, por ejemplo, por qué se divorció la última vez, porque se le había ido de la cabeza–. "He empezado de cero tantas veces, dejándolo todo atrás, que si no quisiera mantener la memoria viva, no tendría raíces en ningún sitio", afirma la autora, que vive en California desde 1988. "Desde que ella ha muerto, parece que todos los días son iguales", se queja. "Mi madre murió a los 98 años. Los últimos 15 años de su vida solo deseaba ser viuda; lo tenía todo a punto, la ropa y todo. Pero su marido murió a los 103 años, lo tuvo que aguantar hasta el último día de su vida".
Un amor de otoño
En cambio, Allende se casó a los 74 años por tercera vez con un americano que estaba obsesionado con ella y le escribía mensajes mañana y tarde. "Yo estaba sola y no me sentía mal. Si una tiene perros o gatos, no necesita maridos", dice. Pero accedió a conocerlo en Nueva York y le preguntó: "¿A quién votas? ¿Te gustan los perros? Son dos cosas fundamentales". La siguiente fue: "¿Qué intenciones tienes? No tengo tiempo que perder". Al día siguiente él le pedía matrimonio y ella le dijo que, para ser amantes, tendría que trasladarse a California.
"La gula y la lujuria son los únicos pecados capitales que valen la pena". Ahora bien, con sus condiciones: "Yo no me desnudo ni muerta, ni delante del ginecólogo. Solo mantengo la cara, decente. De ahí hacia abajo es un colapso. Pero siempre existe la posibilidad de la camisa de dormir bonita, la vela, un poco de marihuana; una se las ingenia. Desnudarme nunca, ni cuando era joven". Y también da consejos eróticos: "Los hombres deberían aprender que a las mujeres se les seduce por lo que les susurras al oído, no hace falta que busquen el punto G en otro lugar". Definitivamente, está disfrutando de "el otoño delicioso" de la vida, de un amor que la protege de los años. "A esta edad te desprendes de todo, deja de tener importancia lo que es material y te aferras a los afectos".
Material familiar
El anecdotario familiar de Allende es rico y jugoso. De hecho, dice que no necesita inventarse nada: "Con una familia como la mía tengo material para siempre". Admite que prefirió traicionar antes a la familia que a la literatura y muchos parientes no le hablaron durante años. "Hasta que la ficción de la película de La casa de los espíritus (1993) se convirtió en la historia de la familia y Meryl Streep y Jeremy Irons, mis abuelos", recuerda, risueña. También asegura que para leer la novela premiada con el Planeta, La hora antes del alba, que recupera el personaje de Alba, la nieta del patriarca de la primera novela, no hace falta tener ese tocho. "Mirad la miniserie, es estupenda; no hace falta leer el libro". Amazon Prime feliz, a ver cómo se lo toma Penguin.
La nueva historia transcurre en la misma casa esquinera, que es símbolo de un país que ha pasado por una dictadura muy parecida a la de Pinochet. Por experiencia, Allende siempre se posiciona políticamente: "La democracia es desordenada y confusa. Es más fácil mantener un régimen autoritario, porque la gente con miedo está paralizada. Pero la democracia da la posibilidad de cambio –dice refiriéndose a las elecciones estadounidenses–. Y cuando la pierdes, te das cuenta de lo que cuesta recuperarla". Cree que la impunidad y la corrupción de Trump han sido más determinantes en las elecciones de medio mandato que el precio de las verduras: "En 2 años ha acumulado 2,2 millones de dólares, él y su familia, y nadie lo ha detenido".
Isabel Allende mantiene la cita diaria con el ordenador, cuando está en casa. Tiene su habitación privada y un cartelito de "No molestar". "Cuando el padre trabaja en casa todo el mundo va de puntillas y cuando la madre se sienta a escribir pasa de todo, te interrumpen un millón de veces. A las mujeres que quieren escribir les digo que deben tener una habitación privada en el cerebro. Si el niño se desangra, que sangre, ya vendrá alguien". Todos los grandes escritores tienen una mujer que les ordena la vida. "Yo tengo una mujer, que es Roger", dice. Después de la gira planetaria, promete que este 7 de enero que viene preparará de nuevo su despacho para empezar, como cada año, puntual el día 8, un nuevo libro. Se agotan los minutos y la escritora se marcha fugaz por un lateral, entre aplausos, con fans que se preguntan si firmará libros y mientras suena el maravilloso Gracias a la vida de Violeta Parra. Casi ha hecho que me olvide de las tres preguntas que le habría hecho. Casi.