Literatura

Una novela sobre el final traumático de la infancia

'Septiembre negro', la nueva novela de Sandro Veronesi, recuerda con todo lujo de detalles el verano que marcó a su protagonista

'Septiembre negro'

  • Sandro VeronesiPeriscopi / AnagramaTraducción de Pau Vidal296 páginas / 21,90 euros

Septiembre negro, de Sandro Veronesi (Florencia, 1959), es una novela de formación, pero sobre todo es una novela sobre el final traumático de la infancia. Para el protagonista, Gigio Bellandi, hijo de un abogado penalista arquetípicamente italiano (buen tipo y vitalista mundano) y de una madre irlandesa exuberante (piel blanca y pelirroja) y con un carácter mucho más fuerte de lo que parece, el verano de 1972, que como cada año pasó en un pequeño pueblo de la costa toscana con los padres y la hermana pequeña, marcó un antes y un después en su vida. Entonces tenía doce años, y ahora que tiene sesenta lo recuerda con todo lujo de detalles. Hasta las últimas páginas no sabremos qué le pasó exactamente, pero ya desde el principio tendremos claro que aquel verano decisivo representó para Gigio lo mejor y lo peor de la vida: el empezar a hacerse un hombre a través de la plenitud del amor correspondido y el ver cómo todo su pequeño mundo paradisíaco quedaba destrozado por culpa del egoísmo y las debilidades de los adultos.Teniendo en cuenta los materiales argumentales con que está hecha, Septiembre negro, traducida al catalán por Pau Vidal con el rigor vivísimo a que ya nos tiene acostumbrados, podría haber sido una novela breve –rápida, ágil, condensada e intensa–, pero se nota que, además de contar una historia, el autor también ha querido reconstruir un mundo y una época, la de la Italia de su preadolescencia (idolos deportivos, rutinas veraniegas, descubrimientos musicales), y por eso la novela es larga, detallista, con meandros, siempre vivaz pero, a ratos, narrativamente ceremoniosa. Esta opción narrativa y formal quizá en algunos pasajes resulta un poco prolixa, pero a la larga añade contundencia dramática al clímax. También da al conjunto de la obra aquel sedimento de sabiduría humilde pero trascendente que brota de la experiencia fundamentalmente examinada y meticulosamente destilada.Un hombre que recuerda, una voz que cuenta

Dos son las virtudes principales de Setembre negre. La primera es el tono de la voz narradora, evocador sin melancolías nostálgicas, reflexivo de una manera apasionada y robusta. Es una voz persuasiva y cálida que hace interesante todo lo que explica, tanto si inventara pasatiempos y rutinas de sol y playa como si reproduce conversaciones cataclísmicas espiadas en secreto. Es el poder inmenso de la literatura cuando es, puramente y simple, un personaje que recuerda y una voz que cuenta. La segunda virtud es una galería de secundarios memorable: el matrimonio bien avenido de los padres; la Astel Raimondi, la chica con quien Gigio descubre la felicidad completa del primer amor; los padres de la Astel; el tío anarquista y su ejemplo de dignidad y resistencia; la discreta y maravillosa hermanita del Gigio... Son unos secundarios que complementan y enriquecen al protagonista sin serle nunca subalternos.En una novela en la que durante casi trescientas páginas se anuncia y se va posponiendo la revelación de un hecho excepcionalmente dramático, existe el riesgo de no satisfacer las expectativas. No es el caso de Septiembre negro: la revelación final y la mezcla de sutileza y explosividad con que Veronesi la relata son admirables y de una eficacia total. La lección –digamos que lección– de todo ello, además, es sabia y resuena con mucha fuerza, y nos habla, implícitamente, del error fatal de la rencor y la proeza heroica del perdón.

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