Teatro

Blanca Portillo es una parricida en un país trastornado por culpa de Franco

El TNC lleva a escena 'La madre de Frankenstein' de Almudena Grandes

Barcelona"Interpretar a una persona que padece una enfermedad mental no es fácil. No sé cómo interpretar una paranoica y decidí conectar con la Aurora a través de sus convicciones tan profundas, aunque estén equivocadas", asegura. Blanca Portillo, que se pone en la piel de Aurora Rodríguez Carballeira (1879-1956) en La madre de Frankenstein, la obra inspirada en la novela deAlmudena Grandes (1960-2021) que puede verse en el TNC del 23 de noviembre al 30 de diciembre.

Aurora Rodríguez fue una mujer extremadamente inteligente y culta, una gran docente, muy valiente, económicamente independiente y comprometida políticamente con el Partido Socialista y la República. Tenía todas esas virtudes, pero también una enfermedad mental. Tuvo una hija, Hildegart (Madrid, 1914-1933), que convirtió en un proyecto: debía ser una criatura perfecta que salvara a la sociedad. Hildegart cumplió con todas las expectativas. Entró en la universidad con 13 años, era políglota y escribía sobre sexualidad en plena adolescencia. Pero se enamoró, escapó del control materno y su madre le disparó cuatro disparos. "La mató porque el proyecto no le había salido bien", dice Portillo. Este parricidio ha tendido a borrar todo lo que era Rodríguez: "La enfermedad mental hizo que todo lo demás cayera en el olvido, pero ¿qué ocurre con todo lo demás?", reivindica Portillo.

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La madre de Frankenstein, que viaja por el pasado, el presente e incluso el futuro, se centra sobre todo en los años 50, cuando Rodríguez estaba recluida en el manicomio para mujeres de Ciempozuelos. "La década de los 50 fue terrorífica, desesperanzadora. El mundo entero abandonó España y dejó que Franco hiciera lo que quisiera. Ahora ocurren cosas parecidas, pero de forma más sibilina y menos evidente. Da un poco de miedo y tendemos a agachar la cabeza. La obra de la Almudena nos invita a mirar y levantar la voz si es necesario", asegura Portillo. El manicomio en el que acabó muriendo Aurora Rodríguez es una gran metáfora de un país que era un gran "manicomio castrador". "Tenía toda la sociedad cerrada y todo el mundo tenía que tragárselo todo", añade la actriz.

El psiquiatra fascinado por Aurora Rodríguez

En La madre de Frankenstein, el actor Pablo Derqui interpreta a Germán Velázquez, el psiquiatra que se marchó de España durante la Guerra Civil y regresó en los años 50, en pleno franquismo. Velázquez conoció a Rodríguez cuando él tenía 13 años en la clínica de su padre y le dejó tan impactado que decidió estudiar psiquiatría. Ambos se reencuentran en Ciempozuelos. La suya es la mirada desde fuera y lo que ve le deja impactado. "Cuando vuelve no reconoce nada. Se encuentra una sociedad castrada, facturada, reprimida, con las mujeres sometidas y con una represión sexual que le deja alucinado", dice Derqui.

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La puesta en escena de la obra de Almudena Grandes no tiene grandes artefactos ni inventos. "Es una historia impactante y muy profunda y simplemente lo hemos llevado al teatro, hemos hecho un cambio de género", afirma Anna Maria Ricart Codina, que ha hecho su adaptación. Macarena Sanz es una de las actrices más jóvenes del elenco e interpreta a la hija del jardinero del manicomio, que aprende a leer y escribir gracias a Aurora Rodríguez. "Lo que explica la obra pone luz a muchas mentiras que nos han inculcado desde el franquismo, y que todavía están vigentes, sobre el matrimonio, el amor... Todo el trabajo de memoria es imprescindible. Ahora en la Comunidad de Madrid quieren aplicar terapias de conversión al colectivo LGTBI. Todo ello es terrible", lamenta Sanz.

La obra, dirigida por la directora del TNC, Carme Portaceli, es una coproducción con el Centro Dramático Nacional (CDN). El director del CDN, Alfredo Sanzol, valora cómo Almudena Grandes dignifica a los personajes: "No los juzga. La Almudena refleja una época extrema, horrible, oscura, y el público lo percibe. Había muchos instrumentos para ejercer la violencia y ahora también están, pero todo se hace de forma más sutil. No podemos bajar la guardia". Almudena Grandes refleja toda la negrura del franquismo, pero no todo es desesperanza. "Muestra un país encerrado, con la gente encerrada en sí misma, pero siempre hay vida alrededor, siempre hay esperanza", asegura Portaceli.

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