Humor

Del sótano al cielo

Un viaje a las entrañas de la nueva comedia catalana

BarcelonaA veces sabemos el momento exacto de la detonación. El asesinato del archiduque Francisco Fernando, la primera aparición de los Sex Pistols en la BBC, el día que Messi firmó el pañuelo de papel. Esta historia tiene un día concreto en que todo se pone en marcha, la noche del jueves 26 de octubre de 2017. También un lugar: un bar destartalado del Barrio Gótico de Barcelona descrito como "de decoración tipo cueva y luz tenue". Los parroquianos habituales lo conocen por su nombre de fantasía, Las Cuevas de los Rajahs, pero quién sabe si dentro de unas décadas será popular por una placa que colocarán en la puerta. Esculpirán en ella la frase siguiente: "Aquí empezó la comedia de stand-up en catalán. Aquí nació El Soterrani".

El otoño del referéndum era impensable imaginar qué habría pocos años después en Barcelona: un circuito regular con espectáculos independientes de comedia, público consolidado y figuras reconocibles y carismáticas. No se lo pensaban, pero aquella noche los miembros d'El Soterrani estaban empezando un show regular de monólogos en catalán que acabaría siendo clave para la escena. Una apuesta que el tiempo ha demostrado ser ganadora: es a partir de su popularidad que se explica la presencia de nuestra lengua en los festivales de comedia y escenarios de todo el país.

Desde el principio todo fue de cara. Semanas después de la primera actuación se trasladaron a la planta subterránea de Casa Gràcia, un lujoso hotel con bebidas carísimas cerca de Els Jardinets. La noche del debut ya llenaron y decenas de personas se quedaron haciendo cola en la calle. En la segunda jornada, el diario ARA les hacía el primer reportaje. "Un fenómeno que promete salir de las catacumbas", se escribía en el texto interior. Y así hasta hoy: del sótano al cielo.

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Una anomalía absoluta

Hay dos factores indivisibles para entender el éxito: el primero es que hay una generación de cómicos con un gran talento y el segundo es que se encontraron un terreno yermo, pero preparado, el del monólogo tipo club de comedia en catalán. "Si lo piensas con detenimiento era muy loco –recuerda Manel Vidal–, en Catalunya había una escena vertebrada y estructurada de stand-up en castellano e inglés y no en catalán. Una absoluta anomalía".

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Además de Vidal, el núcleo fundador lo completan Maria Rovira, Magí Garcia, Joel Díaz y Josep Català, que fue el principal instigador del proyecto. "Nos escribió uno por uno por Twitter, como si fuera Ocean's Elevan, haciéndonos entrevistas personales. Al principio pensé: '¿Qué carajos hago quedando con este señor de Cambrils?'", recuerda Rovira, conocida artísticamente como Oye Sherman. Su mérito fue detectar el talento y ponerlo al servicio de una carencia histórica: "Quería hacer el humor que me gustaba en mi lengua y tenía la intuición de que había un público objetivo. El problema es que, literalmente, había cero espacios donde se pudieran hacer espectáculos de stand-up en catalán". El olfato no le falló. Contaban con una pequeña pero creciente y fiel base de seguidores, porque estaban muy vinculados a Twitter y sus proyectos fuera d'El Soterrani funcionaban bien. A partir de aquí, el tiempo ha demostrado que había más gente con ganas de asistir a este tipo de shows en Barcelona de la que parecía. "Nosaltros no hemos generado ningún público, el público ya estaba ahí", dice Maria Rovira.

Durante las dos temporadas en las que el colectivo residió mensualmente en Casa Gràcia siempre se repitió el mismo esquema: se anunciaba fecha, hora y cartel y las entradas se agotaban en pocos minutos. El fenómeno llegó a tal nivel que hubo meses en que conseguir entradas se convirtió en una competición de velocidad. Siempre seguían la misma estructura de función, con Manel Vidal haciendo de maestro de ceremonias y presentando los monólogos de la noche. "Me lo propuso Maria y no solo no lo había hecho en la vida, sino que tampoco tenía ninguna aspiración de hacerlo", recuerda. Durante los primeros meses, completaban la velada invitando a alguna figura consolidada y popular. Una especie de padrinaje con nombres como Carlo Padial, Jaïr Domínguez y Elisenda Carod. "No era tanto que vinieran famosos como traer a gente que lo hacía mejor que nosotros", justifica Vidal. Fuera por el motivo que fuera, hoy los reclamos son ellos por si solos.

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Catalán y paritario

Desde el primer día la arquitecta del cartel ha sido Maria Rovira. Ella se encarga de asegurar que se cumplan las dos normas sagradas d'El Soterrani: que los monólogos sean en catalán y que haya paridad entre cómicos. "Como mínimo siempre tengo que ser yo y otra mujer, a pesar de que una noche hemos llegado a tener a más tías que tíos", dice con orgullo. Poco a poco, también se fueron incorporando invitados esporádicos que destacaban en otros shows barceloneses, como los provenientes del Altre Mic, el espacio de encuentro del bar Mediterráneo en que se mezclan cómicos noveles con otros más conocidos que prueban textos nuevos. "Nos llevamos muy bien con los organizadores –los humoristas Irene Minovas, Marc Oliva y Charlie Pee– y estamos en contacto permanente. Siempre les estoy encima para ver si hay alguien nuevo que valga la pena", asegura Rovira.

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Una de las cómicas que debutó en El Soterrani después de pasar por el Altre Mic fue Marta Bosch. Recordando su primera actuación en Casa Gràcia, recuerda que los nervios le jugaron una mala pasada: "Quería impresionar al público y a los cómicos, pero el texto no acabó de funcionar. La semana siguiente lo cambié y fue todo un éxito". En un santiamén El Soterrani se convirtió en el lugar donde tenías que actuar si hacías monólogos en catalán y tenías una mínima aspiración. "Ahora mismo lo que nos motiva es dar voz a gente nueva", remata Manel Vidal.

A finales del 2019 vino el primer contratiempo: se prohibieron las funciones en Casa Gràcia. Pero el colectivo no se movió del barrio, porque se trasladó al Almeria Teatre de la calle de Sant Lluís, donde actuaban los tres últimos martes de cada mes. No fue el único cambio en El Soterrani, que algunos meses después, y por primera vez desde la fundación, perdía a dos de los miembros originales. Joel Díaz y Magí Garcia, con otras aspiraciones respecto a la comedia en vivo, dejaron paso a Marc Sarrats. Su entrada se concretó el septiembre pasado: "Les pregunté directamente si podía formar parte del núcleo duro. Tenían mucho trabajo, poco tiempo para dedicarse a ello y yo mi energía habitual", describe Sarrats. Este fichaje ha resultado ser "una de las mejores decisiones" que jamás han tomado, destaca Vidal. "Nos va muy bien porque no se anda con rodeos: es un tipo ambicioso, con empujón, muchas ideas y resolutivo".

Con la temporada a punto de acabarse, El Soterrani celebra el retorno a la normalidad después de dos años de pandemia. Además, el espectáculo se ha hecho todavía más grande, con la consolidación del Legends: una función mensual en la que actúan los cuatro miembros del colectivo y otros invitados, recreando los textos más celebrados de la temporada. La gran diferencia con la función corriente, además de reciclar monólogo, es el aforo, porque se celebra en el Teatre Victoria y se superan las 1.200 localidades. Si lo comparamos, en cuatro años se ha multiplicado por diez la audiencia.

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Después de todo este tiempo en activo, parece evidente que la comedia independiente y en catalán de hoy, sobre todo en Barcelona, no se entiende sin ellos. "Pusimos una semilla que ha ido dando frutos, porque se ha demostrado que la idea que defendíamos gustó", explica Josep Català. En este sentido, Magí Garcia cree que la existencia y la permeabilidad del show ha animado a más gente a probarlo: "Antes el stand-up comedy en catalán era el páramo de Mad Max y ahora es el Jardín de las Hespérides".

Un circuito en crecimiento

Ciñiéndonos a las cifras, es la función de comedia en catalán más popular de la ciudad, pero paralelamente, y con ellos como una de las puntas de lanza a pesar de que no la única, se ha construido un circuito que incluye salas y proyectos que han dado una nueva vida al humor del área metropolitana. Todo a partir de una manera de hacer y de actuar independiente, fuera del circuito comercial de las grandes promotoras: el Altre Mic, el Comedy Gold, la Tarantos, el Bon Cop de Hahas, Feísmo Cool, RLOL SUR (Vilanova i la Geltrú) o el Baix For Laughs (Sant Boi de Llobregat), además de actividades que no son estrictamente de monólogo clásico pero que también están funcionando como lo LOCA Comedy, el Bumping Mics y WeBitches. Y, claro, todo lo que se está organizando desde la maravillosa tienda La Llama, con cursos, talleres, podcasts y espectáculos en vivo.

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"Hay un boom de shows y open-mic de stand-up en Barcelona. Hay que celebrarlo, siempre que no se precarice el sector y que se construya a partir de la diversidad, disfrutando de cómicos consolidados, pero también descubriendo nuevos talentos", detalla Marta Bosch. El éxito de esta escena se dirimirá a largo plazo y dependerá de la renovación de cómicos y del riesgo que quiera asumir el espectador. La clave para que continúe disfrutando de buena salud, explican los implicados, será apostar por gente que empieza en detrimento de entrar en un bucle de cómicos. "No podemos ser como el cartel del Canet Rock, con una variación mínima de un espectáculo al otro. Hacen falta caras nuevas", replica Marc Sarrats, que ve un punto más de oferta que de demanda en el circuito de la capital. Marc Oliva, del Altre Mic, observa un cierto problema cultural en el nuevo público de la comedia: "Hay más tendencia a ir a ver a gente que conoces que no a descubrir y a dejarte sorprender. Tenemos mucha gente que repite, pero hay semanas que si no hay ningún nombre llamativo viene menos público y esto es sintomático".

El futuro dirá hacia dónde avanza el circuito, cuántos shows de comedia en vivo son sostenibles en la ciudad y cómo se expandirán por el país, otra de las asignaturas pendientes .Habrá que estar atentos a qué papel juega El Soterrani, que hasta el día de hoy ha crecido de manera orgánica. "Ir a un teatro grande nos ha funcionado bien, pero tenemos claro que lo que nos da valor es la esencia de club", remarca Maria Rovira. Coincide con ella Manel Vidal, que va más allá: "Si tuviéramos que elegir entre un escenario grande y uno pequeño y nos quedáramos con el grande, seguramente nos equivocaríamos". No es una decisión fútil porque hace tiempo que todos ellos navegan a caballo del entretenimiento de masas, con decenas de miles de seguidores en las redes sociales y espacios en los medios de comunicación generalistas, y el mantenimiento del espíritu independiente que los ha caracterizado desde el principio. Hasta hoy, El Soterrani ha funcionado como un colectivo autogestionado y asambleario, teniendo un trato directo con los teatros y sin ninguna productora de intermediaria. "Nos hace dormir más tranquilos saber que con el stand-up hemos mantenido un pie en el underground ", explica Vidal, que es guionista de La competència en RAC1, uno de los espacios tradicionales de más éxito de la radio catalana.

Son populares, triunfan entre la generación milenial y hasta ahora les ha ido bien. ¿Qué los aleja de hacer, por ejemplo, un programa de televisión? "No nos interesa para nada –salta Rovira–. Nuestro formato es de proximidad de teatro en directo, de un espectáculo que se hace y queda allí". Una de las salidas habituales de los cómicos es la grabación de shows especiales más largos, un formato común en los países anglosajones y que en Catalunya es de fácil acceso a través de Netflix. Magí Garcia será el primero en probarlo y próximamente publicará su primer especial de una hora, Quan això s'acabi. De nuevo, todo será gestionado, producido y distribuido de manera independiente. "El futuro es hacer crecer el audiovisual catalán", proclama Garcia.

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Sea cuál sea el siguiente movimiento de los cómicos d'El Soterrani, el objetivo final tiene que pasar forzosamente por la profesionalización del sector, una opción todavía lejana para cualquiera que se dedique al stand-up comedy dentro del circuito de salas del área metropolitana. "Será el próximo gran paso: que la gente pueda vivir de hacer monólogos. Hay casos incipientes, como el de Sarrats y Magí, pero en catalán nadie lo está haciendo en nuestro circuito". Son palabras de Josep Català y no es la opinión de uno cualquiera. Él fue el artífice de juntar este tipo de Avengers del humor en catalán en internet y ponerlos ante un micrófono cada mes. Será cuestión de creer y seguir sus pasos de cerca. Abrochaos los cinturones porque lo pasaremos bien, que decía aquel.