Música

Emoción y grandes interpretaciones en honor de Joan Ramon Bonet

Maria del Mar Bonet y Joan Manuel Serrat participan en el homenaje al que fue el primer mallorquín de los Setze Jutges

IncaUna emoción serena, grandes interpretaciones y el anhelo de mantenerse firmes contra culturicidios y guerras caracterizaron el homenaje que recibió Joan Ramon Bonet sábado en el Teatro Principal de Inca. "Ha sido muy emocionante y lo he pasado muy bien", dijo Bonet en una breve rueda de prensa posterior el acto, sentado entre Maria del Mar Bonet, la hermana pequeña, y Joan Manuel Serrat, amigo desde los tiempos de los Setze Jutges.

"La vida ha tenido a bien darme esta amistad. Muchas gracias por habérmela regalado", había dicho poco antes Serrat, justo al final de un concierto con dirección artística de Borja Penalba que fluyó con elegancia y espacio para la reivindicación política y cultural en las intervenciones de los músicos y también de invitados como Francina Armengol, expresidenta del gobierno balear y actualmente presidenta del Congreso de Diputados español. "Hoy hacemos memoria de esa gente valiente que luchó por la libertad", afirmó Armengol, quien, refiriéndose a las políticas de PP y Vox contra la memoria democrática y la lengua catalana, añadió: "No conseguirán que nuestro pueblo olvide de dónde venimos. Como cantaba María del Mar Bonet, la lengua es el alma del pueblo, y el alma del pueblo".

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Cantante de joven, el primer mallorquín de los Setze Jutges, y excelente fotógrafo siempre, Joan Ramon Bonet vio desfilar por el escenario a amigos y admiradores, todo el mundo convocado a un homenaje organizado por el Barnasants que venía a cuento porque el año pasado hizo sesenta de la canción El amor perdido, una de las joyas de un autor de cancionero breve pero intenso y bastante influyente entre los jóvenes cantautores de mediados de los años sesenta. "Pero llegó un momento en que o te profesionalizabas para ser mejor o lo dejabas estar", dice él. Dejó la música, y nació un gran fotógrafo. "Y sus fotografías mantienen esa intensidad, esa poesía de las canciones", asegura la hermana.

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A la llamada del Barnasants, acudieron Serrat y Miquela Lladó (que en los años sesenta tocaron juntos en Mallorca), y Meritxell Gené, Miquel Gil, Borja Penalba y Tilda Espluga, además de los pianistas Antoni Parera Fons y Toni Olaf, el violinista Benjamín Salom, la violonchelista Carmela Font y el guitarrista Toni Pastor. Además de Maria del Mar Bonet. Cada cantante interpretaba dos canciones: una de Joan Ramon Bonet y otra propia o de algún cantante relacionado con el autor de El amor perdido. Por ejemplo, Miquela Lladó, todo un referente de la canción popular mallorquina —a quien Maria Jaume acaba de incluir en el disco San Domingo forever (2026)—, cantó la preciosa Vendedores de recuerdos y la Jota del pueblo, acompañada de Pastor. Meritxell Gené versionó al emocionante No me entierre ya continuación recordó a Guillermina Motta, de los Dieciséis Jueces como Bonet, con la complicidad al piano de Toni Olaf. Formando un dúo supervigorizante, Miquel Gil y Borja Penalba realizaron dos extraordinarias versiones, sensibles y volcánicas, de los hermanos Bonet, Dentro de tus ojos y Mercedes, que fueron de las más aplaudidas por el público que llenaba el teatro, entre el que estaba Biel Mesquida, Premio de Honor de las Letras Catalanas 2026.

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Borja Penalba y la ferocidad

Penalba, solo, hizo El amor perdido con el corazón en la voz y la ferocidad en la guitarra; acompañó a Tilda Espluga a No seremos movidos y Serrat en Me voy a pie y Nueva canción del amor perdido, y, claro, hizo tándem con Maria del Mar Bonet, que eligió Su gaviota para homenajear al hermano (con el violín de Benjamín Salom enriqueciendo su color) e hizo también la majestuosa Siempre hay viento. Pere Camps (fundador del Barnasants), Miquel Àngel Sancho (fundador de la discográfica Blau), Yanni Munujos (manager de Maria del Bar Bonet), el periodista Pere Sánchez y la historiadora Fanny Tur también glosaron la figura y el legado cívico y artístico de Joan Ramon Bonet. Su hermana, removiendo la memoria de la infancia, fijó el retrato del homenajeado: "Cuando jugábamos, a menudo él era el capitán y yo el ejército obediente. No quería perderme nada de lo que él organizaba. Era el maestro más querido". Y el sábado, después de agradecer el homenaje, el maestro gritó "¡No a la guerra!".

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