Un saco de ilusiones perdidas en el fondo del pantano
La historia de 'Los ermos', de Carlota Gurt, recae de forma casi exclusiva sobre dos personajes, Ramona y Faust, tan diferentes y alejados entre sí que el lector no puede hacer otra cosa que desear que se acerquen
'Los páramos'
- Carlota GurtAnagrama248 páginas / 18,90 euros
La lectura de Els erms es eléctrica: hay que aplaudir la habilidad de Carlota Gurt a la hora de distribuir la información a lo largo del libro, la prosa precisa y, cuando es necesario, vertiginosa, y el estilo límpido, perfectamente adaptado a la historia que quiere explicar. Una historia que recae de forma casi exclusiva sobre dos personajes, Ramona y Faust, tan diferentes y alejados entre sí que el lector no puede hacer otra cosa que desear que se acerquen. Ambos son un poco repulsivos, pero altamente estimables y, sobre todo, están magníficamente construidos. Sus trayectorias dibujan una parábola como de bolas de billar que se tocan una vez, se alejan y vuelven a rodar la una hacia la otra, indefectiblemente. Quizás la resolución final no satisfará a todos los lectores, pero el mecanismo de relojería que se despliega hasta llegar a ella es digno de elogio.
El azar los hace coincidir en un lugar remoto y un poco antipático, el parador junto a la presa de Sau. La localización elegida es ideal y está bien descrita: la decoración rancia y decadente, la niebla que lo envuelve todo y convierte el hotel en una cámara estanca, el pantano casi vacío: todo contribuye a crear la atmósfera opresiva y de tragedia inminente que hace de decorado perfecto para la historia de Ramona Ra, una socióloga podcaster y articulista con un poco de síndrome de la impostora, que tiene dudas sobre la relación que mantiene con una novia inglesa. Además, tiene que escribir una conferencia y, lo que es peor, ha firmado un contrato para escribir un ensayo que no tiene ninguna gana de emprender. Es la víspera de Navidad y hay una hermana con familia que la reclama, pero Ramona prefiere enfilar la carretera y aislarse de un mundo que juzga con dureza.
Equivocarse sin parar
es una novela nerviosa, cincelada, muy bien construida, habitada por un hombre y una mujer bien de carne y huesos.
Y no todo es trama, en este libro: la voz narrativa incrusta aquí y allá una serie de reflexiones e intuiciones, algunas muy agudas, sobre el estado del mundo, pero también sobre la capacidad de la ficción para superar los embates de la vida real. No hay una sola tesis, más bien capas de significados que se superponen y un puñado de buenas imágenes para ilustrarlas: las cicatrices que recorren el cuerpo de Ramona se resquebrajan como las grietas del fondo del pantano de Sau en plena sequía, una sequía que también aflora en los ojos resecos de los dos personajes, que sobreviven a base de colirio, y en la ausencia total de sexo, porque estos fluidos también van a la baja. Los ermos es una novela nervuda, cincelada, muy bien construida, habitada por un hombre y una mujer bien de carne y huesos.