Ir a terapia con "la secreta ilusión y esperanza de mejorar" y sentirse estafada
La humorista y guionista Maria Rovira, conocida con el pseudónimo de Oye Sherman, publica el libro de recuerdos y pensamientos 'Garlanda'
'Guirnalda'
- Maria RoviraBlackie Books176 páginas / 19,90 euros
El libro que aquí comentamos debía titularse Debe haber una mejor manera de hacer esto, que la autora, la humorista Maria Rovira (Barcelona, 1990), dice que es un mantra que la acompaña. Pero aquel título cayó en beneficio de Garlanda, que según el diccionario del Institut d’Estudis Catalans es una cadena de flores, de follaje trenzado, que se cuelga como adorno; y quien dice flores, dice banderolas o lo que sea. Es en función de esta idea de hilera de recuerdos y pensamientos que debemos leer este libro, que lleva por subtítulo “Palabras, pérdidas y otras celebraciones”.
En su trabajo como monologuista y colaboradora de programas de humor bajo el nombre artístico de Oye Sherman, Rovira tiene un porte serio y no juega a la hilaridad permanente, sino que dosifica las bromas, los golpes de ingenio. No encontramos aquí, por tanto, la carcajada en cada página, sino un sustrato humorístico que brota a pequeñas pinceladas y que se ayuda de las bienandanzas notas a pie de página, donde encontramos informaciones complementarias del estilo: “Qué japonesa suena la palabra notario, ¿verdad?” o “Qué llanto”.
Domina esta trenza de contenidos la veta autobiográfica, es decir, el relato de su existencia mirada con la correspondiente distancia humorística: "Yo fui a terapia con la secreta ilusión y esperanza de mejorar, de convertirme en alguien otro, alguien que sí mereciera el amor y la consideración de los demás y propio, el huevo y la gallina. Y cuando vas, te dicen: «No, no, es que te tienes que querer así: como eres». Qué estafa. Devuélveme el dinero".
Así, sabemos que de niña no aprendió a hacer la vertical ni tampoco a decir correctamente las horas. Somos testigos de escenas familiares, la acompañamos a la esteticista y a la clase de aquagym, donde la imaginamos dentro de la novela gráfica de Marina Sáez. Compartimos con ella la muerte del padre y las preocupaciones propias de la treintena, que retrata a caballo entre la célebre frase de Dante –nel mezzo del cammin– y otra de una película de Agnès Varda, donde un personaje dice: “Ya hemos cagado la mitad de nuestras mierdas”. Garlanda nos sirve para conectar mejor con una generación quizás un poco estigmatizada, pero que no deja de ser nuestra esperanza de futuro.
Amar las palabras
De pequeña la autora quería ser escritora y, como buena millennial, le hicieron leer en primaria un cuento de aquellos que no haría falta leer y que aquí cita. Aunque también salen la Vida privada de Sagarra, las excelentes memorias de Patti Smith, los Vínculos feroces de Vivian Gornick y, hasta, J.D. Salinger. Aquellos cuentos leídos cuando era niña, aunque prescindibles, anidaron en ella las ganas de explicar historias y el amor por las palabras, que es uno de sus rasgos característicos.
A menudo en el texto sus intereses lingüísticos, que a lo largo del texto aparecen de manera recurrente y son su sello personal. Encontramos, entre otros, los sinónimos de nyanyo o la etimología de la palabra alopecia. Al final, un apéndice nos regala las palabras que le gustan y otras que le llaman la atención, ya sea porque parecen incorrectas, pero no lo son, o porque podrían existir, pero no existen. Me ha encantado el capítulo de los “pensamientos intrusivos” y puedo destacar algunas frases brillantes que me han hecho reír de verdad: “Que tu vida te parezca mejor o peor puede depender exclusivamente de cuatro endorfinas que hayas arañado nadando”; “El ego masculino herido es de los materiales más inflamables que existen”; “Me gustan los bebés llorando en el bus por la mañana, porque así hay alguien que no está fingiendo que está bien”.