Seis siglos sin cambios en el ADN de los íberos
Un estudio de la UAB estudia genéticamente los restos de niños de tres yacimientos de Cataluña
BarcelonaLos romanos dejaron una profunda huella en la península Ibérica, visible en el latín, el derecho romano, los acueductos, los puentes, los anfiteatros o los arcos de triunfo. Gracias a la genética, ahora sabemos que su llegada también cambió el ADN de la población. Un estudio liderado por investigadores de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y publicado en la revista iScience ha obtenido la imagen más completa y precisa hasta ahora de la historia y la evolución genética de los pueblos íberos que habitaron el noreste de la península Ibérica desde los inicios de la edad del hierro hasta la conquista romana, hace entre 2.700 y 2.100 años.
La información genética permite saber muchas cosas, desde el origen de los íberos hasta las dinámicas de movilidad o la apertura de la sociedad de la época a otros pueblos. No es fácil seguir el rastro de esta cultura porque hasta ahora no se ha descifrado su lengua y tampoco hay muchos restos humanos porque quemaban a sus muertos. Toda la información del estudio se ha obtenido a partir del análisis del genoma de 54 bebés enterrados en estructuras domésticas y zonas productivas de tres yacimientos: los Vilars, en Arbeca (Lleida), perteneciente al pueblo ilergete; Sant Miquel d’Olèrdola, en Olèrdola (Penedès), del pueblo cossetano, y el Camp de les Lloses, en Tona (Barcelona), del grupo de los ausetanos.
Los esteparios fueron los que provocaron el cambio más radical. En pocos siglos, prácticamente el 100% de los linajes masculinos autóctonos (el cromosoma Y) fueron sustituidos por el linaje estepario (R1b)Todos los individuos analizados tenían el perfil genético establecido por las oleadas migratorias que llegaron a la península Ibérica antes y durante la edad del bronce: los cazadores recolectores de Europa Occidental, los agricultores de la región de Anatolia (la actual Turquía) –que protagonizaron la Revolución Neolítica en Europa, por donde se extendieron rápidamente– y los esteparios o iamna, que llegaron hace unos 4.500 o 5.000 años originarios de las estepas pónticas, al norte del mar Negro y el mar Caspio, entre las actuales Ucrania y Rusia.
Sin cambios después de los esteparios
Los esteparios fueron los que provocaron el cambio más radical. En pocos siglos, prácticamente el 100% de los linajes masculinos autóctonos (el cromosoma Y) fueron sustituidos por el linaje estepario (R1b)información muy precisa sobre los restos de los niñosEste aislamiento de la sociedad íbera no fue del todo igual en todas partes. Los asentamientos que estaban cerca del mar eran un poco más permeables, porque tenían más contacto con griegos, fenicios y cartagineses que hacían parada en sus rutas comerciales. Los Vilars evidencian un reducido grado de mestizaje, mientras que el yacimiento costero de Sant Miquel d'Olèrdola, conectado al mar por riachuelos y próximo a los puertos de Sitges y Darró, muestra más aportaciones genéticas externas. Por ejemplo, se ha encontrado un recién nacido con el haplogrupo mitocondrial M1, de origen norafricano. Los investigadores sugieren que podía tener ascendencia cartaginesa o púnica.
La verdadera sacudida llegó con los romanos y la Segunda Guerra Púnica, que comportaron muchos cambios sociales. El ejemplo más claro se encuentra en el yacimiento del Camp de les Lloses, donde los habitantes trabajaron en la construcción de la vía del procónsul Mani Sergi (c.110 a.C.), que comunicaba la costa catalana con el interior atravesando Osona. En este asentamiento se detectan mucho más a menudo componentes conectados con poblaciones mediterráneas y del norte de África. Hay una continuidad en los linajes maternos y, todo hace pensar, que los cambios se producen por la unión de mujeres locales con hombres foráneos.
Todo lo guarda nuestro ADN
"Ni la información genética de los neolíticos, ni la de los esteparios ni la de los íberos se borra. Continúa formando parte de nuestro ADN, al cual se han ido sumando también aportaciones de otros pueblos que han llegado posteriormente a la península Ibérica", concluye Santos, que es prudente con los resultados de este estudio porque tan solo se han podido estudiar tres asentamientos del noreste peninsular. "Si analizáramos el ADN de los yacimientos del sur de la Península, quizás la información sería otra", asegura.
Hace un par de años, la misma universidad ya obtuvo información muy precisa sobre los restos de los niños, que han sido la gran fuente de conocimiento para hacer esta investigación. En aquel estudio se pudo identificar con precisión el momento del nacimiento y de la muerte de estos bebés. Para 22 de los 54 bebés estudiados, el equipo ha podido recuperar más de 20.000 variantes genéticas (SNP) de todo el genoma, además del genoma mitocondrial casi completo, mientras que para 9 más se ha recuperado el genoma mitocondrial.
Los análisis se han llevado a cabo en el laboratorio de ADN antiguo de la Facultad de Biociencias de la UAB. En la investigación han participado también investigadores de las universidades de Granada, Lleida, Coímbra (Portugal), Copenhague (Dinamarca) y de la Brown (Estados Unidos), de Adelaida (Australia), así como del Museo de Arqueología de Cataluña, el Museo El Camp de les Lloses.