Crítica de música

Sara Blanch, la reina de la noche en el Palau

La soprano de Darmós, absolutamente encantadora, puso al público de pie

Sara Blanch y Albert Guinovart

  • Palacio de la Música. 2 de mayo de 2024

El 19 de mayo cumplirá 80 años del debut de Victoria de los Ángeles en el Palau de la Música. Pocos días antes de esa efeméride, ha sido Sara Blanch la que ha vivido una verdadera consagración de la primavera en el mismo escenario. Claro que, cuando la difunta soprano debutó en el auditorio modernista, nadie la conocía. En cambio, Sara Blanch es ya una cantante reconocida a escala internacional y que en el Liceu nos ha regalado unas cuantas noches de gloria, que hacen presagiar lo mejor. Pero le faltaba presentarse con la desnudez propia del recital, en esta ocasión junto al gran Albert Guinovart, que, tanto en solitario como agombolando el canto de Blanch, ofreció una lección magistral de estilo y buen gusto en obras propias y ajenas.

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Blanch no podía haber elegido mejor el repertorio: cuatro canciones del propio Guinovart –preciosas, especialmente las dos con texto de Manuel Forcano–, tres de las Cinco canciones negras de Montsalvatge y, para cerrar la primera parte, cuatro canciones de Debussy y Las hijas de Cadix de Léo Delibes. A los espléndidos recursos “marca de la casa” –y que son de primera calidad– se añade la capacidad comunicativa de la soprano de Darmós (Ribera d'Ebre) y las dotes actorales, medidas, nunca gratuitas ni histriónicas y ajustadas al formato del recital.

Parecía como si la voz no acabara de estar bien equilibrada con el piano, pero sin duda la cosa obedecía a un sabio balance entre los dos instrumentos, la voz y el teclado. Porque la segunda parte, eminentemente operística, fue la del gran despliegue virtuosístico y pirotécnico de Blanch al servicio de Gounod, Massenet y un final de locura: la larga escena de Ophélie del Hamlet de Ambroise Thomas. Con un ramito en las manos que se fue deshaciendo después de haber arrojado algunas flores al público, Blanch enloqueció e hizo enloquecer, y puso de pie a los espectadores, rendidos a los pies de la soprano. Y es que si algo quedó bien claro es que hay cantantes y hay Artistas. En mayúsculas en el caso de una Sara Blanch absolutamente encantadora. Una verdadera reina de la noche en el Palau de la Música. Sara, volarás –ya vuelas– muy alto, ¡pero vuelve siempre a casa!