Alto voltaje para cerrar la temporada de Ibercamera
Magnífico concierto de Orquesta Gürzenich de Colonia bajo la dirección de Andrés Orozco-Estrada en L'Auditori
Orquesta Gürzenich de Colonia
- Ibercamera. L'Auditori. 18 de mayo de 2026
Broche de oro para la 42ª temporada de Ibercamera, con un lleno absoluto en L'Auditori para oír la casi centenaria (en 2027 celebrará un siglo de vida) Orquesta Gürzenich de Colonia, con dirección del colombiano Andrés Orozco-Estrada.
Unir Wagner, Richard Strauss y Mahler en una sola velada siempre da que salivar, aunque hay que ir con cuidado con las indigestiones, porque los tres músicos ofrecen obras complejas y que contienen mucha información para una sola velada.No obstante eso, optar por la obertura de El holandés errante significa tocar un Wagner ya programático pero menos denso que sus obras más metafísicas. Y te puedes lucir y quedar como un señor. Orozco-Estrada no siempre midió bastante bien los planos sonoros y el inicio de la pieza sonó excesivamente monolítica y como si no se hubiera hecho prueba de sonido en L'Auditori. Los matices y el cuidado en el discurso sí que se enseñorearon, en cambio, en la escena conclusiva de Capriccio (la última ópera del catálogo de Strauss), en la que la soprano Christiane Karg exhibió timbre bellísimo y pureza en la línea de canto. Fue una versión más liedística que teatral por razones obvias, dado el contexto de un concierto. Pero el listón había quedado alto para abordar la segunda parte.No defraudaron ni orquesta ni director con una Primera Sinfonía de Mahler de alto voltaje. El maestro colombiano aclaró después del segundo movimiento que era lícito aplaudir, si bien “amenazaba” con repetir lo que se aplaudía. Verdadera lección de savoir faire, nada incompatible con su buen oficio con la batuta, de gesto anticipado, claro, preciso y entusiasta. Todo esto ante un conjunto orquestal de más de noventa músicos de secciones bien engrasadas y con resultados extraordinarios a lo largo de los cuatro movimientos, culminados con un final electrizante, de los que dejan huella.Puestos a encontrarle pegas, habría preferido más transparencia en la cuerda al último movimiento, siempre reclamado por metales y percusión en aquel viaje que Mahler hace del infierno al paraíso y con aquella traca final de resonancias protocinematográficas. Nada que decir, sin embargo, para un trabajo conjunto impecable y ante unos músicos formidables.La temperatura se elevó a niveles tórridos. Fue necesario un fragmento de las Variaciones Enigma de Elgar para volver a temperatura ambiente.