Subrayar a Balzac

BarcelonaComo ya es sabido, hay dos tipos de lectores, los que todavía estamos anclados al papel y los que se han dejado seducir por las nuevas tecnologías. A final de verano escuchaba a alguien que alababa la comodidad del e-book para ir a la playa porque no pesa, no se moja, no se estropea. Me escandalicé, teatralizando un poco mi reacción: no hay nada que me guste más que aquella gran novela que he leído frente al mar y que queda arrugada, las páginas haciendo ondas y, cuando vas a guardarla en la estantería, todavía caen al suelo unos granitos de arena.

En el grupo de los lectores de libros tradicionales hay una subdivisión: los que tratan el libro como un objeto sagrado y por tanto no lo rayan ni doblan las páginas y los que lo manipulamos con afecto pero sin respeto. No hay nada que me guste más que recuperar un libro heredado de mi madre y encontrar en él párrafos subrayados o anotaciones hechas en los márgenes. El libro crece y adquiere otra dimensión.

Cargando
No hay anuncios

Hace poco cogí La mujer abandonada, de Balzac, en la edición que ha hecho recientemente la colecciónPetits Plaers, de Viena. Lo empecé, como hago casi siempre, con un lápiz en la mano y, solo al comienzo de la novela subrayé esta frase: “El año 1822, en los primeros días de la primavera, los médicos de París enviaron a la Baja Normandía a un joven que padecía entonces una enfermedad inflamatoria causada por algún exceso de estudio, o tal vez de vida”. Empezamos bien, pensé.

Poco, muy poco después, me topé con la frase: “Salvo algunos detalles, todas las ciudades pequeñas se parecen”. También la subrayé y, mientras lo hacía, recordaba el conocidísimo inicio de Anna Karénina: “Todas las familias felices son iguales, cada familia infeliz es infeliz a su manera”. ¿Quién había leído a quién? Lo busqué y confirmé que Balzac había escrito la frase antes de que Tolstói publicara su Anna Karénina.A partir de aquí, Balzac iba desenredando una historia de amor, seducción y convenciones sociales con su inabarcable talento narrativo. Volví a subrayar: “Solo somos despiadados con las cosas, los sentimientos y las aventuras vulgares. Cuando atraemos miradas, parecemos grandes”.

Cargando
No hay anuncios

Creo que aquí ya solté el lápiz amarillo y negro, admitiendo que mi subrayado abusivo no tenía ningún sentido. Seguí deleitándome con la historia de amor de Claire y Gaston y solo volví a buscar el lápiz hacia la parte final del libro, cuando ella, en una carta dirigida a su amante, le escribe: “Hazme sufrir, pero no me engañes”.