"Las mujeres asesinadas durante la Guerra Civil me obsesionan"
Alana S. Portero publica 'Cosamala', donde transforma el caso real del crimen de "las diecisiete rosas de Guillena" en un ambicioso retablo gótico ambientado en Andalucía en 1937
GuillenaHay novelas que se nutren de crímenes reales espeluznantes y, al narrarlos, los vuelven a poner sobre la mesa para mostrar el horror que sufrieron las víctimas. Cosamala (Seix Barral), de Alana S. Portero (Madrid, 1978), va un poco más allá, porque trasciende la denuncia a partir de la recreación y la transformación, gracias a una prosa de una belleza precisa e inquietante, de un episodio de la Guerra Civil española vivido en Guillena, municipio situado a unos 20 km al norte de Sevilla. Un episodio que todavía ahora sacude a todo el mundo que tiene noticia de él, tanto por la brutalidad como por la proximidad cronológica del descubrimiento.
"Si no hubiera sido por el testimonio de José Domínguez, que vio, cuando solo tenía 8 años, cómo enterraban los cuerpos de varias vecinas del pueblo a las afueras de un municipio cercano, Gerena, las excavaciones no habrían comenzado nunca", explica María Dolores Sánchez, presidenta de la Asociación para la Recuperación de Memoria Histórica 17 Rosas de Guillena, delante de la puerta del cementerio del pueblo, junto a Alana S. Portero. De estas diecinueve mujeres de entre 24 y 70 años, familiares de republicanos, que fueron encarceladas en las dependencias del actual ayuntamiento, solo dos pudieron escapar de la ejecución. Las otras diecisiete, después de ser rapadas, torturadas y vejadas, fueron asesinadas por miembros de una columna falangista —bajo las órdenes del general Queipo de Llano— entre el 6 y el 8 de noviembre de 1937. Se las ejecutó y enterró muy cerca del olivo desde el cual José Domínguez observó los hechos, que, muchos años después, se atrevió a relatar. "Las excavaciones permitieron identificar los cuerpos de las diecisiete rosas de Guillena —recuerda Sánchez—. Si en 1937 se las llevaron en camión para matarlas lejos de casa, a finales de 2012 sus restos volvieron al pueblo acompañadas de una caravana de coches con sus familiares y, finalmente, pudieron reposar en el cementerio".
Sembrar el terror pueblo a pueblo
En aquellos momentos, Alana S. Portero apenas había dado a conocer su segundo libro de poesía, Irredento (Endymion, 2011), y todavía no se había decidido a escribir narrativa. "La madre de mi mejor amiga es de Guillena, pero yo no lo supe hasta que exhumaron a las diecisiete víctimas y ella me habló de ello —dice—. Lo que pasó allí es un caso paradigmático de la violencia sistémica contra las mujeres durante la Guerra Civil. Cuesta todavía explicar con palabras lo que pasó en Andalucía aquellos años. Se sembró el terror pueblo a pueblo. Las matanzas fueron espeluznantes". Portero empezó a escribir Cosamala poco después de presentar en Barcelona La mala costumbre (Seix Barral, 2023), novela sobre una joven trans de familia obrera en la periferia de Madrid durante las décadas de los 80 y de los 90 del siglo XX que se convirtió en fenómeno editorial: se han vendido más de 125.000 ejemplares y se ha traducido a casi una veintena de lenguas.
"Las mujeres asesinadas durante la Guerra Civil me obsesionan —reconoce la autora en Guillena—. Cuando empecé Cosamala me propuse escribir una historia oscura, lorquiana y de terror protagonizada por una parte de estas diecisiete mujeres que acabaron muertas". Entre ellas está Trinidad la Camacha, que sabe cómo contactar con el más allá; Manuela la Esterona, a quien el marido fugado visita clandestinamente; Dolores, que no tarda en perder al marido por culpa del arrebato de un falangista, y la Tórtola, camarera en uno de los bares del pueblo, siempre bajo sospecha por ser homosexual y travesti. Todas ellas, desesperadas por culpa de la represión creciente, acabarán optando por el camino de la brujería. "Uno de los grandes feminicidios de la historia fue el que se practicó contra las brujas. Cosamala es una novela en la que el realismo refuerza la dimensión sobrenatural de la historia. Es mi homenaje a uno de mis géneros literarios preferidos, el gótico", dice Portero.
Verdad, justicia y reparación
A Alana S. Portero le cuesta contener la emoción e indignación en relación con los hechos reales que inspiraron su novela, ya sea desde el actual ayuntamiento de la localidad andaluza, caminando por sus calles poco transitadas o en el cementerio, delante de la lápida de recuerdo de las víctimas, donde se pueden leer las palabras verdad, justicia y reparación y el mensaje "Que no se olvide en la vida la memoria de mi gente". "Desde la Antígona de Sófocles sabemos que uno de los peores castigos en una guerra es no dejar enterrar a las víctimas del bando enemigo con dignidad —hace memoria la autora—. El funeral por alguien que nos ha dejado es la manera que tenemos de seguir adelante. Sin este ritual, ¿cómo curamos la herida? En una guerra, no dejar que las familias se despidan de los muertos es un castigo absolutamente desproporcionado". Hasta que las diecisiete mujeres muertas de Guillena no fueron identificadas, sus parientes no pudieron reencontrarse con ellas. "Hay vecinos y vecinas del pueblo que salieron de casa después de decir «ahora vuelvo» y de los cuales no se supo nunca nada más —explica Blanca Domínguez Marcello, nieta de una de las 17 rosas–. La crueldad con las mujeres durante la guerra fue habitual, pero lo que pasó aquí fue extraordinario. Espero que no se olvide nunca".