Literatura

"Queremos que estos poemas eróticos los lea todo el mundo, los hombres también"

Raquel Casas y Lídia Gàzquez publican una antología de poesía erótica que recupera el deseo femenino desde las trovadoras hasta hoy

Barcelona"Tengo un desficio, ay, inclemente, / por el caballero que me ha servido", escribió la condesa de Día a finales del siglo XII. "Yo soy la mala puta, toda sucia, criatura responsable del deseo", escribe en el siglo XXI Paula S. Piedad. Entre la una y la otra, nueve siglos. El camino, sin embargo, ha sido lentísimo. "El deseo femenino ha sido sistemáticamente demonizado o mal interpretado", aseguran Raquel Casas y Lídia Gàzquez, profesoras, investigadoras y creadoras de los pódcast geMMinades y LiteraCura't, que publican Foc al cos (Proa). Se trata de una antología que recorre la poesía erótica escrita por mujeres en catalán, desde las trovadoras medievales hasta las voces más jóvenes de la actualidad.

Para las dos autoras, esta antología era del todo necesaria para poder escuchar la voz de mujeres que hablan de su propio cuerpo y su sexualidad. "Hay antologías de poesía erótica o de poesía feminista, pero que trataran este tema con una vertiente histórica, desde sus orígenes hasta la actualidad, no encontrábamos", afirma Gàzquez.

Cargando
No hay anuncios

Para las dos investigadoras, el libro es un acto de justicia literaria. "Yo creo que no hay temas de primera y de segunda. El erotismo, el deseo y la sensualidad son tan importantes como la memoria, el paso del tiempo, el amor o la muerte", defiende Gàzquez. La antología pone de manifiesto un cambio de paradigma a lo largo de los siglos. Durante mucho tiempo el erotismo era percibido como una amenaza al orden establecido y el imaginario popular ha sido prolífico creando pecadoras, brujas, devoradoras y mujeres poseídas. "Aún es revolucionario que las mujeres seamos las que pronunciamos, las que manifestamos y las que somos el sujeto del deseo, no el objeto", reflexiona Casas.

Cargando
No hay anuncios

Todavía hay prejuicios

A pesar de los avances sociales conseguidos, Casas advierte que los prejuicios continúan muy vigentes en las relaciones cotidianas: "Todavía tenemos que creernos un poco nuestro lugar y tenemos que perder un cierto miedo, desprendernos de etiquetas. Si escribes poesía o literatura erótica, la etiqueta que te ponen puede ser la de fresca. En cambio, los hombres lo han hecho siempre. Vicent Andrés Estellés es uno de mis preferidos desde siempre; para ellos es totalmente lícito expresar su deseo".

Cargando
No hay anuncios

Esta asimetría social se traslada de manera directa a las páginas de los libros. "Todo aquello que es social también es literario; lo que pasa en la sociedad se refleja en la literatura, y la poesía erótica no es ninguna excepción", resume Casas. Ambas autoras señalan que las escritoras catalanas han tenido que hacer frente a una doble lucha: la de ser mujeres y la de escribir en una lengua maltratada.

En la antología se evidencia un gran vacío histórico: entre las trobairitz del siglo XII y Dolors Monserdà (1845-1919) solo hay un poema anónimo del siglo XVII. Gàzquez argumenta que este vacío responde directamente a las dificultades que han tenido las mujeres: "Las trobairitz eran señoras con un poder económico y un nivel social que les permitían acceder a la cultura y producirla. Después, dependiendo del momento histórico, las mujeres hemos estado dedicadas a tener hijos, recluidas en el hogar o trabajando fuera de casa, sin formación, ni tiempo, ni siquiera saber escribir". Esta ausencia de textos eróticos explícitos durante la Edad Moderna se explica también porque el deseo se tuvo que canalizar a través de otros caminos, como la poesía mística, un género donde la pulsión carnal se disfrazaba de devoción. "Nosotros lo tenemos clarísimo: la poesía mística es poesía erótica", afirma Gàzquez.

Cargando
No hay anuncios

¿Poesía mística o erótica?

«Cuando enseño mística, especialmente a san Juan de la Cruz o santa Teresa, les pongo un poema sin decir de quién es y los alumnos dicen enseguida que es erótico. Decir «encontrarte con Dios» era la manera de saltarse las normas a través de la mística», añade Gàzquez. Esta poesía, sin embargo, a menudo ha quedado fuera de la antología porque la mayoría de autoras optaron por escribir en castellano, no tenían producción poética o esta no se ha conservado. Isabel de Villena (1430-1490), por ejemplo, cultivó un gran erotismo místico en la Vita Christi, pero desde la narrativa. De Hipòlita de Roís de Liori (1479-1546) solo se conserva parte de un epistolario. Maria Àngela Astorc (1592-1665) era una monja de una gran intensidad mística, pero escribía en castellano, y de Hipòlita de Jesús (1603-1674) se ha conservado muy poca producción.

Cargando
No hay anuncios

No es hasta la llegada de figuras como Maria-Mercè Marçal (1952-1998) cuando se produce una auténtica "explosión de la expresión del deseo, especialmente del deseo entre mujeres", afirman las autoras. En la antología conviven muchas voces de los siglos XX y XXI: desde Víctor Català y Mercè Rodoreda hasta Dolors Miquel, Eva Baltasar, Carla Fajardo e Irene Solà, pasando por Olga Xirinacs y Josefa Contijoch. La antología deja claro que no hay carencia de léxico erótico y que no es necesario recurrir al castellano para expresarse. "¿Por qué no puedo decir coño y tengo que decir sexo así en general? La gente folla, no siempre hace el amor; no es la realidad. No se deben prohibir géneros como el Los peligros del porno en internet

Como docentes, tanto Casas como Gàzquez observan de cerca las nuevas generaciones de jóvenes nacidos en este siglo. "Las autoras más jóvenes son mucho más arriesgadas, directas en el lenguaje y comprometidas. Utilizan la poesía como una herramienta social de denuncia, verbalizando los abusos". Aun así, conviven diariamente en las aulas con el éxito arrollador del género conocido como dark romance, que suelen ser novelas de relaciones oscuras y tóxicas. Ambas creen que parte del atractivo de estos libros es que dan a los adolescentes lo que quieren: drama. "Si prohíbes un libro a un adolescente, irá de cabeza. Están en una época en la que sus sentimientos son intensísimos y conectan muy bien con estos dramas, con el sexo, el amor y la muerte". Casas, por su parte, pone el foco en un problema educativo mucho más profundo: el acceso temprano y sin filtros a la pornografía digital.

Cargando
No hay anuncios

"La adolescencia y la infancia aprenden las relaciones y el deseo muchas veces, lamentablemente, a través del porno hegemónico, donde la mujer es casi siempre el objeto pasivo que recibe golpes, escupitajos y tirones de pelo. Hablando con adolescentes me han llegado a decir que si no hay este componente de violencia, a veces no se erotizan, porque han aprendido a relacionarse pensando que lo que ven en el móvil es una relación sexual normal", dice Casas. Para combatir esta distorsión, las dos profesoras apuestan por dotar a los jóvenes de herramientas críticas, del acompañamiento de profesionales en las bibliotecas de los institutos y de referentes alternativos de calidad. "Con el porno debemos dejarles claro que es ciencia ficción, como Star Wars; no es la realidad. No se deben prohibir géneros como el dark romance, pero sí darles criterio", proponen. Para las dos autoras, su libro es sobre todo una fuente de conocimiento para todos los públicos. "No queremos que se etiquete como literatura femenina o feminista, como si no pudiera interesar a nadie más que a las mujeres leyendo mujeres. Queremos que estos poemas eróticos los lea todo el mundo, los hombres también; la poesía, el arte, también es conocimiento e interpelación", concluyen.