Música

Josep Pons se marcha del Liceo "orgulloso de la orquesta"

El músico de Puig-Reig se despide de la dirección musical del teatro de La Rambla dirigiendo la 'Octava' de Mahler

Barcelona"Mirad este atril, es histórico. Es muy bonito", dice Josep Pons (Puig-reig, 1957). Está en el foso del Liceu, el espacio elegido para una rueda de prensa "especial y sensible", tal como dice Víctor Garcia de Gomar, director artístico del teatro de la Rambla. Pons se despide de la dirección musical del Gran Teatre del Liceu después de catorce años de trabajo. La despedida es doble. Por un lado, desde el foso, con Falstaff, la ópera de Verdi que se representa hasta el 19 de julio; por otro, desde el escenario del Liceu, dirigiendo con Sinfonía núm. 8 de Mahler el 24 de julio.

En estos años, asegura Garcia de Gomar, "Josep Pons ha convertido el foso en un laboratorio de sensibilidades" y ha construido "una memoria sonora" huyendo de "la monumentalidad gratuita" y creando de acuerdo con "una estética de la revelación más que del efecto". Ante "el ruido del deslumbramiento", prefiere "iluminar", considera el director general del Liceu, Valentí Oviedo, que agradece que "este humanista, este sabio", haya generado "un sentimiento de autoestima" en la orquesta. "Ha sido un líder con la batuta y en la gestión del equipo", concluye el presidente del patronato del Liceu, Salvador Alemany.

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Pons, que es más feliz viviendo "en la música" que en "el mundo de la música", agradece los elogios, pero enseguida intenta desviar la atención hablando de la Octava de Mahler. "Es una obra colosal", dice sobre esta sinfonía que nos habla del amor. "En la primera parte, de un amor que emana de la divinidad, un canto de las esferas. Y en la segunda, a partir de la escena final de Fausto, de Goethe, propone un viaje iniciático que comienza con los anacoretas de Montserrat y que es una especie de angelología que culmina con el canto místico del eterno femenino", resume Pons, que podría pasarse una eternidad explicando los detalles musicales de esta "tesis orquestal", "el Everest del mundo sinfónico", una expedición en la que le acompañará el Coro del Liceo, el Coro Nacional de España, la Polifónica de Puig-Reig y el Coro Vivaldi Pequeños Cantores de Cataluña, además de solistas excepcionales: Michael Spyres, Elisabeth Teige, Nicholas Brownlee, Albert Dohmen, Jacquelyn Wagner, Elena Villalón, Beth Taylor y Mihoko Fujimura. "Tenemos al que ha sido el gran Wotan, Albert Dohmen, y al Wotan del presente y del futuro, Nicholas Brownlee", celebra Pons. De hecho, la próxima temporada Brownlee será Wotan en Das Rheingold (El oro del Rin), curiosamente, la primera ópera que dirigió Pons como director titular del Liceo en 2013, y con Dohmen encabezando el reparto.

Centralidad y visibilidad

El legado que deja Pons es una orquesta que ha pasado de 67 a 94 miembros, que tiene una sonoridad reconocible, fiable en todo el repertorio operístico, con recorrido sinfónico y lo suficientemente sólido como para que otros directores extraigan matices interesantes. "Admiré el color y la flexibilidad en los recitativos que Giovanni Antonini le sacó en Le nozze di Figaro de Mozart hace unas semanas. Era bellísimo. Me ha pasado con muchos directores. Me he sentido orgulloso de la orquesta", asegura Pons. Se marcha, por tanto, satisfecho de que "el proyecto" que diseñó hace catorce años se haya "completado al pie de la letra". "Cerrará casi como un pestillo de puerta", añade.

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El camino no ha sido fácil. De hecho, estuvo a punto de dejarlo correr cuando la crisis económica hizo tambalear los presupuestos públicos. "Empezamos en septiembre de 2012, y en junio habían despedido a quince personas", recuerda. El proyecto era ambicioso porque era urgente, y requería constancia, dedicación y dinero. Catorce años después, el presupuesto del coro y la orquesta ha pasado de los 7,7 millones a los 12,5 millones de euros, y Pons se despide habiendo hecho realidad el lema con el que arrancó la aventura: centralidad y visibilidad. "La orquesta era periférica en casa. En el mismo currículum de formación se decía que era una orquesta nacida para acompañar las voces. No tenía entidad propia", explica el maestro de Puig-Reig, que siempre destaca "la actitud inmejorable de los músicos". También era necesario "hacerla visible", subirla al escenario y hacerla lucir en repertorios sinfónicos y de cámara. Siguiendo el modelo de la Gewandhaus de Leipzig, la Staatskapelle de Dresde y la Staatskapelle de Berlín, impulsó la creación de un departamento musical, e imaginó un camino para ordenar y mejorar. "Durante la crisis que sufrió el teatro, él tenía muy claro que hay dos maneras de hacer las cosas: apretarse el cinturón o arremangarse. Y arremangarse es la filosofía del maestro Pons", recuerda Oviedo.

"Hay quien le llama magia, duende o pellizco. Cada cual lo llama como puede, pero todos sabemos de qué hablamos. Es inefable, y todos trabajamos para que se produzca", dice Pons, que a partir de ahora perseguirá ese pellizco como director titular de la Deutsche Radio Philharmonie. Sin embargo, el vínculo con el Liceo se mantendrá, ahora como director musical honorario. "En el futuro mi mayor felicidad será cuando venga al Liceo y escuche la orquesta: ¡qué bien parido!", concluye Josep Pons.

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