Esto no va de líderes

3 min
El Planeta Tierra.
07/10/2026 - 12:01 h
Director adjunto en el ARA

Este mes se cumplen 800 años de la muerte de san Francisco de Asís. Falleció el 3 de octubre de 1226. Tenía 45 años y estaba prácticamente ciego. Se cree que la pérdida progresiva de visión, y el lagrimeo que le afectaba, y que se reproduce en algunos cuadros, era el resultado de una dolorosa enfermedad infecciosa: el tracoma, que provoca heridas en la superficie del ojo y en la córnea. Debió contraerlo en el viaje a Egipto de 1219. El hombre visionario que había cantado al "hermano Sol" se adentraba en la oscuridad.

Stefano Mancuso, botánico humanista, ha escrito de la mano de Francisco un particular Cántico a la Tierra (Galaxia Gutenberg, en traducción de Maria Llopis). Defensor de la inteligencia de las plantas, que cree que a veces tienen comportamientos más sofisticados que los animales, y de la necesidad de reverdecer nuestras ciudades (lo argumentó en el ensayo Fitópolis), como el fundador de los franciscanos y las clarisas cree que el ser humano está al mismo nivel que cualquier otra criatura viva, en medio de una red natural de iguales de una belleza indescriptible y de una maravillosa complejidad. Si Francisco abrazaba la energía del Sol y la Luna (27 millones de veces más pequeña que el Sol), del viento y el agua, del fuego, los animales y las plantas, Mancuso toma su visión para acercarnos a la realidad estancada de nuestro planeta, para hacer frente a la crisis climática, que es también una crisis de civilización.

Los gases de efecto invernadero han roto el milagro de la vida que tan bien captó Francisco, un milagro que se llama fotosíntesis, con las plantas como sacerdotisas del Sol, mediadoras de su energía, encargadas de la "cosecha de luz" que transforman en alimento. De todo esto, Mancuso se dio cuenta de pequeño, en una escuela de monjas hippies que daban clases al aire libre entre plantas silvestres e insectos, y que en cualquier ocasión citaban el Cántico de las criaturas de san Francisco. Aquel fraile revolucionario lo escribió poco antes de morir, entre 1224 y 1225, cada vez más ciego.

Quizás hoy, con sus palabras podríamos "salvar a toda la humanidad en peligro", dice Mancuso. Esta humanidad que ha adquirido la capacidad de cambiar el destino del planeta. "El antropoceno es precisamente esto: la certificación de que el hombre se ha convertido en una fuerza telúrica". Ante este poder, ¿estamos dispuestos a escuchar a Francisco?

En medio de los diluvios, vendavales e incendios que nos asedian, el biólogo italiano pone ciencia a las poéticas intuiciones del monje de la Toscana, a su filosofía ambientalista pasada por el filtro de la fe religiosa. En la secuencia de factores necesarios para la vida, aunque la Tierra sea el planeta azul, después de saludar al Sol y a la Luna, Francisco primero nos habla del aire, del hermano Viento. De alguna manera sabía que sin la atmósfera no puede haber agua. ¿Qué nos diría, pues, del agujero en la sutil capa de ozono (de 2,4 a 4,5 milímetros de grosor), este fino escudo de un gas venenoso que nos protege?

Después se dirige a la "muy útil y humilde" hermana Agua, que hoy sabemos que cubre el 71% de la superficie del planeta. Pero la dulce solo es un 2% (y de este, el 96% no está disponible porque se almacena en los casquetes polares, en los glaciares y en la capa de nieve). La destrucción del mar de Aral (el cuarto lago más grande del mundo) es "el peor desastre natural de la historia", dice Mancuso, que nos advierte que está pasando lo mismo con el lago del Chad, cuya superficie se ha reducido en más de un 90%. El agua es vida y puede ser muerte. En el 2500 a. C. los sumerios ya hacían guerras por el agua. Mancuso cree que Francisco, que profesaba la pobreza y rechazaba la propiedad privada (la naturaleza es de todos), nos diría que el agua vale mucho más que cualquier diamante.

Y el hermano Fuego, ¿qué? Como humanos, nos ha hecho más poderosos, longevos y sabios (nos ha iluminado), pero para verlo en la Tierra fue necesario que las plantas la colonizaran hace unos 470 millones de años liberando suficiente oxígeno para permitir la combustión. Y finalmente, antes de llegar a la Muerte (que forma parte del ciclo de la vida), Francisco termina con "la madre Tierra", que "nos sostiene y nos gobierna". Mancuso quiere volver a la idea franciscana de "cuidado" de nuestra "casa común", como decía hace poco otro Francisco, el anterior papa. La vida humana no va de líderes, sino de colaboración y de equilibrio natural. En la base de la selección natural no está el individuo, sino el grupo. En términos científicos, la verdadera fuerza motriz de la evolución no es la competencia entre especies, sino la colaboración. San Francisco ya lo sabía.

stats