Música

Núria Feliu, la reina catalana de las mil caras

Homenaje emotivo en el Palau de la Música con Marina Rossell, Joan Manuel Serrat, Antoni Ros Marbà y Els Catarres, entre otros

BarcelonaHay tantas Núries Feliu como personas que la amaron. Si no, pruébelo usted mismo: pida a alguien que se la describa. No era sólo una cantante, pero tampoco una actriz. No era una intérprete de jazz, ni una cantante de cuplé. No era una estrella de la canción, pero tampoco una embajadora de la cultura catalana. Era todo esto y mucho más a la vez. Ser tan deliciosamente inclasificable jugó malas pasadas a la cantante de Sants, que a menudo se vio reducida a etiquetas simplistas que menospreciaban su personalidad poliédrica y expansiva.

Como colofón de la exposición Núria Feliu en el Palau (Robert), que podrá visitarse hasta este domingo, 19 de mayo, el Palau de la Música acogió ayer un concierto de homenaje a las mil caras de Feliu, que murió en julio de 2022. Participaron músicos tan diferentes como Marina Rossell, Joan Manuel Serrat, Los Catarres, Antoni Ros Marbà, Joan Fortuny, Cris Juanico y la Cobla Ciutat de Girona. "Puede parecer una retahíla inconexa, pero no lo es... Hemos invitado a todos estos artistas para poder reproducir los géneros y matices de la Feliu", dijo la periodista Helena Garcia Melero, que presentó el acto junto con el comunicador Òscar Dalmau.

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"Estamos aquí para resolver un rompecabezas, un enigma: ¿quién es y qué es Núria Feliu?", anunció Melero. "La tía de Catalunya", contestó una voz desde el público. "Una mujer de Sants", dijo Melero. "Una cantatriz", añadió Dalmau. Bajo la dirección de Esteve Molero, una big band constituida expresamente para la ocasión, Los Discípulos de la Feliu, entonó una versión instrumental de Ya os he reconocido que fijó el tono festivo del concierto.

Sin interrupciones, acompañados siempre por la big band, desfilaron por el escenario los artistas de la velada. Laura Simó es la primera, con un Qué ha quedado de nuestro amor empapado de jazz. Con un aire soul desparrapado, Cris Juanico cantó Te he llamado para decir te quiero, la versión en catalán del clásico de Stevie Wonder. Los Catarres se hicieron suyo el famoso cuplé El vestir de Pasqual, en una conjunción entre tradición y modernidad muy bien hallada.

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Joan Garriga y Carles Belda teatralizaron La canción del ladrón con el alegre saber estar de la rumba catalana. Carme Canela entonó un melódico Escúchame. Y Annabel Totusaus y Enric Cambray ofrecieron un popurrí de canciones de musical y cine que forman parte del universo Feliu, como ¿Qué tal, Dolly? y Si yo fuera muy rica, seguidas del mítico Iremos todos hacia el cielo.

Las apariciones más emocionantes de la noche, sin embargo, fueron las de los compañeros de generación de Feliu y amigos. Marina Rossell y Antoni Ros Marbà, íntimos de la homenajeada, pusieron la piel de gallina con El claro país, sobre todo por lo que este gesto representa para la historia de la música catalana. "Mira si estaría contenta, Núria... No me hago el cargo, que no esté en la tierra", le dijo Rossell a Ros Marbà, que fue quien abrió las puertas del mundo de la música en Feliu a principios de los años 60.

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Acto seguido, Joan Manuel Serrat cantó Bajo un cerezo florido acompañado del pianista Ricard Miralles. "Feliu fue la primera artista que grabó una canción mía, y fue extraordinariamente emotivo que una compañera me hiciera ese regalo", explicó Serrat. También se aplaudieron mucho las apariciones de dos sobrinas de la cantante, Mireia y Lali Feliu. La primera hizo una teatralización coqueta de Las caramelas, mientras que la segunda recitó con contundencia el poema Ahora mismo, de Miquel Martí i Pol.

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Entre canción y canción también hubo espacio para anécdotas divertidas. "Sara Montiel la invitó a cantar con su orquesta. Feliu se negó. Solo iría si podía cantar con sus músicos, con el sexteto de Núria Feliu. Y así fue", explicó Dalmau. "Conocí a Feliu en una fiesta de disfraces; ella iba disfrazada de bandera y yo de Whitney Houston", recordó Dafnis Balduz. "Núria sabía que yo soy de un pueblo de La Mancha y me regaló un ejemplar del Quijote en catalán", explicó el director de orquesta Luis Cobos, que dio un discurso en catalán en el que reivindicó que Feliu fue pionera en la defensa de los derechos intelectuales de los artistas.

Aunque nadie mencionó en ningún momento los malos resultados del independentismo catalán en las elecciones del domingo, la reivindicación nacional se hizo latente durante toda la noche. Sobre todo cuando la Cobla Ciutat de Girona tocó El canto de la bandera con Joan Fortuny de la Compañía Eléctrica Dharma. Mientras sonaba el himno, un grupo de niños paseó banderas por el escenario y el público entonó gritos de independencia. "Gracias, Núria, por enseñarnos que se puede cantar en catalán con la misma normalidad que uno pide una chuya en el Mercado de Sants", decía un texto de Pere Pons leído por Balduz.

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Enric Majó, el director artístico del concierto, aludió a los Hechos del Palau de la Música: "Hace 64 años, aquí mismo, también un mes de mayo, ocurrió algo fantástico y terrible. Como un solo hombre , nos levantamos y nos pusimos a cantar El canto de la bandera. Estuvimos contentos de hacerlo. Pero eso provocó represión, hubo gente condenada por eso". A modo de clausura, Majó lanzó el último elogio de la noche: "Núria era un personaje popular. No le importaba entretenerse cuando la gente la paraba por la calle. Es algo que se tiene o no. Y hoy ha quedado demostrado que Núria lo tenía".