Sí, el Cirque du Soleil todavía puede sorprender
La compañía canadiense planta la gran carpa en Hospitalet con 'Kurios'
'Kurios. Gabinete de curiosidades'
- Cirque du Soleil
- Carpa en Hospitalet de Llobregat
- Hasta el 18 de octubre
Todos los espectáculos del Cirque du Soleil se parecen, pero hay algunos que tienen algo que los hace especiales. Kurios. Gabinete de curiosidades es uno de ellos. Un espectáculo imaginativo como un cuento sin argumento, poblado de personajes muy sorprendentes y curiosos, como el hombre acordeón, el hombre batiscafo, el hombre máquina, los insectos robots y el científico inventor con aires del Franz de Copenhague del TBO. Una fantasía con toques mágicos que invita a entrar en el laboratorio de este científico y descubrir que, como E.T., se puede volar con una bicicleta, incluso boca abajo (como hace la acróbata francesa Anne Weissbecker); que se puede ver un león invisible, o se puede corear al equilibrista inexistente Giuseppe para que salte del trapecio a la palangana de agua en el Circo Invisible del fantástico payaso argentino Facundo Gimenez, que en el segundo acto ofrece un número de mimo animal muy divertido.
El director de Kurios –un espectáculo estrenado hace doce años–, Michel Laprise, evoca el mundo de finales del siglo XIX e inventos como el gramófono, la máquina de escribir y la luz eléctrica, con una estética de cómic muy elaborada. Incluso se permite el atrevimiento de presentar un número de teatro de manos, como el que hacía Nico Baixas (que tenía el papel de hombre-acordeón en este espectáculo hace unos años), proyectando las imágenes en un gran globo de la época. O el juego visual del mundo invertido de un equilibrista que escala con sillas hacia el cielo (Nikolay Astashkin).
Laprise ha buscado la sorpresa por encima de la dificultad en cada escena. La logra en los números ya citados y en otros, como el impresionante contorsionismo de cuatro gimnastas, en las correas aéreas (el cubano Darián Cobas Vargas y el ruso Ilya Salmov) y en la soberbia cama elástica (espectacular vestuario), que estimula el deseo que todos tenemos de volar.
Como es habitual en el Cirque du Soleil, el envoltorio es excelente (escenografía, iluminación, atrezo, vestuario), pero la música, que camina entre la finura de los instrumentos de cuerda y la contundencia de la percusión, no siempre acompaña la poética de los números. Aunque no se entiende muy bien la inmersión en el mundo submarino del inicio del segundo acto, es muy seguro que el espectáculo gustará, sobre todo a los niños y niñas.