Lea, Seydou y Moussa
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BarcelonaEs muy diferente que te hable de inmigración alguien que la ha vivido en propia piel que alguien que no. Por eso he querido leer el ensayo Fronteras de clase (Anagrama, 2025), de la politóloga albanesa Lea Ypi, profesora de la London School of Economics, autora del ya famoso libro Libre. Ella pudo marcharse de su país en circunstancias muy difíciles, cuando se suponía que ya eran libres y todo se hundía tras la tardía caída del comunismo. Desde la barrera, cuesta poco teorizar y pontificar: que solo entren los legales, que se contrate en origen, que se devuelva en caliente... ¿Alguien ha visto la película de 2023Io capitano, de Matteo Garrone?Narra el dramático viaje de Seydou y Moussa, dos primos senegaleses de 16 años que abandonan su ciudad natal, Dakar, para intentar llegar a Italia. Está basada en historias reales. El papa Francisco, impresionado, recibió en el Vaticano a los dos actores que la protagonizaban.
Después de leer a Lea Ypi y de ponerte en la piel de Seydou y Moussa, nada es igual. La inmigración adquiere la textura humana que a menudo le quitamos, que preferimos ignorar. El fenómeno migratorio es un complicado asunto político y económico, claro. Pero detrás hay vidas como las nuestras, familias y amigos, lágrimas, ilusiones, despedidas para siempre, pobreza endémica, miedos y esperanzas. Marcharse de casa siempre es duro. Llegar a un lugar desconocido con los bolsillos vacíos también. Estos días me he imaginado a Seydou y a Moussa en Ceuta, cabizbajos, la mirada perdida, pero resistiendo. ¿Qué futuro les espera?
¿Es Lea Ypi partidaria del ideal de la libre circulación de todos los seres humanos? Dice que se puede estar de acuerdo en que la apertura de fronteras es un asunto discutible, pero al mismo tiempo deja claro que las restricciones son, ante todo, un asunto de clase: las fronteras están abiertas "si eres blanco, tienes formación académica y perteneces a la clase media". Si no cumples estas condiciones, están cerradas o mucho más cerradas. "Y lo mismo puede decirse de los obstáculos a la integración y la participación cívica" en el seno de las democracias liberales. También afirma que "reducir el conflicto entre inmigrantes y autóctonos a un conflicto identitario entre todos los inmigrantes y todos los autóctonos oculta la dimensión de clase de este conflicto".
En 1870, un señor bastante conocido escribía: "El trabajador inglés común odia al trabajador irlandés como competidor que reduce el nivel de vida [...] Tiene prejuicios religiosos, sociales y nacionales en su contra. Se comporta con él como el blanco pobre con los negros de las antiguas haciendas de esclavos de la Unión Americana". Este señor era Karl Marx.
En realidad, Ypi ve una comunidad de intereses entre los ciudadanos pobres de los países ricos y los ciudadanos pobres de los países pobres, mientras que considera que las fronteras benefician sobre todo a los ciudadanos ricos de los países ricos y a los ciudadanos ricos de los países pobres. ¿Qué pasa, entonces, con la crisis del estado del bienestar? Niega la mayor. Niega que la inmigración sea la culpable: "En términos empíricos, para las democracias liberales los inmigrantes son, a menudo, más un recurso que una rémora: su contribución económica neta es positiva incluso en periodos de déficit presupuestario, satisfacen las carencias de la masa laboral, compensan las caídas de la tasa de natalidad y contribuyen al desarrollo del capital humano de las sociedades anfitrionas".
La politóloga albanesa hace también un apunte histórico: no se puede aislar la realidad migratoria de la herencia colonial y neocolonial. "Los trabajadores migrantes proceden a menudo de regiones geográficas y comunidades que nunca han podido recuperarse de un pasado de violencia y explotación colonial". Es innegable, ¿verdad? Países que hoy, entre muchas otras cosas, siguen sufriendo dependencia de la deuda. Si el problema es global, ¿por qué no se piensan soluciones globales? Pero ahora mismo, bajo el emperador desnudo Donald Trump, vamos por el camino contrario. "America first". Nosotros, primero. Y el resto, ya se las arreglarán. Cosa que acabará amplificando el fenómeno migratorio. Los hechos son tozudos: el turbocapitalismo global promueve el movimiento global de personas... pero sin derechos. Ante esto, Ypi advierte a las izquierdas socialdemócratas de no entrar en la carrera política de poner a los inmigrantes como chivo expiatorio. Porque ganarán las ultraderechas. Y porque Seydou y Moussa se lo agradecerían.