"Me repugna mi imbecilidad": la suculenta correspondencia de Flaubert, por fin en catalán
Club Editor comienza a publicar una antología imprescindible de las 4.000 cartas que Gustave Flaubert escribió a lo largo de más de 50 años
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Barcelona"No entiendo cómo he podido separarme de ti. ¡Soy así! Es mi naturaleza lamentable. Si no me quisieras me moriría, me quieres y aquí me tienes escribiéndote que basta. Me repugna mi imbecilidad". Así de apasionado y contundente sonaba Gustave Flaubert (Rouen, 1821 - Canteleu, 1880) cuando, a los 25 años, se comunicaba por carta con Louise Colet, el gran amor de su vida. Once años mayor que el futuro escritor, casada y madre de una niña, Colet empezó una relación con Flaubert que se alargó durante casi una década y que creció sobre todo a distancia, gracias a la correspondencia que los dos autores se enviaron.
Flaubert escribía las cartas a Colet, que vivía en París, desde la propiedad familiar de Croisset, en Normandía, donde el futuro autor de Madame Bovary se había instalado hacía poco con su madre a raíz de la muerte del padre y de su hermana pequeña con pocos meses de diferencia. "Soy como un adoquín del camino, la desgracia me pasa por encima y me pisa sin contemplaciones", comentaba el mismo año, 1846, a Ernest Chevalier, uno de sus mejores amigos, no mucho antes de conocer a Louise Colet.
Estos fragmentos tan golosos de dos de las cartas del escritor se pueden leer en Cartas de infancia y juventud (1829-1855), primero de los dos volúmenes de correspondencia que Gonzalo Torné está preparando para Club Editor, con la traducción de Georgina Solà Sellés, y que recorrerán toda la vida del escritor. "Hay autores que dan lo mejor de sí en la obra y que mantienen diarios donde incluyen anotaciones, esbozos e ideas que no están al nivel de la ficción. Un caso clarísimo en este sentido, al menos para mí, es el de Franz Kafka –comenta Torné–. Después hay autores como Lord Byron, en los que la obra tiene un gran valor, pero también su correspondencia, a través de la cual podemos conocer su vida y opiniones, que no aparecen en los poemas. Con Virginia Woolf, la obra literaria es muy importante, pero su diario tiene una entidad en sí misma, que nos permite comprobar su inteligencia extraordinaria". Para el antólogo del volumen, Flaubert, "padre de la modernidad literaria en Francia", pertenece a este tercer grupo.
Precisión vs. riqueza
"Hay dos tópicos fundamentales alrededor de Flaubert que la correspondencia matiza –continúa Torné–. El primero es que pretendía trasladar la fuerza y belleza de los poemas a las frases de la novela. Flaubert estaba convencido de que no podía haber momentos grises. Su estilo es de una gran precisión, control y contención, cosa que a menudo no pasa en estas cartas. Dominado por el espíritu de Rabelais, se suelta, exhibe una riqueza verbal extraordinaria que le pueden hacer ir del barro más asqueroso a las ideas más finas". El segundo tópico tiene que ver "con el autosabotaje constante" que Flaubert practicó desde el éxito de Madame Bovary (1857). El éxito y la controversia que acompañaron a esta novela hicieron que el escritor "se embarcara en una serie de proyectos absurdos", entre los cuales Torné cita Salambó (1862), ambientada en Cartago en el siglo III a.C., y también "la fantasía histórica" de La tentación de san Antonio (1874). "Flaubert soñaba con escribir una novela sostenida por la fuerza de su estilo, pero en ninguno de sus libros lo consiguió", continúa.
El proyecto de Club Editor de publicar la primera antología en castellano de la correspondencia de Flaubert empezó en 2020. Torné dividió en dos partes las más de 4.000 cartas enviadas a 300 corresponsales entre 1829, cuando solo tenía ocho años, y poco antes de su muerte, en 1880. Eligió un centenar que ha traducido Georgina Solà Sellés. "Trabajar con tanto tiempo me permitió hacer el trabajo de traducción una primera vez, rehacerlo casi entero y finalmente corregirlo a fondo con la editorial", comenta Solà, que durante este proceso también ha versionado Tres cuentos (1877) y el volumen misceláneo Fragmentos, ambos para Flâneur, en 2025. "En Tres cuentos, Flaubert puso en práctica un estilo tan transparente como le era posible, no quería que nada fuera estridente ni barroco –explica–. Traduciendo las cartas tuve que hacer el ejercicio contrario: Flaubert se contrapone a los corsés de la burguesía de la época y capta el ritmo de la vida a su aire. Cuando se maravilla por alguna cosa, lo transmite, y también cuando siente rabia. Incluso cuando escribe a Louise Colet lo hace sin medir mucho el impacto".
"No soy tan grosero como dices"
Por carta, Flaubert no tiene ningún problema en criticar la ausencia de emociones de su vida monástica en Croisset (la compara con "un lago, agua estancada donde no se mueve nada ni aparece nunca nada"), pero pocos días después exhibe un arranque de orgullo ("No soy tan grosero como dices, y amo algo más que este cuerpo precioso que tienes: tu persona"). "Detrás de esta historia de amor impresionante se da una gran complicidad entre ambos, aunque sean dos artistas que comparten muy pocas cosas", explica la editora Maria Bohigas poco después de volver de París, donde ha acompañado Eva Baltasar con motivo del premio Médicis Étranger por la traducción francesa de Ocaso y fascinación.
"Llegué a Flaubert a través de Madame Bovary durante la última etapa de instituto –recuerda–. Me fascinó absolutamente, aunque es posible que en aquellos momentos hiciera una lectura muy literal. Más adelante, leí La educación sentimental [1869], Bouvard y Pécuchet [1881] y los Tres cuentos. Cuando, finalmente, llegué a la correspondencia, reencontré el magnetismo del Flaubert de Madame Bovary. Mientras lees sus cartas no te preguntas nada, te dejas llevar por la seducción poderosísima de una sensibilidad puesta en palabras que te traslada a otra realidad. Poco a poco vas conociendo a un personaje que resulta irresistible". Para Bohigas, Flaubert "es más generoso por carta que en las novelas". Y añade: "A menudo me hace morir de risa y de ternura. Estas cartas te hacen intimar con la literatura en su versión más ambiciosa y vital. Son la manera que tiene de explicar que no quiere tirar la vida a la papelera".
Flaubert y el turismo sexual
Aparte de las lecciones esporádicas sobre creación literaria que el autor suelta, como que "no hay peor debilidad que poner los sentimientos propios en el arte" o la obsesión por "la falta de orden", una de las partes más interesantes y controvertidas de este primer volumen de correspondencia, que llega hasta 1855 –cuando el autor todavía no ha debutado con Madame Bovary– es la que recoge el viaje de dos años a Oriente acompañado de su amigo Maxime Du Camp. Salen de París a finales de 1849 y no vuelven a Francia hasta junio de 1851, después de recorrer Egipto, Nubia, Palestina, Siria, el Líbano, Constantinopla y Grecia. "Son páginas en las que abunda el exceso, la suciedad y la escatología, un testimonio del turismo sexual y la depredación", opina Gonzalo Torné. "A veces notas una cierta tensión con lo que explica que hace –continúa Solà–. Hay que recordar que son cartas que envía a su madre y a su amigo Louis Bouilhet".
Dos ejemplos. El 2 de junio de 1850 escribe, desde Egipto: "En Qena me follé a una maturranga preciosa que me apreciaba mucho y me hacía señas para decirme que tenía unos ojos bonitos. Se llamaba Osneh Tauileh, que quiere decir yegua alta. Y otra guarra que me hizo tocar el cielo y olía a mantequilla". El 20 de agosto de 1850, poco después de pisar Jerusalén por primera vez e indignarse porque habían "conseguido que los lugares santos sean ridículos", se desahoga en Beirut con tres prostitutas. "Revolví a las turcas con mi cinismo lavándome la polla delante de todo el mundo", escribe a Bouilhet antes de explicarle que "las fulanas bebían como cosacas" y de dar otro detalle sórdido: "Recuerdo a una de cabellos negros rizados que llevaba un tallo de jazmín en la cabeza y que me pareció que olía muy bien (uno de esos olores que llegan al corazón) cuando le eyaculé dentro".
"Si queríamos editar bien las cartas de Flaubert teníamos que ser políticamente incorrectos, y por este motivo no quisimos pasar por alto el viaje a Oriente –comenta Maria Bohigas–. Nuestro presente querría borrar todas las ideologías que no son la suya. Hay gente que cree que borrando algunas formas de pensar conseguirán que desaparezcan, y no es así. Algunas de las conductas que Flaubert y Maxime Du Camp ponen en práctica son un reflejo del hecho colonial, tal como apuntó muchos años después Edward Said en Orientalismo [1978]".
Gonzalo Torné y Georgina Solà ya trabajan en el segundo volumen de correspondencia, que ha de ver la luz en 2028. "La variedad de corresponsales será mayor, y pasa por autores tan destacados como George Sand, Iván Turguénev y Guy de Maupassant –avanza Torné–. El corte entre las diversas secciones será a partir del año de publicación de las obras y de las reacciones que provocan en Flaubert". Si bien Proa acaba de reeditar este otoño la traducción de Lluís Maria Todó de Madame Bovary, Viena ultima una nueva versión castellana de la novela, que debería ver la luz a principios de 2027. Flâneur anunció hace unos meses que tenía a punto la traducción revisada de Bouvard y Pécuchet a cargo de Jordi Llovet, pero todavía no la ha vuelto a poner en circulación. Teniendo en cuenta que La educación sentimental se puede conseguir en formato bolsillo –versionada por Todó en 2009–, solo quedan por recuperar Salambó y Las tentaciones de San Antonio, que Jordi Llovet tradujo para Proa en 1995. La edición de esta antología de la correspondencia llena un vacío relevante en la bibliografía en castellano de un autor que, a partir de los 30 años, apenas salió de casa, dedicado en cuerpo y alma a su literatura.