Festivales de música

Magnífica velada de ópera para inaugurar el aniversario del Festival Perelada

Benjamin Bernheim y Ermonela Jaho protagonizan un recital de arias y canciones italianas y francesas que abre la 40ª edición del certamen

Act. hace 16 min

Ermonela Jaho y Benjamin Bernheim

  • Iglesia del Carmen del Castillo de Peralada17 de julio de 2026

Primera gran noche de ópera de verano en el Empordà. El Festival Perelada ha inaugurado la edición del 40º aniversario con un recital excelente, protagonizado por dos grandes estrellas del panorama lírico internacional: la soprano Ermonela Jaho y el tenor Benjamin Bernheim, que, acompañados del pianista Marco Madrigal, han brindado un recorrido brillante por arias y canciones de compositores italianos y franceses del romanticismo y verismo de finales del siglo XIX.

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El tenor francés, que vive un momento de plenitud vocal absoluta, ha sido, sin duda, el gran triunfador de la noche. Garante de un timbre esmaltado y luminoso, modela el canto con una línea elegante, de musicalidad exquisita, sumada a un profundo sentido estilístico y a una dicción impecable. Su proyección en la emisión, realmente poderosa, colmaba las paredes de la iglesia del Carmen en el punto justo de cada intervención, sin caer nunca en el efectismo tosco ni la vehemencia excesiva.

A su lado, Jaho no lució tanto como en otras ocasiones. Sus pianissimi son excelsos y profundamente expresivos, pero cuando la voz se abre y necesita más expansión sonora, el color se aspereza un punto y pierde redondez. Con todo, la soprano albanesa compensa cualquier síntoma de decaimiento vocal con una presencia escénica incontestable, capaz de dar sentido e intensidad dramática a cada palabra.

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Los dos solistas van interpretando la mayoría de piezas en solitario, entrando y saliendo del presbiterio de la iglesia, solo con dos escasos dúos compartidos durante todo el repertorio. De la primera parte, dedicada a Cilea, Puccini, Verdi y Leoncavallo, el momento más logrado de Jaho fue lo son l'umile ancella, de Adriana Lecouvreur, donde pudo desplegar su refinamiento en el canto sostenido y los reguladores. Bernheim, por su parte, cautivó (e incluso sorprendió) desde el primer momento con el espectacular adiós de E lucevan le stelle, de Tosca.

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La segunda parte, centrada en dos grandes óperas de Massenet y Gounod, coronó al tenor, gran especialista en el repertorio francés. Maravilló con un espectacular Pourquoi me réveiller, de Werther, transitando con finura del heroísmo a la melancolía del personaje, justo después de la luminosa Ah! lève-toi, soleil!, de Roméo et Juliette, resuelta con gallardía y naturalidad. En la recta final, Jaho abordó una suspirada interpretación de la nostálgica aria "Allons! Il le faut... Adieu, notre petite table de Manon, para dar paso al colofón de la escena del reencuentro de los amantes en Saint-Sulpice de la misma ópera. Los dos solistas acabaron absolutamente compenetrados, con una química fantástica, creando una tensión musical y teatral cautivadora. Al terminar, público en pie y sin propina. Ninguna otra pieza habría mejorado este final.