Los Ángeles será el escenario del gran reto del Orfeó Català
El Orfeó Català y el Cor de Cambra ensayan por última vez antes de encontrarse con Gustavo Dudamel para interpretar la 'Missa solemnis' de Beethoven
Barcelona"Desde el corazón: que vaya al corazón", escribió Ludwig van Beethoven en el encabezamiento de la Misa solemnios. La compuso entre 1819 y 1823, cuando también trabajaba en la Novena sinfonía. De hecho, las estrenó ambas en una misma sesión en Viena en 1824, aunque la versión de la misa no era la definitiva. La Misa solemnios es una obra de plena madurez y, al mismo tiempo, de un momento muy difícil, marcado por una sordera abrumadora. En su entorno, Beethoven aseguraba que esta misa era su obra maestra y, asimismo, la Misa solemnios ha pasado a la historia como una de las obras más exigentes del repertorio sinfónico-coral.
El Orfeó Català y el Coro de Cámara del Palau de la Música tienen cada día más cerca el gran desafío de interpretarla con la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles, LA Phil, bajo la batuta de Gustavo Dudamel, los días 20, 21 y 22 de febrero. Las ventoleras hicieron peligrar el ensayo del jueves, pero a las ocho y media de la tarde el Espai Palau es como un hervidero. El desafío es doble: debutar en Estados Unidos con una obra de gran dificultad y, para remachar el clavo, será la primera vez que Dudamel dirija la obra, en su temporada de despedida de la LA Phil. La emoción está servida. Y las entradas, agotadas. En la puerta, una de las sopranos, Isis Royo, reparte unas pegatinas con el logo del Orfeó Català que ha hecho para engancharlas a la maleta. Todo va rodado: todo el mundo se pone en su sitio, estiramientos, calentamiento vocal, y comienza el ensayo. Es fascinante poder escuchar a los cantores acompañados únicamente por un piano, y con el Gloria llega el primer estallido de la obra.
"Somos gente suficiente para que no tengamos que pulsar el sonido, estoy seguro de que en el Walt Disney Hall no tendremos que hacerlo; buscamos la calidad del sonido, el color del sonido", les dice Puig, que recuerda todos y cada uno de los compases en los que detecta algún detalle que quiere corregir o pulir. "Cada uno de los movimientos es un mundo, y dentro hay efectos realmente muy distintos para los que hay que encontrar el color", explica el director.
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"Cuando nos explicaron el proyecto, nos quedamos parados porque es un gran reto. La Misa solemnios es una pieza que tiene muchos contrastes, el registro de las voces es muy amplio –hay partes muy agudas y otras muy graves–, tiene unas fugas muy complejas y momentos muy rápidos", afirma Irene Recolons, una de las contraltos. Lleva siete años cantando en el Orfeó y pudo participar en los proyectos anteriores de Dudamel con la formación. Misa solemnios todo el mundo debe tener controlada la voz, debe saber cómo tratarla, cómo aguantar, porque es una obra muy larga [dura una hora y media]. Puede que al cabo de diez minutos te encuentres que no puedes continuar porque te has cansado", advierte.
"Tienes que estar todo el rato muy pendiente del director, y muy pendiente de cuando respiras, y de cuando respiramos unas y otras", dice Maria Chapman, una de las sopranos, que canta. sirve para conocer más a la gente –añade–, y creo que esta dificultad nos ha unido, nos comunicamos más. La Misa solemnios es muy exigente y las compañeras que tienen más experiencia me han explicado técnicas para que no sea tan difícil". "Es una obra que no me resultó nada intuitiva", dice uno de los tenores, Martí Serrallonga. "Cuestaba mucho hacerse un modelo mental, para prever lo que viene y cómo lo cantarás", recuerda.
Una verdadera "catedral sonora"
Los cantores lo dan todo: ensayos maratonianos en sábado y martes y jueves por la noche. Para llegar a Los Ángeles al máximo, se prepararon haciendo tres conciertos con la Orquesta Sinfónica del Vallès en noviembre. En el programa de aquellos conciertos se puede leer que la Misa solemnios es "una verdadera catedral sonora que trasciende al género litúrgico para convertirse en una declaración espiritual y artística". Y se recuerda que Beethoven escribió esa misa "no sólo como una muestra de fe, sino como una búsqueda casi filosófica del sentido de la existencia y la divinidad".
Para poder estar a la altura, Puig planteó un plan muy individualizado: los cantores trabajaron con los profesores de canto unos pasajes concretos. Más adelante, realizaron muchos ensayos parciales con la colaboración de otros directores, y dividieron al Orfeó en tres grupos más pequeños para que cada uno asumiera "la responsabilidad de una sección pequeña en la que todo el mundo es absolutamente imprescindible", explica Puig. "Este formato de pequeños grupos nos ayudó mucho para que todo el mundo asumiera esta responsabilidad y que después la pudiéramos aplicar en el todo". Y para que los cantores pudieran reservar fuerzas, se preparaban algunas frases en octava baja, es decir, más graves de lo que aparecen en la partitura, y cuando ya las tenían muy maduradas las ponían a octava alta. Además de los tres conciertos, realizaron un ensayo con Dudamel a finales de noviembre.
Ahora Puig trabaja sobre todo "la ductilidad" de los cantores, ensayando versiones distintas, a la espera de que Dudamel les acabe de revelar su versión. "Será especial porque es la primera vez que interpreta la Misa solemnios. Dudamel ha interpretado todas las obras de Beethoven menos ésta, y nos explicó que la escuchaba desde muy joven, pero que nunca se había sentido todavía preparado para abordarla y, por tanto, la escogió para despedirse de su larga etapa en la Filarmónica de Los Ángeles", dice Puig. para él es tan especial y que la vive muy intensamente", subraya.
Continúa el ensayo, y el Credo marca otro hito de la primera parte de la obra. Todo fluye, y después de algunas precisiones más, llega una merecida pausa de un cuarto de hora. El ritmo en Los Ángeles será aún mayor. "Tenemos el tiempo que tenemos, y debemos aprovecharlo mucho: haremos un ensayo con Dudamel con piano, para que nos dé sus indicaciones; dos con la orquesta y el ensayo general", dice el director. Sin duda será un concierto memorable. "Durante el ensayo Dudamel nos decía que Beethoven son fuegos artificiales, y durante el ensayo lo veías a él moviéndose como si él mismo lo fuera, muy expresivo, abierto y generoso", recuerda Serrallonga.