Buscas familiares que lucharon en la Guerra Civil? Nace una base de datos con 37.002 milicianos
El archivo de los subsidios que la dictadura se llevó a Salamanca sale a la luz para desmontar mitos sobre el conflicto y ayudar a las familias a encontrar a sus parientes
BarcelonaAl acabar la Guerra Civil, la Delegación Especial de Documentos del aparato franquista confiscó toneladas de documentación administrativa de la Generalitat y de diversas entidades con una clara finalidad represiva. Entre esta documentación se encontraban los papeles de la Oficina de Subsidios de la Generalitat, con el nombre, la afiliación política, el lugar de nacimiento y los frentes y columnas donde habían combatido 37.002 milicianos y milicianas. Fueran hombres o mujeres, e independientemente de su rango, cobraban 10 pesetas diarias. Esta documentación, después de una larga e intensa movilización de la sociedad civil catalana, retornó a Cataluña en 2006. Fue el primer ingreso, de 500 legajos, que llegó al Arxiu Nacional de Catalunya (ANC). Este fondo ha hecho posible que el Memorial Democràtic, con la colaboración del archivo, cree una base de datos de milicianos abierta al público."Con esta herramienta, familiares e investigadores podrán encontrar las trayectorias vitales de sus parientes", asegura el historiador Gonzalo Berger, doctor en historia contemporánea por la Universitat de Barcelona y especialista en las milicias. Berger ha liderado la investigación que culmina once años de investigación iniciados con su tesis doctoral. El valor humano de esta herramienta es evidente en testimonios como el de Marta Domper, que durante años buscó pruebas de la historia de su tío abuelo, Joaquim Domper. "A veces me había llegado a preguntar si realmente había existido –explica–. En casa siempre se había hablado de mi tío abuelo como un héroe. Era de la CNT y se fue como voluntario a luchar contra los sublevados". Después marchó a Francia a luchar con la Resistencia y nunca retornó a España.
"Mi padre decía que el abuelo había sido muy valiente. Se hablaba de anécdotas como cuando, en la Batalla del Ebro, salía de la trinchera y robaba comida al bando franquista. En Francia lo hicieron prisionero los nazis, pero después lo liberaron", dice Marta Domper, que tenía toda esta información porque se hablaba en casa, pero nada oficial, ningún papel, ningún documento, porque Joaquim murió en Francia solo, nunca se casó ni tuvo hijos. "Había cartas y papeles, pero o se perdieron o se quemaron. Busqué muchísimo y no encontraba nada hasta que di con la tesis de Berger. Él ha recogido los datos del subsidio y encontré el día que marchó al frente, uno de los primeros días, el 23 de julio, con la columna Durruti", explica Marta Domper, que no quiere que la historia del bisabuelo quede enterrada bajo el silencio. "Mi padre está perdiendo la memoria y me daría mucha pena que se olvidara para siempre; para mí es como una deuda", añade.
A partir de 1980, con la Transición, se empezó a plantear el retorno de todo el patrimonio documental requisado por los franquistas. "Aunque inicialmente el ministerio de Cultura reconoció la legitimidad de la reclamación, durante años se alegaron impedimentos técnicos para evitar su traslado. Entre 1996 y 2003 la negativa del Estado fue rotunda, lo que desencadenó una intensa movilización de la sociedad civil catalana. Finalmente, gracias a la ley de restitución 21/2005, en 2006 se produjo el primer retorno a Cataluña de estos fondos, conocidos popularmente como " papeles de Salamanca", explica Enric Terradellas Prat, jefe del área de los Fondos de la Administración en el Arxiu Nacional de Catalunya.
Las 1.501 milicianas: "Ni se las esperaba ni se las quería"
Todos los documentos del pago de subsidios tienen el escudo de la Generalitat y sellos de control, y consta el nombre del miliciano, la persona que cobraba la ayuda en su nombre, el frente, la población y los pagos recibidos. "Gracias al cruce de datos con el censo del Costo Humano de la Guerra Civil, ya se ha podido identificar la defunción de 1.900 de estos milicianos, además de documentar 500 heridos y 200 enfermos", detalla Berger. "Había 1.501 milicianas. Es un hecho excepcional y masivo. Ni se las esperaba ni se las quería, pero decidieron también tomar el golpe de Estado. La mayoría eran mujeres con una trayectoria política previa –afirma el historiador–. Muchas familias desconocen que estas mujeres habían combatido. Algunas marcharon al exilio y continuaron luchando, a veces en la Resistencia francesa, de la misma manera que otras retornaron y no volvieron a hablar de ello; no les quedó ninguna otra alternativa que aceptar el rol doméstico y silencioso de mujer que les otorgó el franquismo", añade.
La insurrección militar en Barcelona se dio por fracasada el 20 de julio de 1936, pero una parte importante del territorio español quedó bajo el control de los militares golpistas, especialmente en Aragón, hecho que representaba una amenaza directa para Cataluña. Para responder a esta situación, el presidente Lluís Companys firmó el 21 de julio de 1936 el decreto de creación de las Milicias Antifascistas de Cataluña. Integradas principalmente por voluntarios de las organizaciones antifascistas y por militares fieles a la República, estas unidades tenían como primer objetivo contener el avance de las tropas sublevadas. El Comité Central de Milicias Antifascistas asumió la organización, el reclutamiento y el equipamiento de los combatientes y, dos días más tarde, las primeras columnas marcharon hacia el frente de Aragón.
"Para poder cobrar el subsidio, los milicianos debían disponer de un aval político o sindical para demostrar que pertenecían a alguna de las organizaciones del Comité de Milicias; el control era estricto para evitar infiltraciones de gente de derechas. Esto nos ofrece un mapa muy preciso: el 39% estaban avalados por la CNT, el 25% por el PSUC, el 10% por ERC, el 6% por el POUM, el 3% por Estat Català (recién refundado en 1936), el 3% por la UGT, el 2% por la FAI y el 5% restante por otras entidades como Acció Catalana o el CADCI. Estos datos nos ayudan a desmontar el mito de que las milicias estaban formadas exclusivamente por libertarios", dice Berger.
Aunque un 7% de voluntarios residían fuera de Cataluña, Barcelona actuó como gran polo de reclutamiento. También hay un 3% de combatientes internacionales, muchos de ellos hijos de exiliados políticos y económicos en Francia. En cuanto a los frentes, la gran amenaza estaba en Aragón, donde se desplegaron la mayoría de columnas. También hubo la expedición a las Baleares, y entre septiembre y diciembre de 1936 unos 6.000 combatientes catalanes se desplazaron a defender Madrid. El resto se repartió en frentes menores y en la defensa de la costa.
Mucha información perdida
"Se han tenido que cruzar muchas fuentes. El fondo documental de los subsidios de Barcelona está incompleto y se ha tenido que recurrir a nóminas militares de diversas unidades. Además, en las milicias comarcales de una veintena de municipios no hay registro documental directo de estos subsidios; puede que estos papeles estén en algún rincón de Ávila sin inventariar, o que fueran destruidos", lamenta Berger, que asegura que la base de datos se irá actualizando a medida que se incorporen nuevas investigaciones y fondos documentales que actualmente están dispersos o pendientes de inventariar en archivos como el de Ávila. Para el historiador, es importante remarcar que todos ellos fueron voluntariamente a la guerra: "Nadie les obligó a ir a combatir y eso los hace especiales, porque estamos hablando de una guerra, que es la peor experiencia que puede vivir una sociedad".
"Esta base de datos responde a la resistencia popular y civil que se organizó inmediatamente después del fracaso del golpe de Estado militar en Barcelona el 20 de julio de 1936. No hacemos una conmemoración explícita de la Guerra Civil, pero sí que recordamos sus 90 años porque es el episodio más trascendente y definidor de nuestra historia reciente, con unas consecuencias sociales y políticas que llegan hasta el día de hoy", asegura el director del Memorial Democràtic, Jordi Font. La nueva herramienta se inscribe dentro de un proyecto mucho más amplio que es el Banc de la Memòria. "Esta iniciativa es, en esencia, un ejercicio de historia pública: trasladamos el trabajo riguroso de la academia directamente a la sociedad", añade.
"Presentar esta base de datos es celebrar el retorno de la documentación que nos fue sustraída para ser utilizada como herramienta de represión contra nuestra población. Hoy, gracias a este proyecto elaborado íntegramente por el Memorial Democràtic y compartido con la ANC, devolvemos esta documentación a la ciudadanía. Son testimonios –como el dietario de Pilar Duaygües i Nebot (1921-1998), del cual publicaremos una treintena de clips audiovisuales combinándolo con imágenes seleccionadas de nuestros fondos documentales para ilustrar aquello que se explica– que nos explican cómo se vivió y sufrió la guerra desde abajo", afirma Pilar Cuerva Castillo, directora del Arxiu Nacional de Catalunya.