Las primeras Jornadas Catalanas de la Mujer, medio siglo después
Celebradas en el paraninfo de la Universidad de Barcelona, aquellas históricas jornadas inauguraron el feminismo tal como lo entendemos hoy, en toda su complejidad
'Cataluña feminista'
- Isabel SeguraRosa dels Vents240 páginas / 23,90 euros
Ahora que se cumple el cincuenta aniversario de las históricas Primeras Jornadas Catalanas de la Mujer, hay tres maneras de recordarlas: visionar el documental Feminisme 76: Quan ens va canviar la vida, producido por RTVE Catalunya; leer Catalunya feminista. 27-30 de maig de 1976, de Isabel Segura; o asistir a alguna de las actividades que se celebrarán durante este mes de junio en la Fabra i Coats bajo el título Feminismes en revolta. 1976-1926.
Después de las conquistas logradas durante la Segunda República –largamente añoradas durante el franquismo–, en nuestra casa fueron aquellas Jornadas celebradas en 1976 en el paraninfo de la Universidad de Barcelona las que inauguraron el feminismo tal como lo entendemos hoy, en toda su complejidad. En un artículo publicado en Triunfo pocos días después, que se puede encontrar en la antología Som una ganga, Montserrat Roig elogiaba su buena organización y destacaba el clima apasionado que reinó. “Cuando las mujeres se reúnen para hablar de su liberación, es todo un mundo, complejo y marcado por siglos y siglos de civilización equivocada, que se pone en cuestión”, decía Roig. Y ciertamente, en aquellos tres días se hizo una enmienda a la totalidad de la situación de las mujeres, que la dictadura había agravado enormemente.
Ya en su día, Teresa Pàmies, que estuvo presente, resumió las jornadas en forma de crónica en el volumen Maig de les dones, un volumen que, por cierto, no agradó a todo el mundo. La historiadora Isabel Segura (Barcelona, 1954) no vivió las Jornadas, pero explica en su libro en qué consistieron aquellos significativos y multitudinarios encuentros donde asistieron entre tres y cuatro mil personas, casi todas mujeres. Mientras Pàmies incorporaba en su volumen algunas de las comunicaciones presentadas, Segura resume las diversas sesiones –sobre la familia, la educación, el trabajo, la política, los barrios, el mundo rural...–, que tuvieron lugar bajo la vigilancia de Juliana Morell, única mujer retratada que colgaba de aquellas venerables paredes.
Despenalizar el adulterio y el aborto
El valor más grande de este volumen es que Segura incorpora las Jornadas en un marco mucho más amplio que ayuda a entenderlas mucho mejor, glosando el antes y el después. Por un lado, los pasos adelante que se dieron durante el período republicano y, por otro, las consecuencias legales y sociales que al final tuvieron las Jornadas, como la despenalización del adulterio y el aborto. Porque las demandas formuladas allí sirvieron para presionar a los partidos políticos, que en los años siguientes propiciaron cambios legales significativos.
Estamos ante un relato con mirada retrospectiva, claro y bien articulado, con voluntad claramente divulgativa, que se suma a otros títulos de la autora como Barcelona feminista 1975-1988. Aquellas Primeras Jornadas Catalanas de la Mujer, que habían surgido a raíz del Año Internacional de la Mujer declarado por las Naciones Unidas en 1975, alcanzaron su objetivo: dar voz a las mujeres. A todas las que las hicieron posibles, ¡gracias sinceras!
Aquel mismo 1976 se celebró en el país la primera manifestación feminista autorizada. Y desde entonces ha sido un no parar de protestas y reivindicaciones para construir un mundo mejor. Ahora que se habla tanto de la división del feminismo, este libro sirve para recordarnos que el feminismo siempre ha sido plural y, también, que las diferentes sensibilidades están destinadas a entenderse. Porque todavía queda mucho terreno por ganar y nadie con dos dedos de frente quiere que Vox o Aliança Catalana nos arruinen la fiesta.