La mala conciencia carca
La aritmética primitiva del amor es que "uno más uno hacen dos, pero uno más uno más uno no hacen tres, sino que hacen uno de sobra". ¿Se pueden amar, en el sentido amoroso, dos personas a la vez? Sin duda: es perfectamente posible. Tenemos el poliamor, tenemos las relaciones abiertas... Pero en la práctica la cosa es complicada. Este es el núcleo del libro de Theodor Kallifatides que ahora nos llega: El amor (Galàxia Gutenberg, traducción de Elsa Compte). El amor, según Kallifatides, que nunca sabemos si es el protagonista de sus novelas, pero que a menudo lo parece. También en este caso.
El libro se publicó en sueco en 1978, al final del movimiento hippie, cuando el autor tenía 40 años. El protagonista es el grecosueco Laki Sarris que, al filo de los 40 años, casado con Lena y con un hijo pequeño, Johan, se enamora apasionadamente de la joven Li. Hasta aquí, todo bastante normal, ¿verdad?
El hecho diferencial de la historia es la manera filosófica como Laki aborda su encrucijada sentimental: desde su intuición ética, no quiere hacer daño a ninguna de las dos mujeres que ama. "No, no es que el amor sea imposible en nuestro mundo. Bien al contrario, el amor es sencillamente demasiado posible. Lo que es imposible son nuestras ideas sobre el amor".
Los hechos le arrastran, las ideas le distraen, le paralizan. A Laki le domina lo que define como "mala conciencia anticuada". Imposible escaparse de ella y, a la vez, imposible decidirse por una o por la otra. No le pasa como al bolero Corazón loco: su malestar no es una locura indomable, es un mal interior emocional y conceptual: un conflicto de valores. Siente la necesidad intelectual de ordenar lo que le pasa, y entonces la manera como lo ordena es una acción moral.
¿Qué moral? ¿Qué mala conciencia? A pesar de no creer en ningún Dios, su moral es la cristiana, no puede hacer nada al respecto. Más atrás, le queda Platón. Pero sus dos amores no son platónicos, sino bien reales, físicos: con sus olores y palabras, con cenas y escapadas, con rutinas, con toda la carga psicológica y material. Porque, como buen griego, necesita rodearse de personas, de amistades, de sentimientos, de amor. "La vida griega es, en primer lugar, una vida en común. Y yo soy griego", dice Laki. Claro: idiota, en griego, significa individual. La soledad es una derrota.
El Laki-Kallifatides dice que nos enamoramos porque estamos cansados de ser quienes somos: no buscamos a otra persona, sino a otro yo. Pero entonces, una y otra vez caemos en todos los errores del primer enamoramiento. ¿Qué más? Pues que el misterio del amor es que quien es amado no entiende nunca a quien ama. Ni Lena ni Li le entienden. Ni él entiende mucho qué le pasa ni sabe cómo salir de la telaraña. Es capaz de pensar mucho e incapaz de actuar.
De teorías, no le faltan: primero nos enamoramos de nuestro deseo, después nos enamoramos de nuestro enamoramiento y, finalmente, a veces, muy pocas, nos enamoramos de la otra persona. O: en el amor existe la edad del sexo y la edad de las palabras. Y, todavía: "La añoranza es mi estilo de vida". También se da cuenta de que para Li, mucho más joven, los peligros son una tentación, y, en cambio, para él las tentaciones son un peligro.
Es así como pasan los días y es así como son ellas, Lena y Li, las que deciden por él. Laki, a diferencia del filósofo danés Kierkegaard, no sabe decir que no al amor. Y querría gritar: "¡Eli, Eli! ¿Lema sabactani?". "¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?". Pero no hay ningún Dios ni ningún milagro ni ningún destino que pueda rescatarle.
Este viejo-nuevo Kallifatides que piensa sobre el amor vuelve a ser una lectura amena e inteligente.