BarcelonaTres décadas de silencio discográfico y de escenarios separados no han sido suficientes para enfriar la llama. El Último de la Fila ha vuelto a hacer suyo el Estadio Olímpico de Montjuïc este jueves, repitiendo la hazaña del domingo pasado en una doble cita que ya es historia de la música en nuestro país. La última vez que el grupo pisó el césped del Anillo Olímpico fue el 6 de octubre de 1990, en un cartel compartido con Tina Turner y Sopa de Cabra. Treinta y seis años después, el grano de las fotografías en blanco y negro ha dado paso a una explosión de color y nostalgia viva: Manolo García y Quimi Portet ante una legión de seguidores que no solo recuerdan las canciones, sino que las habitan. El ambiente, como ya apuntabaXavier Cervantes en la crónica del primer concierto, ha sido extraordinario. Sobre el escenario, la química entre el dúo barcelonés se ha contagiado a un estadio entregado, cerrando un círculo emocional iniciado a finales de los ochenta y que este 2026 ha vivido su capítulo más emotivo –y con toda probabilidad el definitivo–. Esta despedida en mayúsculas no solo ha servido para decir adiós, sino para certificar que el repertorio de El Último de la Fila tiene una vigencia ajena al paso del tiempo y a las modas.