Artes escénicas

De una asamblea a una pandemia: las intrahistorias del Grec

Seguimos los 50 años del festival barcelonés de la mano de directores y artistas como Mario Gas, Dagoll Dagom, Peeping Tom y La Veronal

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BarcelonaHace 50 años, un grupo de artistas se unió con un objetivo: recuperar el Teatro Griego y ponerlo al servicio del pueblo. De aquel impulso colectivo nació el Grec, un festival que las últimas cinco décadas se ha convertido en un escaparate de los mejores espectáculos internacionales y, al mismo tiempo, en un trampolín para la creación local. Aprovechamos la efeméride para rescatar la intrahistoria del festival de la mano de artistas y directores que han formado parte de él durante todo este tiempo.

Mario Gas

Director de escena y actor

El Grec nació en 1976 como una iniciativa impulsada directamente desde la profesión teatral. Eran los primeros años del postfranquismo y los artistas se organizaron para recuperar un escenario, el del Teatro Griego, que era muy apreciado por la ciudad. "El Grec surge a través de una larga lucha sindical que comienza en 1971 y busca derribar desde dentro las estructuras del régimen franquista", recuerda el director y actor Mario Gas, que estuvo muy implicado en los inicios del festival y, después, ha estrenado varios espectáculos. Gas explica que el mundo artístico se debatía entre dos estrategias: hacer un libro blanco reclamando varios espacios públicos o bien organizar una única acción directa con toda la profesión. "Se sometió en asamblea, ganó la segunda opción y se diseñó una acción concreta en el Teatro Griego, que llevaba un año cerrado", dice Gas.

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Inaugurado en 1929 con motivo de la Exposición Internacional de Barcelona, el escenario había estado activo intermitentemente. En los años 60, por ejemplo, acogía teatro clásico, contemporáneo, danza y música. Pero con la recuperación del teatro arrancó también un festival autogestionado que implicó a toda la profesión. "Aquella temporada se tituló "Por un teatro al servicio del pueblo". El clima de seriedad, y a la vez de fiesta y alegría, fue fantástico y se consiguió una asistencia brutal", subraya Gas. Después de aquella primera edición, la asamblea se dividió y en 1979 el Grec pasó a manos de la nueva administración democrática. "La primera etapa, con Joan-Anton Benach y Biel Moll, fue espectacular", concluye Gas, que reivindica que se haga más teatro en aquel escenario. "Cada vez está más polucionado sonoramente y hay muchos espectáculos que no se pueden hacer, pero se debería recuperar", dice el director.

Anna Rosa Cisquella

Cofundadora de Dagoll Dagom

Dagoll Dagom es de las compañías catalanas que más espectáculos ha estrenado en el Grec. El primero que representaron fue Antaviana en 1979 y la obra marcó un antes y un después en la compañía. "Significó nuestra profesionalización. Para nosotros, actuar en el Grec era una grandísima oportunidad", recuerda Anna Rosa Cisquella, que añade que las funciones fueron todo un éxito. En un momento en que aún no había muchos teatros en la ciudad —el Teatre Nacional de Catalunya no existía, como tampoco el Teatre Lliure de Montjuïc, entre muchos otros—, recuperar el Teatre Grec fue una gran alegría para la profesión. "Era un escenario de dos mil localidades que se abría a la ciudad. Formar parte del festival era un signo de espectáculos de calidad, que se promocionaban mucho porque no había más oferta en verano", señala Cisquella.

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Más adelante, la compañía volvió con Glups! (1983), El Mikado (1986), La Perritxola (2003, espectáculo inaugural del festival) y La gran nit de Dagoll Dagom (2024). "Al principio se hacía una programación bastante popular. Todo el mundo esperaba el Grec, por el teatro y también por el complemento de pasar un rato en los jardines. Era todo un acontecimiento", destaca Cisquella, que guarda un montón de anécdotas de aquellas noches. "En Antaviana teníamos unos espejos en escena. Tuvimos que parar la función para frotarlos, porque con la humedad se habían ido empañando", explica. También tiene un recuerdo especial de una representación de El Mikado en la que contaron con 24 músicos en el foso, que estaba abierto. "Fueron noches maravillosas, llenas de color y alegría", subraya Cisquella.

Santi Fondevila

Crítico de teatro

A mediados de los años 80, y especialmente bajo la dirección de Elena Posa, el Grec se convirtió en un gran escaparate de la escena contemporánea internacional en Barcelona. En aquella época, era de los pocos espacios de Cataluña donde se podían ver los espectáculos punteros de Europa, y el público respondía de gratitud. Santi Fondevila, crítico teatral de ARA, recuerda especialmente Una velada con Vittorio Gassman, que el legendario actor italiano presentó en el Teatre Grec en 1984. "Fue alucinante, verlo y oírle hablar en medio del escenario", dice Fondevila. Entre los creadores más prestigiosos que el festival trajo por primera vez a nuestro país, el crítico también destaca la actuación del coreógrafo Merce Cunningham y el músico John Cage en el año 2000. "Trajeron la danza más revolucionaria de Estados Unidos en un espectáculo que fue precioso", subraya Fondevila, que también tiene en la memoria "una versión sensacional de El maestro y Margarita de la compañía Complicité" que se vio allí en 2012.

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"Cada vez más ha sido un festival de acumulación, más que de selección. Ha ido incorporando todo lo que pasa en Barcelona en julio", explica Fondevila. Lo que no ha cambiado es el peso del espectáculo inaugural —"Es un reto difícil, y con el tiempo hemos visto que empezar el festival con una propuesta de teatro no suele ser acertado. Los directores más ingeniosos han tirado hacia el circo, la danza y la música", dice el crítico— y la precaria oferta gastronómica. Según Fondevila, "nunca se ha conseguido comer dignamente aunque sean unos bocadillos a un precio razonable". Por suerte, sí que se ha mantenido la magia de la experiencia: "Vivir las noches de verano en estos jardines tiene un atractivo muy valioso para todos. Esto hace que el público siempre haya sido muy diverso, no estrictamente teatral. Lo único que ha cambiado es que ahora la gente se hace fotos con el móvil y las cuelga en las redes sociales".

Àngels Margarit

Coreógrafa

Los inicios de la compañía Mudances, liderada por Àngels Margarit, están ligados en parte al festival Grec. La formación había estrenado su primer espectáculo en 1985 y, un año después, lo llevó a la antigua Casa de Caridad dentro del Grec. "Eran unos años en que Europa miraba hacia Cataluña y España, estábamos saliendo de la dictadura. Habíamos actuado fuera y estuvo muy bien que nos programaran en Barcelona. En aquella época, a veces hacíamos dos semanas de funciones", explica Margarit. Antes, ella había sido espectadora del festival y recuerda especialmente la compañía Bread and Puppet, que la marcó. A lo largo de su trayectoria, Mudances representó hasta siete creaciones en el Grec, entre las que se encuentran Atzavara (1991), Tèrbola (1998) y Capricis (2013).

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El peso de la danza en la programación del festival ha ido variando. "Durante muchos años, el Grec acogía el festival de calle Dies de Dansa, que fue muy importante para artistas locales y para traer emergentes internacionales, pero funcionaba con poco presupuesto y con demasiada precariedad. Eran unos años de poco respeto por la danza", explica Margarit. La coreógrafa destaca sobre todo la labor de Xavier Albertí, Ramon Simó y, más recientemente, Francesc Casadesús, por situar la danza en primera línea del Grec. "Los últimos años ha ganado mucho terreno gracias al impulso que le hemos dado las personas que la queremos. Se ha conseguido programarla y mostrar lo innovadora, arriesgada y espectacular que es. Ahora la danza está muy presente en todas las programaciones, pero hace unos años todo esto no existía. En Barcelona, estamos en un buen momento", señala Margarit.

Xavier Albertí

Director de escena y director del Grec (1995-1999)

Xavier Albertí llegó a la dirección del Grec en 1995, en un momento en que el festival se había abierto por primera vez a los teatros privados. "Fue un punto de inflexión en cuanto a la programación, porque pasamos de una treintena de espectáculos a un centenar", explica el director. Su gran reto al frente del Grec consistió en ordenar este formato híbrido. Él optó por organizar dos sesiones de programación, la oficial y la abierta, mirándose en los modelos del festival de Aviñón y de Edimburgo. También creó el Grec Metropolitano, sumando al festival la participación de diferentes municipios cercanos a Barcelona.

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"Se me dijo que mis festivales tenían demasiada oferta, pero eso era consecuencia de las instituciones, que creyeron que abrir el Grec a la empresa privada era una manera de hacerlo crecer", señala Albertí. En su periodo como director, apostó por traer a Barcelona grandes figuras internacionales como la coreógrafa alemana Sasha Waltz, el director suizo Christoph Marthaler, los belgas Needcompany —"alquilamos La Villarroel y tuvimos 40 personas de público, un fracaso", dice Albertí— y la compañía italiana Societat Raffaello Sanzio, con Romeo Castellucci al frente. "Representaron la Orestíada y a media función toda la crítica se marchó de la platea. Al año siguiente, el festival de Aviñón lo programó y La Vanguardia publicó una doble página elogiando el espectáculo. Es la primera y única vez que he llamado a un crítico para reprocharle algo. Aquel episodio era síntoma del hecho de que Barcelona aún necesitaba la tutela de los hermanos mayores europeos para que alguien nos dijera que aquel era el camino de las vanguardias", reflexiona Albertí. También destaca las apuestas por creadores locales como Carlota Subirós y Roger Bernat en una época en que los recursos del festival eran más escasos, en comparación con la actualidad.

Calixto Bieito

Director de escena

Desde finales de los años 80, Calixto Bieito estableció un vínculo profundo con el Grec. En 1989 estrenó Els dos cavallers de Verona de Shakespeare, en 1990 llevó Els enamorats de Goldoni, en 1991 representó El somni d'una nit d'estiu también de Shakespeare, y en 1993 hizo Un dia de Rodoreda. "Recuerdo la colaboración con Elena Posa y Miquel Lumbierres para montar Rei Joan en una iglesia en 1995 y cómo adaptamos el espacio casi por completo nosotros mismos, con mucha pasión y alegría. Fue un proceso de ensayo febril pero divertido", explica Bieito. Con Un dia vivió la muerte de su primera agente y amiga, Àngels Vila, y también conoció a Roser Camí. "Son recuerdos llenos de vida y emoción, y aquellas noches largas en el anfiteatro, diseñando la iluminación hasta el amanecer, con la humedad y los mosquitos", destaca el director. Su vínculo con el Grec ha seguido intacto hasta hoy y, de hecho, en esta edición del festival Bieito presentará La verdadera historia de Ricardo III.

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Marcos Morau

Coreógrafo y director de La Veronal

El primer recuerdo del festival que me viene a la cabeza es el estreno de Voronia en 2015 en el anfiteatro del Grec. Éramos muy jóvenes e inaugurar el Grec fue una mezcla de sueño, responsabilidad y mucho miedo. Ese vértigo antes de salir a escena es un recuerdo que aún conservo muy vivo", explica Marcos Morau. Desde aquella función, La Veronal ha tejido un vínculo sólido y profundo con el festival barcelonés, donde ha llevado espectáculos como Firmamento (2023) y Sonomase hizo responsable de sacar adelante el festivalMorau también tiene recuerdos como espectador: "Son noches de verano en Barcelona, descubriendo artistas y compartiendo la sensación de que el arte forma parte de la vida de la ciudad de una manera muy especial". Si se tuviera que quedar con una vivencia vinculada al Grec, elige la representación de Sonoma con Maria Arnal. "Fue uno de los momentos más bellos de mi carrera. Incluso la lluvia, que podría haber sido un problema, acabó formando parte de una noche absolutamente mágica e inolvidable", destaca el artista.

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Gabriela Carrizo

Coreógrafa y cofundadora de Peeping Tom

Uno de los momentos más conmovedores de la historia del Grec fue durante la pandemia del coronavirus. Con las restricciones sanitarias, la edición de 2020 se encontraba en el alambre y no pudo desarrollarse con normalidad. Hasta mediados de julio, todos los actos culturales presenciales estaban suspendidos y la población tenía la movilidad limitada para intentar contener el virus. Pero el domingo 19 de julio de 2020, cuando debía estrenar Peeping Tom, 200 personas se manifestaron ante el Teatre Grec de Barcelona con el lema #culturaessegura, que se hizo viral en las redes sociales. El Ayuntamiento, insólitamente, se hizo responsable de sacar adelante el festival, a pesar de las restricciones que la Generalitat había impuesto el viernes, que prohibían los espectáculos culturales. Finalmente, el lunes la Generalitat dio luz verde al Festival Grec, al Cruïlla XXS y al de Pedralbes.

"Habíamos preparado el Díptico con un grupo nuevo, teníamos intérpretes bloqueados en Australia, ensayábamos por vídeo, y finalmente llegamos aquí. El Festival de Aviñón había parado, el Grec era de los pocos festivales europeos que continuaba, con separación entre los espectadores. Fue muy emocionante, porque en un momento se planteó: ¿sigue el festival o no? Estábamos esperando antes de la función. Y surgió el lema«La cultura es segura» en una manifestación", recuerda Gabriela Carrizo. Aquella función fue especialmente emocionante, hasta el punto de que pocos minutos después de empezar el espectáculo, el público aplaudió simplemente por el hecho de que se estuviera representando. "Todos los técnicos del Grec y los nuestros salieron a saludar —recuerda Carrizo—. Para nosotros el Grec ha sido importante, pero siento que hay todo un ecosistema que nos abrió los brazos y nos da apoyo, y eso es precioso. Venir a trabajar a Barcelona nos gustaba, el Grec en verano, con este clima, era como un sueño: nos enamoramos tanto de la ciudad que nos quedamos a vivir aquí", explica la artista.